25 de septiembre de 2013

LOS MÁRTIRES DE LA ALPUJARRA Y LA REBELIÓN MORISCA


Las Capitulaciones firmadas entre los Reyes Católicos Isabel y Fernando y el Rey Boabdil establecían condiciones respetuosas para los musulmanes y sus tradiciones. Fray Hernando de Talavera, el primer Arzobispo de Granada, recibió el encargo de los Reyes Católicos de promover la conversión pacífica de los moriscos al Cristianismo. Ante sus escasos progresos se encarga al Cardenal Cisneros asumir la tarea de conversión. El empeño de Cisneros, que llegó incluso a la quema de Coranes y otros libros escritos en árabe en la Plaza de Bibarrambla, encontró la oposición morisca que llegó a una rebelión en 1.500 que fue sofocada el año siguiente por las fuerzas bajo el mando del Conde de Tendilla. La rebelión se interpretó como una deslealtad que liberaba a la monarquía de las obligaciones contraídas con Boabdil y en consecuencia la Pragmática de 14 de Febrero de 1.502 planteaba expulsión de todos los musulmanes del Reino de Granada que no se convirtieran al Cristianismo. Miles de musulmanes se bautizaron pero como señaló Luis del Mármol Carvajal en la obra que más adelante comento, aun cuando “con fingida humildad usaban de algunas buenas costumbres morales en sus tratos, comunicaciones y trajes, en lo interior aborrecían el yugo de la religión cristiana, y de secreto se doctrinaban y enseñaban unos a otros en los ritos y ceremonias de la secta de Mahoma” destacando que “si iban a oír misa los domingos y días de fiesta, era por cumplimiento y porque los curas y beneficiados no los penasen por ello. Jamás hallaban pecado mortal, ni decían verdad en las confesiones. Los viernes guardaban y se lavaban, y hacían la zalá en sus casas a puerta cerrada, y los domingos y dias de fiesta se encerraban a trabajar. Cuando habían baptizado algunas criaturas, las lavaban secretamente con agua caliente para quitarles la crisma y el oleo santo, y hacian sus ceremonias de retajarlas, y les ponían nombres de moros; las novias, que los curas les hacían llevar con vestidos de cristianas para recibir las bendiciones de la Iglesia, las desnudaban en yendo a sus casas y vistiéndolas como moras, hacían sus bodas a la morisca con instrumentos y manjares de moros”.

Para conocer la rebelión morisca de 1.568 a 1.571, que se denomina de La Alpujarra aunque en su apogeo se extendió por las zonas comprendidas entre la Serranía de Ronda y Murcia, contamos con la obra de tres autores que participaron en ella, todos cristianos aunque no todos cristianos viejos: Diego Hurtado de Mendoza, Ginés Pérez de Hyta y Luis del Mármol Carvajal.

El primero, Diego Hurtado de Mendoza, nacido en la Alhambra e hijo del famoso conde de Tendilla, había desempeñado cargos militares y diplomáticos, y contaba más de 60 años de edad cuando en 1.569 se le envía al Reino de Granada para asumir funciones que hoy denominaríamos de logística y planificación después de que su sobrino, el Marqués de Mondéjar, fuese reemplazado por don Juan de Austria. Su inconclusa obra “Guerra de Granada” no pudo ser publicada si no en Lisboa en 1.627 debido a su carga crítica contra el Gobierno. Diego Hurtado de Mendoza considera como las principales causas generadoras de la guerra la opresión ejercida sobre los moriscos y la corrupción y, conforme avanzaba la guerra, la codicia de las tropas gubernamentales. Para comprender su postura crítica no debemos olvidar que antes de partir hacia Granada había estado preso y que su familia, otrora todopoderosa en Granada desde la Reconquista, había perdido paulatinamente su poder y privilegios. Volviendo a la obra de Diego Hurtado de Mendoza, esta sigue el estilo de autores clásicos como Salustio o Tácito poniendo discursos en boca de los principales protagonistas y describe al rebelde Abén Umeya poseedor de condiciones cabellerescas apartándole de la intransigencia y crueldad de muchos de sus seguidores. El lirismo de la obra encuentra un punto destacable cuando el Duque de Arcos en Sierra Bermeja encuentra los despojos de las fuerzas que al mando de don Alonso de Aguilar fueron aniquiladas en la anterior rebelión morisca de 1.500, pudiendo ser una evocación de otra escena similar recogida por Tácito en sus Anales en la que cuenta la sepultura que las tropas de Germánico dieron a los muertos de las legiones al mando de Varo masacradas en el bosque de Teoteburgo en el año 9 antes de Cristo por las fuerzas de Arminius.

El segundo de los autores citados, Ginés Pérez de Hyta, en un principio llamado de la Chica, fue un maestro zapatero, poeta y empresario teatral nacido en algún lugar de Murcia que al estallar la guerra se alistó como voluntario en las milicias de la ciudad de Loca que se integraron bajo el mando de don Luis Fajardo, Marqués de los Vélez. Hyta escribió sus “Guerras Civiles de Granada” como una continuación de su anterior “Historia de los bandos de los Zegríes y Abencerrajes”, relato este último que ambientado en la Granada nazarí bebía de la tradición de la novela caballeresca y obtuvo un inmediato éxito en España y en Europa. Las “Guerras Civiles” o “Guerras Civiles de Granada”, unidas en una misma obra a su anterior novela, reciben el largo título de “Las Guerras civiles de Granada”, cuyo título completo es “Historia de las bandas de los zegríes, caballeros moros de Granada, y de las guerras que hubo en ella” y mezclan de forma novelada literatura y poesía incluyendo numerosos romances populares, bebiendo indirectamente de Diego Hurtado de Mendoza a través del poema épico “La Austriada”, versificación de la obra de este último debida a Juan Rufo. El mismo título de la obra, “Guerras Civiles” de manera abreviada, refleja que para Hyta, el autor más favorable a los moriscos, la revuelta fue una lucha entre compatriotas. No debe escaparse que es innegable que Hyta convivió con moriscos en tierras de Murcia y que probablemente no fuese cristiano viejo y quizás sí un morisco asimilado o descendiente de tales.

El tercer autor citado pero sobre el que vamos a volver más a menudo en este trabajo es Luis del Mármol Carvajal, hijo ilegítimo nacido en Granada alrededor de 1.524 de la relación existente entre un funcionario judeoconverso que trabajaba en la Real Chancillería y una mujer que quizás fuera morisca. Luis del Mármol Carvajal escribió la “Historia del rebelión y castigo los moriscos”. Este autor, de vida intensa y aventurera, fue militar y tras una incursión en África sufrió cautiverio en tierras del actual Marruecos durante 8 años. Una vez liberado recorrió África desde Marruecos a Egipto llegando por el sur hasta Mauritania, plasmando la experiencia de esos viajes en su obra “Descripción General de África (1573 y 1599)”. Participó junto a las fuerzas gubernamentales en la rebelión de La Alpujarra como interventor y abastecedor, señalándose que acusado de malversación al terminar la campaña fue posteriormente absuelto. La suya es una obra imprescindible para el estudio de la historia del Reino de Granada desde la Edad Media hasta la rebelión siendo destacable que casi la tercera parte de su extensión se dedica a estudiar las causas de la sublevación. El rigor de la obra destaca por la inclusión de documentos tales como las capitulaciones para la entrega de Granada, el memorial de Núñez Muley defendiendo la identidad morisca y cartas incautadas a los rebeldes. Sin lugar a dudas es de los tres autores el que trata con más rigor y extensión el conflicto, y aunque no es tan crítico como los otros dos respecto a las acciones del Gobierno, sí denuncia los atropellos cometidos por las fuerzas gubernamentales.

Las simpatías de gran parte de la población morisca hacia sus correligionarios del norte de África, las actuaciones de monfíes o bandoleros musulmanes, las acciones piráticas de turcos y berberiscos a menudo apoyadas por los moriscos, la amenazadora expansión turca sólo parcialmente frenada tiempo después en la batalla naval de Lepanto en 1.571 y las tensiones que separaban a cristianos de musulmanes eran fuente permanente de preocupación y alarma creciente para la Corona y la población cristiana. Con este ambiente como telón de fondo se celebra en Granada en 1.565 un sínodo en el que se acuerda adoptar medidas que estimulen la asimilación de los moriscos al resto de la población católica.

Como reflejo de la tensión puede señalarse que en 1.566 piratas berberiscos guiados por dos moriscos desembarcan en Cabo de Gata saqueando las localidades de Tabernas y Lucainena. La expedición pirática concluye tomando los asaltantes como cautivos a los cristianos viejos de Tabernas mientras que los moriscos de Tabernas, en acuerdo con los asaltantes, embarcan voluntariamente con ellos. Este ataque de 1.566 no fue un hecho aislado. Entre otras acciones puede citarse la del 7 de Agosto de 1.549 en que 150 piratas saquean la localidad de Albuñol y raptan 34 cristianos viejos con la colaboración de los pobladores moriscos de la localidad, siendo 5 de ellos procesados por la Capitanía General. Estas incursiones de piratas turcos y berberiscos se extendían por el sur y levante de España y se habían hecho cada vez más frecuentes desde que los turcos habían arrebatado a los españoles las posesiones norteafricanas de Trípoli, Bujía y el Peñón de Vélez de la Gomera en la década de 1.550. Para comprometer más aun la posición española, se produjo el naufragio de la flota de galeras en las costas de la actual localidad La Herradura, dentro del término municipal de Almuñécar, Granada, en 1.562 a causa de un temporal. El problema turco berberisco había hecho que 1.563 la Capitanía General del Reino de Granada prohibiera a los “gazís” o moricos habitar en las costas obligándoseles a alejarse más de 12 leguas tierra adentro, disposición que no parece haberse cumplido.

Ha de considerase que tras la Reconquista la capacidad militar en el Reino de Granada era manifiestamente insuficiente al existir amplios espacios vacíos de población leal al gobierno en el litoral y en el interior consecuencia tanto del éxodo demográfico musulmán a tierras Berbería como de la desconfianza provocada por los moriscos que habitaban esas tierras. En consecuencia, la Corona facilitó la repoblación del territorio con cristianos viejos procedentes de otros Reinos hispánicos por medio de concesión de tierras, bienes inmuebles y y exenciones fiscales. Aun con el evidente malestar morisco esta política repobladora favoreció que hacia 1.500 quizás pudieran habitar el Reino de Granada unos 40.000 repobladores cristianos y leales a la Corona.

La desconfianza y las medidas restrictivas sobre los moriscos se hacen cada vez más pesadas llegándose a prohibir sus prácticas tradicionales por medio de una Pragmática en 1.567. Pero el desencadenante más inmediato de la rebelión ha sido señalado en 1.568 cuando comienza a introducirse en el Reino de Granada seda procedente de Murcia a precios más bajos, siendo esta una industria que atendía fundamentalmente la población morisca y causándole problemas de subsistencia. Esta introducción de seda murciana tiene mucho que ver con una serie de medidas fiscales que perjudican notablemente a los moriscos. Debe considerase entre otros hechos, que desde 1.559 y hasta 1.568 se procedió a investigar la propiedad de bienes raíces en manos moriscas en todo el Reino de Granada, exigiéndoseles la presentación de sus títulos de propiedad de época nazarí con negativas consecuencias para muchos que no pudieron aportarlas.

Las acciones de los monfíes, o bandoleros musulmanes, siempre en aumento, así como las incursiones de piratas berberiscos que he comentado unas líneas antes, creaban ansiedad y temor entre los cristianos al tiempo que se propagaban rumores respecto de una inminente rebelión en la que los moriscos se apoderarían de Granada. Esta rebelión, que parecía estar fechada para el 15 de Abril de 1.568, Jueves Santo, fue retrasada debido a que las fuerzas leales a la Corona recibieron información de los planes. La noche del 16 de Abril, el día siguiente al de la fallida conjura, una falsa alarma tocada desde de La Alhambra provocó un incidente en el cual los cristianos, creyendo al oir los cañonazos disparados desde La Alhambra haberse producido un alzamiento rebelde, estuvieron a punto de asaltar el barrio morisco del Albaicín, cosa que impidieron las fuerzas acantonadas en la ciudad. En el Verano el Marqués de Mondéjar mandó al Rey Felipe II dos cartas de moriscos dirigidas al Rey de Fez que habían sido interceptadas. El Marqués, cercano a los moriscos por los intereses de corte cuasi feudal que mantenía su familia en Granada desde la Reconquista, muestra siempre su oposición a la intención de expulsar a los moriscos a otros Reinos de España temiendo que ello pudiera ocasionar una rebelión. Como refiere Hurtado de Mendoza el temor a la rebelión, que había sido pospuesta para Navidad pero no evitada, no era compartido por el círculo gubernativo cercano al monarca. Los hechos dieron la razón a los rumores que circulaban por Granada y el 24 de Diciembre de 1.568 los moriscos se levantaron en armas eligiendo Rey a Hernando de Córdoba y Válor, el cual adoptó el nombre árabe de Aben Humeya, siendo primera seña de aquella revuelta, que pronto devino en virulenta guerra, la crueldad con que se trató en los primeros momentos a los cristianos viejos que cayeron en manos rebeldes y que a causa de sus sufrimientos han sido conocidos como los "Mártires de la rebelión" o "Mártires de la Alpujarra". Aquellos cristianos viejos masacrados de manera espontánea y popularmente aceptada por los moriscos en los momentos iniciales de su rebelión lo fueron dentro de un contexto de crueldad generalizada e innecesaria que hoy denominaríamos limpieza étnica. La magnitud de las matanzas de los rebeldes unida a la dureza de la guerra contagió a las fuerzas gubernamentales haciendo de aquella una crudelísima guerra en la que las fuerzas cristianas procedieron también a la realización de matanzas y actos deplorables. Estas fuerzas, articuladas en ejércitos reales y milicias populares, estuvieron primero bajo las órdenes de los Marqueses de Mondejar y el de los Vélez para pasar, desde Abril de 1.569, a estar bajo las del hermanastro real don Juan de Austria, aquel que en 1.571 derrotará a la poderosísima y más numerosa flota turca en Lepanto conjurando así el peligro de colapso de las monarquías cristianas ante la agresividad turca. Junto a los ejércitos reales las ciudades organizaron milicias que actuaron en operaciones militares de menor envergadura o expediciones que se vinieron en llamar "cabalgadas". Los moriscos, en espera de la ayuda procedente de sus correligionarios norteafricanos, ayuda que no llegó a ser significativa debido a la intervención de la flota española, huyeron en lo posible de los grandes enfrentamientos en terreno abierto buscando una táctica de hostigamiento que hizo amplio uso de emboscadas y golpes de mano.

Tratando más pormenorizadamente lo relativo a los momentos iniciales de la rebelión, Diego Hurtado de Mendoza dice que los moriscos acordaron que comenzara “la noche de Navidad, que la gente de todos los pueblos está en las iglesias, solas las casas, y las personas ocupadas en oraciones y sacrificios; cuando descuidados, desarmados, torpes con el frio, suspensos con la devoción, fácilmente podían ser oprimidos de gente atenta, armada, suelta y acostumbrada a saltos semejantes". Luis del Mármol Carvajal comenta el rumor extendido por los moriscos de que los turcos llegarían en Nochebuena para favorecer la rebelión del Albaicín. Para apoyar el rumor, unos 8.000 rebeldes avanzarían sobre Granada llevando tocados turcos para provocar entre los moriscos de la ciudad la creencia del esperado desembarco y así estimularles a la insurrección. El mismo autor refiere que ya el Jueves 23 de Diciembre se produjeron varios incidentes armados en distintos puntos de La Alpujarra por iniciativa de monfíes. La mañana del Sábado 25 dos moriscos que llegaron de Órgiva informaron al Marqués de Mondéjar del comienzo de la rebelión en La Alpujarra y este creyó que actuaban juntos moriscos y turcos. La noche del 25 al 26, no pudiendo llegar ante la ciudad de Granada debido a las nieves los miles de moriscos esperados desde La Alpujarra, entró en el Albaicín Farax Aben Farax junto con unos 150 monfíes e "hizo que todos los compañeros dejasen los sombreros y monteras que llevaban, y se pusiesen bonetes colorados a la turques, y sus toquillas blancas encima, para que parecieses turcos". Desfilaron con sus banderas por las calles vacías del Albaicín, pusieron en fuga una patrulla y proclamaron la rebelión diciendo: “No hay más que Dios y Mahoma, su mensajero. Todos los moros que quisieren vengar las injurias que los cristianos han hecho a sus personas y ley, véngase a juntar con estas banderas, porque el rey de Argel y el Jerife, a quien Dios ensalce, nos favorecen, y nos han enviado toda esta gente y la que nos está aguardando allí arriba. Ea, ea, venid, venid; que ya es llegada nuestra hora, y toda la tierra de los moros está levantada". La patrulla que se había encontrado con la fuerza atacante avisó a Mondéjar pero este se negó a enviar sus fuerzas al Albaicín y dar la alarma. Luis del Mármol Carvajal, a quien estoy siguiendo en su relato salvo que cite a otro autor, refiere que el Marqués alegó no tener suficientes fuerzas y Diego Hurtado de Mendoza alega que los moriscos de la Vega esperaban oir las señales de alarma para comenzar el combate. Debe considerarse que la fuerza gubernamental podía, desde la fortaleza de La Alhambra, rechazar cualquier asalto, pero que corría el riesgo de ser superada combatiendo en el caso urbano a una presumible gran masa de rebeldes. Como Farax no consiguió convencer a los moriscos de la ciudad para unirse a la rebelión huyó antes del amanecer y por la mañana los castellanos viejos se dirigieron al Albaicín con la presumible intención de vengarse de los moriscos, cosa que las fuerzas al mando del Marqués de Mondejar impidieron. Los monfíes de Farax, huyendo de Granada, iniciaron la rebelión del valle de Lecrín afirmando que los sublevados habían tomado la ciudad Granada.

Recuperando las palabras del cronista Luis de Mármol Carvajal, en su “Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada” encontramos una sobrecogedora descripción de las matanzas que a manos de los sublevados tuvieron lugar en los primeros momentos de la rebelión y que a continuación cito:

“Jubiles es el lugar principal desta taa, donde se ven las ruinas de un castillo antiguo, en un sitio asaz grande y fuerte, en el cual dicen los moriscos antiguos que habia en tiempo de moros un alcaide y gente de guerra para tener sujetos los lugares de aquel partido, que eran los mas inquietos de la Alpujarra, bárbaros y bestiales sobremanera. Levantáronse los moriscos deste lugar y de los otros desta taa el viérnes víspera de Navidad, cuando los monfís hubieron muerto los cristianos que fueron a alojarse á Cadiar con el capitan Herrera, y lo primero que hicieron fué robar la iglesia y destruir cuanto habia en ella. Luego corrieron a las casas de loscristianos que moraban en el lugar, y no con menor cudicia que ira las saquearon, y prendiéndolos, los metieron en la iglesia con gente de guardia, y allí los tuvieron algunos días, predicándoles su seta y amonestándoles que se volviesen moros, hasta tanto que volvió Farax, y mandó que los matasen a todos; y por su órden los mataron el juéves 30 dias del mes de diciembre. (…) Lleváronlos desnudos en cueros, las manos atadas atrás, á una haza que estaba cerca de la iglesia , y allí los acabaron á cuchilladas (…) Y teniendo ya en aquel lugar para hacer lo mesmo de otros cristianos de los que tenian presos, acertó á pasar por allí don Hernando el Zaguer, que andaba requiriendo aquellos pueblos, y se los quitó y los entregó á un morisco del lugar, para que tuviese cargo de guardarlos hasta que se los pidiese. Estas crueldades que Aben Farax hacia, no aplacían nada al Zaguer; antes le aborrecía por ello á él y á los que con él andaban; mas no osaba contradecírselo, porque temía que los moros rebelados se lo ternían á mal, y dirían que favorecía a los cristianos, ó que se apiadaba delIos; y por el mesmo caso, haciéndose á la parte de Aben Farax, le alzarían por su gobernador, por ser hombre enemigo y perseguidor del nombre cristiano”.

“Los del lugar de Alcútar se alzaron el mesmo día que los de Jubíles, robaron la iglesia, hicieron pedazos los retablos y imágenes, destruyeron todas las cosas sagradas, y no dejaron maldad ni sacrilegio que no cometieron en compañía de los monfís y de Esteban Partal, su capitán”. Después de prender a muchos cristianos “llevándolos después á matar al lugar de Cuxurio con otros captivos, (…) mostraban gran sentimiento de pesar por no haber prendido al vicario Diego de Montoya, porque quisieran tomar muy de espacio venganza en el”.

“Tambíen se alzaron los del lugar de Narila el viernes en la noche, los cuales destruyeron y robaron la iglesia y las casas de los cristianos, y prendiéndolos á todos (…) los llevaron maniatados al lugar de Alcútar; y habiéndolos tenido allí predicándoles su seta y persuadiéndos que se tornasen moros, y amenazándoles que si no se hacian les darian cruelísimas muertes, cuando vieron que les aprovechaban poco sus persuasiones y amenazas” los mataron.

“El lugar de Cuxurio de Bérchul se alzó cuando los otros desta taa, y los rebeldes dichos con cruelísima rabia entraron lo primero en la iglesia, y haciendo pedazos los retablos y las imágenes y la pila del santo baptismo, quebraron el arca del Santísimo Sacramento, y no hallando la sagrada hostia de la Eucaristía, que la habia consumido el beneficiado Pedro Crespo, arrojaron con menosprecio y desden todas las cosas sagradas por el suelo. Luego fueron á saquear las casas de los cristianos, y prendieron al beneficiado, que se habia escondido en casa de un morisco su amigo, y le mataron cruelísiamente. A este lugar llevaron los cristianos que habían captivado en el lugar de Alcútar y Narila, y los mataron á todos delante de la iglesia. Al beneficiado Juan de Montoya, que habia sido preso en Alcútar, sacó uno de aquellos herejes el ojo derecho con un puñal, y luego les tiraron á todos al terrero con las ballestas y con los arcabuces, estando presentes á ello Esteban Partal y Lope el Seniz y otros capitanes de monfís”.

“Los de Mecina de Bombaron se alzaron tambíen el viérnes en la noche, saquearon luego la iglesia, quebraron los retablos, despedazaron las venerables imágines, deshicieron los altares , y finalmente destruyeron y robaron todas las cosas sagradas; y hallando á los cristianos descuidados, los prendieron á todos y les saquearon las casas. En este lugar arbolaron los rebeldes una bandera de tafetan carmesí bordada de hilo de oro, y en medio un castillo con tres torres de plata, que la tenían guardada de tiempo de moros, y el que la tenía se llamaba Andrés Hami, vecino del mesmo lugar. Prendieron al beneficiado Francisco de Cervilla en su casa, y atándole las manos atrás, le dieron muchos bofetones y palos, y le llevaron de aposento en aposento, hasta que les entregó el dinero y la ropa que tenía; y después sacándole fuera, se adelantó un moro que solía ser grande amigo suyo, y haciéndose encontradizo con él en el umbral de la puerta, le atravesó una espada por el cuerpo diciéndole : "Toma, amigo; que mas vale que te mate yo que otro;" y allí le acabaron de matar los sacrílegos á pedradas y cuchilladas. Y no contentos con esto, tomó uno de los que allí estaban un palo, y le quebrantó todo el cuerpo á palos desde los piés hasta la cabeza; y otro dia de mañana le sacaron arrastrando fuera del lugar, y le echaron en un barranco. No mucho después mataron todos los cristianos que tenian captivos, y entre ellos al beneficiado Juan Gomez el viejo y al cura Juan Palomo, haciendo en ellos mil géneros de vituperios y crueldades. Fué cruel perseguidor de cristianos en este lugar Miguel Daloy, alguacil dél”.

“El lugar de Válor está en dos barrios; el alto y el bajo; entrambos se alzaron el viérnes en la noche. Los cristianos clérigos y legos que allí moraban se recogieron, en sintiendo el alboroto, a la torre de la iglesia del barrio bajo, donde estuvieron con harto cuidado aquella noche. Los moros saquearon y robaron la iglesia del barrio alto y las casas de los cristianos; y otro día de mañana los cercaron en la torre, y asegurándoles Bernardino Abenzaba que no les harían níngun mal, los captivaron a todos; y desque hubieron destruído y robado tambien aquella iglesia, los llevaron maniatados a unas casas, y allí les predicaron algunos días la seta de Mahoma; y viendo que aprovechaba poco su predicacion, porque todos decían que eran cristianos y que habían de morir por Jesucristo, sacaron los herejes a los hombres desnudos y maniatados fuera del lugar, y poniéndolos á terrero, les tiraron con arcabuces y ballestas”.

“El mesmo día y en la mesma hora que se alzó Válor, se alzaron los lugares de Yégen y Yátor, en los cuales no fueron menores las crueldades que usaron los enemigos de Dios. Destruyeron y robaron las iglesias y las casas de los cristianos, captiváronlos a todos, y haciéndoles muchos malos tratamientos, vinieron después a darles cruelísima muerte;” En “Ujíjar”, localidad que posteriormente se convertirá en símbolo del sufrimiento soportado por los “Martires de la Alpujarra”, se causó la muerte de “otros muchos cristianos que allí había”.

Ciertamente hubo también otros comportamientos entre los rebeldes. Luis del Mármol Carvajal refiere que los moriscos de Turón escoltaron a los cristianos de su población hasta Adra para salvarlos de los monfíes. Siguiendo la narración del escritor Pedro Antonio de Alarcón (1.833- 1.891) "cuando estalló la rebelión de los Moriscos, había en Ugíjar una Alcaldía Mayor con jurisdicción en toda la tierra alpujarreña. Era entonces Alcalde el licenciado León y Abad mayor el Maestro D. Diego Pérez. Fueron monfies capitaneados aquella vez por Aben-Aboo, que tenía agravios que vengar de las autoridades civil y eclesiástica. Aben-Humeya que lo supo, y como gran amigo del abad y de otros cristianos de Ugíjar, viendo el peligro en que se hallaban montó a caballo en Válor y corrió aceleradamente a su defensa... Pero cuando llegó todo era tarde, El Abad, seis Canónigos, el Alcalde Mayor y doscientos treinta y dos cristianos más habían muerto degollados... Aben - Humeya lloraba piadosamente”.

No obstante las excepciones, que seguramente fueron a menudo y en gran parte interesadas previendo la reacción contraria ante la generalidad y brutalidad de los crímenes, es evidente que se desató un deseo generalmente aceptado por la comunicad rebelada y llevada a cabo por monfíes y gandules, o jóvenes moriscos, de exterminar la población cristiana. La magnitud de la acción queda recogida en las siguientes palabras del Licenciado Francisco Zapata Pimentel (siglo XVII), Beneficiado y Vicario de la taha de Jubiles, de las Actas de Ujíjar, citadas por el padre Francisco Hitos en su libro de 1.934 "Mártires de La Alpujarra": “Por ser notorio en esta tierra y que lo dicen todos, que los dichos santos mártires, que hubo entre más de tres mil cristianos que entonces había entre los moriscos de esta tierra, en esta tribulación todos a una voz profesaron y defendieron la fe católica con sus vidas y constancia en ella y no variaron con las promesas ni las amenazas, ni en la ejecución de ella, porque ninguno se vio con muestra ni de flaqueza de ánimo; antes todos se animaban unos a otros con aquel espíritu y fervor de la primitiva Iglesia; hasta los niños, los ignorantes y los pastores”.

Tras la rebelión, “En la villa de Ujíjar de la Alpuxarra en quince días del mes de septiembre de 1606 (...). En este cabildo se trató como en esta villa se tiene devoción con una Ymagen de Nuestra Señora del Martirio que está en la Iglesia mayor de ella la qual estando en esta Santa Iglesia antes del rebelión de este reyno en el, los moros la quitaron del sitio, y lugar donde estava, y con una soga de esparto a la garganta la trajeron arrastrando por las calles, y la echaron en el fuego para quemarla (...). Los moros prosiguiendo en su mal intento la echaron en un pozo donde estuvo quinze, o diez y seis años hasta que en efecto del dicho pozo se sacó sin estar corrupta ni maltratada la madera de la Bendita Ymagen la qual esta villa ha tenido, y tiene por Patrona, y Abogada, y por de mas desta a hecho otros milagros para continuación de la mucha debozion que esta villa y sus vecinos tienen y deseo de benerarla, y pareciendo que aviendola colocado, y puestola en el Altar mayor desta Santa Yglesia y échole todos los años una fiesta con la mayor solemnidad que a sido posible. Por que tan loable costumbre, y cosa tan acepta a los ojos de Dios Nuestro Señor que se honre, y sirva a su Bendita Madre no se pierda. Acordaron por si, y en nombre de toda esta villa a los del Concejo que la dicha fiesta se vote para que se cumpla (...) y prometieron a Dios Nuestro Señor y a su Bendita Madre que en cada año para agora, é para siempre jamás (...) se ha de hazer la fiesta de Nuestra Señora el primer lunes de octubre de cada año sin que se difiera ni deje pasar por ninguna causa”. La leyenda añade que cuando se limpiaba el pozo, este se iluminó y se oyó decir “Martirio es mi nombre”.

Gonzalo Antonio Gil del Águila

Granada, 15 y 16 de Diciembre de 2.007

No hay comentarios:

Publicar un comentario