8 de agosto de 2013

¿Ciudades posibles?

*Ana Jiménez Talavera //

Las ciudades constituyen, potencialmente, un contexto esencial para la socialización y la resolución colectiva y plural de la satisfacción de las necesidades básicas humanas. Aglutinan a personas de diferentes procedencias, edades, sensibilidades, maneras de comprender el mundo. Esto debería permitir el desarrollo de respuestas que atendieran al máximo espectro de la sociedad, y que integraran un mayor número de criterios a la hora de tomar decisiones respecto a su gestión, tanto humana como en su relación con los recursos de los que se abastece.

Otra característica inherente a la ciudad es su condición de sumidero de materia y energía, y emisor masivo de residuos. Todo lo que conforma, y/o llega a la ciudad es naturaleza transformada mediante el sistema de extracción-transformación-distribución-consumo-emisión de residuos. Estos recursos materiales y energéticos proceden de otros territorios (cercanos y lejanos) con las implicaciones que supone tanto en el expolio y degradación de los recursos como en las repercusiones sobre los grupos sociales (y otras comunidades de seres vivos) asociados a ellos.


La manera en que se organicen los procesos por los que se satisfacen las necesidades básicas humanas (qué nos ofrece la ciudad para alimentarnos, desplazarnos, relacionarnos, etc) va a condicionar estas entradas y salidas.

De manera que para optimizar el funcionamiento de los núcleos urbanos se debería por un lado posibilitar la interacción entre los diferentes grupos sociales, y por otro lado establecer procesos que faciliten la satisfacción real de las necesidades básicas humanas minimizando las entradas y salidas derivadas del metabolismo urbano



De generaciones urbanas. (Foto Payoner)
El modelo urbano dominante, nos muestra que la premisa anterior, no sólo no se cumple, sino que camina en dirección opuesta. El motivo, a mi entender, es que las ciudades dejaron de tener a las personas como brújula que orientara su planificación, y comenzaron a planificarse para el desarrollo del sistema socioeconómico dominante, el capitalismo. La lógica capitalista busca como principales objetivos el crecimiento económico, y la acumulación de capital en manos de unos pocos, desprogramando a la sociedad en la gestión colectiva de cualquier toma de decisiones. Esto sin tener en cuenta el bienestar de todas las personas que compartimos planeta, y sin tener en cuenta que habitamos un mundo con recursos naturales finitos.

Alcanza con examinar algunos de los procesos que se han dado en las últimas décadas combinando el análisis de estructura urbana y su finalidad:


¿Cómo ha crecido la ciudad?

La ciudad ha crecido separando los espacios por funciones y por grupos sociales. Han aparecido los lugares para dormir, para trabajar, consumir, los lugares para la infancia, los lugares para las personas mayores,.. . Este hecho es doblemente perverso. Por un lado inhibe la posibilidad de que coexistan diferentes grupos sociales, evitando así la posibilidad de construcción conjunta y diversa de propuestas. Y por otro crea una dependencia extrema de los vehículos motorizados, consumidores de petróleo, y emisores de gases de efecto invernadero, para los desplazamientos entre los diferentes espacios.


¿La ciudad como espacio socializador?

Paulatinamente nos han expulsado de las calles. Éstas se han convertido en los pasillos por los que los vehículos se desplazan de unos lugares a otros.

Los edificios se han convertido en auténticos bunkers custodios de una mal entendida intimidad. El concepto de vecindario que hace escasas décadas satisfacía la necesidad de seguridad, ha sido sustituido por el de habitantes de edificios, que saben más de la vida de la Duquesa de Alba, que de lo que le sucede a la persona con la que comparten pared. A esto añadir la aparición de cámaras de video vigilancia, sistemas de seguridad privada, o las eufemísticamente llamadas fuerzas del orden.


Otros espacios socializadores no se comprenden hoy en día sin el binomio ocio-consumo. En plazas y parques, vemos bancos sustituidos por veladores. Los centros comerciales son los templos del consumismo, las catedrales de la ciudad moderna.



De presiones urbanas. (Foto Payoner)
¿La ciudad monetarizada?
 
Nacer, morir, relacionarte con el resto de las personas, alimentarte, vestirte o tener un techo donde cobijarte, son todas acciones fundamentales en nuestra existencia, y que desgraciadamente en el entorno urbano dependen in extremis de los intercambios monetarios encaminados a la acumulación de capital en mano de esos pocos.


¿Espacios de libertad?

 
Aunque tímidamente y lejos de suponer la solución a la insostenibilidad de la ciudad como modelo, comienzan a aparecer en este mismo contexto espacios de libertad que al menos permiten vislumbrar otras maneras de vivir y hacer ciudad, recuperando la posibilidad de socialización y reduciendo el impacto del metabolismo urbano. Grupos de consumidor*s-productor*s, bancos de tiempo o de transporte, monedas sociales, okupaciones, ocupaciones, trueques, etc… iniciativas que también están re-surgiendo en la ciudad y que permiten al menos vislumbrar que una ciudad mas humana si es posible.



* Ana Jiménez Forma parte de Ecotono S. Coop. And. desde sus inicios en el año 2.001, organización cuya principal inquietud es la búsqueda de herramientas o propuestas didácticas que nos ayuden, de alguna manera, a buscar la vida buena para todas las personas que compartimos planeta. Licenciada en Biología, completó su formación con especialistas, masteres, y doctorados relacionados con la educación ambiental.


Ecotono S. Coop. And.
Educación para la sostenibilidad.

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