6 de abril de 2013

Nuevos caminos para una Economía Humana

Hernán Narbona Véliz (@hnarbona) · Colaboración para NOTON*** 

Al inicio de los 70 se aplicaron las recomendaciones del Club de Roma sobre los límites del crecimiento. Las multinacionales europeas encabezaron la ostpolitik, rompieron la cortina de hierro y establecieron corrientes de comercio con Unión Soviética y Europa del Este. Esto marcó el inicio del poder corporativo supranacional. La tendencia fue creciente y el Estado fue perdiendo su soberanía tradicional a medida que las potencias aplicaban la extraterritorialidad a sus leyes para proteger sus inversiones en ultramar.

El nuevo orden mundial de instauró mediante la creación de la OMC en 1984. Hoy el poder corporativo es superlativo, pero sorprendentemente, pese a la debilidad a que han llevado a los Estados, ha aparecido, como contrapeso del poder corporativo de las multinacionales, la movilización social planetaria de las redes sociales. Son multitudes de personas que, como común denominador, se han alejado de la política y del dogmatismo que ha aplicado el neoliberalismo. Son nuevas generaciones que sin renegar del capitalismo reclaman reformas sustantivas del sistema, las cuales apuntan a lograr mayor transparencia, poner límites a la concentración de la riqueza, descentralizar los procesos políticos y cortar la dictadura del sistema financiero sobre los Estados.

Las multinacionales, organizaciones no gubernamentales con fines de negocios, han logrado articular un orden mundial que está por encima de Estado Nación y de los procesos de integración que los Estados han construido para participar mejor de la globalización. Estos conglomerados corporativos influyen en el sistema global para reducir las capacidades fiscalizadoras de los Estados.

Paralelamente, los Mercados de Capitales conforman un suprasistema que organiza los flujos de capitales a través de las Bolsas, las cuales tienen una dinámica propia en la que participan la banca, los fondos de pensiones, fondos mutuos, fondos de capital de riesgo, corredores, especuladores, inversionistas, los propios Estados colocando o adquiriendo bonos soberanos.

Las transacciones que se dan en las Bolsas son incontrolables para el sistema público intergubernamental y allí, en la cúspide de las catedrales del dinero, un puñado de operadores sella los destinos de la economía real y de la vida de la gente de carne y hueso. Además, en las transacciones electrónicas mundiales nadie cuestiona el origen del dinero y en ese juego se mezclan los intereses que provienen de fuentes oscuras, producto de ilícitos de distinto tipo. La Unión Europea, todo un paradigma como proceso de integración, ha quedado jaqueada por la globalización. El déficit fiscal de Grecia, España, Italia, Holanda, Bélgica han hecho caer el valor de la deuda europea en los mercados. El euro reflejando la situación de la economía se devalúa. Las medidas restrictivas y el incumplimiento de los convenios pactados con los funcionarios del Estado han llevado a la pobreza a millones de pensionados. El Estado de Bienestar ha terminado.

¿Pero, es el capitalismo neoliberal la única opción?
Es el momento de rescatar como alternativa una economía a escala humana, respetuosa del medio ambiente, que fomente la asociatividad para generar desarrollo productivo local; democratizar el crédito, canalizar los fondos de pensiones hacia los sectores medios, a incubadoras de empresas controladas por las propias cámaras sectoriales, con miles de empresas integradas en consorcios que puedan generar una oferta de bienes y servicios de carácter nacional o regional, generando una economía autosustentable.

Se trata de incentivar un nuevo estilo cultural de relaciones económicas en donde los consumidores y los proveedores puedan conformar clubes cooperados para lograr un comercio libre de bienes y servicios, que rompa la colusión oligopólica que han construido los gigantes del retail mundial para abusar de la ciudadanía.

El comercio justo, los sistemas de comercio compensado, el cooperativismo y el empoderamiento de los consumidores son elementos de un nuevo escenario de recuperación sana de la economía. Incentivar el retorno de las fábricas desde Asia al territorio de Europa significaría dotar a los espacios locales de economías domésticas de auto sustentación, con grupos asociativos que construyan Joint Ventures de operadores pequeños y medianos, con un gran movimiento de conciencia que prefiera lo propio y lo limpio, castigando activamente en los mercados a las empresas contaminantes, a la piratería, el dumping ambiental, a las empresas que aplican el trabajo esclavo o manejan dineros del lavado de dinero del crimen organizado mundial.

Nuevos caminos para terminar las frías e impersonales redes de la codicia, para derrumbar las actuales catedrales globalizadas del dinero y echar las bases para una sana y equitativa distribución de la riqueza en el mundo.

***Hernán Narbona Véliz es periodista, poeta y escritor. Autor de 'Crónicas de Dos Siglos' y editor del blog 'Periodismo Independiente' · Este texto fue publicado en la Revista Noton número 7 (Otoño 2012).

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