5 de febrero de 2013

Con la comida no se juega

Artista plástica
Texto publicado en el nº 7 de la edición impresa de NOTON


Cuando nuestras madres de pequeños nos decían, “acábate el plato que hay muchos niños que pasan hambre”, no sabíamos cómo indirectamente la cantidad de comida que acaba en la basura afectaba a nuestros coetáneos del otro lado del planeta. Y es que en España se produce un 58% más de lo que se necesita, eso quiere decir que la mayoría de ese excedente acaba en la basura. Para ser más concretos el 10% de los alimentos adquiridos son desechados: unos 2,9 millones de toneladas que darían de comer a la mitad de la población de Somalia durante un año... pero tampoco tenemos que irnos tan lejos, porque la crisis económica ha dejado en España 2 millones de paisanos que pasan hambre, según el último informe de Intermon Oxfan del 2011.

Las consecuencias de nuestro consumo en los países pobres es considerable. Pondremos el ejemplo del cereal: si los países “desarrollados” aumentan la demanda de trigo en el mercado internacional éste subirá de precio, lo que hará prácticamente imposible su compra en continentes como Asia o África. Y todo para que acabe en la basura... Tristam Stuart en su libro Waste: Uncovering the Global Food Scandal nos dice que sólo en los hogares del Reino Unido se tira a la basura suficiente grano (principalmente en forma de pan) como para aliviar el hambre de 30 millones de personas “A los supermercados no les gusta hacer sus sándwiches con la rebanadas externas de un pan. Visité una fábrica que hacía sándwiches para una cadena de supermercados y cada día tiraban 13.000 rebanadas” afirma Tristam.

No sólo es el grano que nosotros consumimos porque indirectamente a través de la carne también utilizamos cereales. Para alimentar al ganado utilizamos un 30% de la superficie cultivada del planeta según el último informe de la FAO, Rajendra Pachauri, científico indio premio nobel de la paz 2007 afirma "un granjero puede alimentar a 30 personas durante un año con una hectárea de terreno si produce vegetales, frutas y cereales. Si la misma área se utiliza para producir huevos, leche o carne, el número desciende a entre cinco y 10 personas". Hasta un total de 113 millones de personas podrían haber sido alimentadas con todo el grano que se despilfarra en los productos lácteos y cárnicos. A esto le tenemos que sumar la problemática que supone la tala de bosques para plantar cereales (soja entre otros) que alimenten al ganado, el 70% del Amazonas ha sido suplantado por pastizales.

Además, el sobrepastoreo degrada mucho el suelo, dejándolo prácticamente inservible contribuyendo así a la desertización. Junto con la inversión de alimentos sólidos que hacemos en la ganadería no debemos olvidar que "el consumo de agua del sector ganadero supera el 8% del consumo humano en un planeta en el que más de mil millones de personas no tienen agua suficiente para cumplir con los niveles mínimos de salud" explica Raquel Vañó investigadora del Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València (IDH). Uno también de los principales problemas que genera la ganadería son las emisiones de CO2, el 18 % de las emisiones corresponden al sector ganadero, estas cifras salen al unir las emisiones de la conversión de los bosques en pastos, del metano que expulsan los rumiantes junto con los combustibles fósiles que se invierten para la producción y transporte de la carne. “si los seis mil millones de habitantes del planeta vivieran con el mismo nivel del que gozan los mil millones más ricos, se necesitarían al menos tres planetas para obtener los recursos y absorber la contaminación" Añade Vañó.

La locura de la especulación alimentaria, empieza desde la inversión de los recursos que hacemos en los alimentos, pasando por la selección de ellos y acabando en los que nosotros tiramos en la basura.

Hay muchísima cantidad de comida que no llega a los supermercados porque no pasa los criterios estéticos de selección: solo en Reino Unido se rechaza entre el 25% y el 40% de la cosecha de fruta y verdura por motivos de tamaño, aspecto e imperfecciones, comida perfectamente apta para el consumo pero no igualmente atrayente, ya tuvimos oportunidad de corroborarlo en el famoso documental de Los Espigadores y La Espigadora de Agnes Varda donde casualmente la mayoría de las patatas, que eran desechadas por no cumplir los patrones, tenían forma de corazón, muy simbólico pensando la ética que tienen las grandes multinacionales.

La industria pesquera tampoco se queda atrás, aquellos peces que son demasiados pequeños o especies que se han colado en las redes son arrojados al mar, muriendo en el proceso entre el 70 y el 80% de los peces. En las granjas de gallinas ponedoras, la falta de rentabilidad de los pollitos censados como machos acaban directamente en un trituradora donde son fabricados como pienso para las futuras gallinas que pondrán los huevos que encontraremos en los supermercados, semejantes atrocidades en “pro” de nuestra alimentación son algo bastante común y corriente. Por ejemplo para evitar que por el estrés los lechones se mordisqueen los unos a otros, les cortan las colas y le sacan los caninos, aparte de castrarlos de manera sistemática y todo esto sin anestesia para ayudar a la rentabilidad del producto… para que finalmente acabe en la basura.

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