7 de diciembre de 2012

Reflexión sobre la primera jornada de 'Arquitecturas Colectivas Sevilla' // Beatriz Gómez Portillo

El pasado miércoles 5 de diciembre dio inicio el encuentro en Sevilla de Arquitecturas Colectivas, en esta edición dedicado al disfrute de la ciudad: vivienda, espacios públicos, espacios productivos.

Este primer día se abrió con un desayuno en el espacio recuperado Huerto del Rey Moro, al que siguió un recorrido por diferentes espacios de la ciudad que han tenido una suerte dispar: Palacio de Dueñas de la Duquesa de Alba, 'Las Setas' de la Encarnación y las huertas del parque de Miraflores. Tras ello, un receso para comer en la Carpa Espacio Artístico que gestiona la compañía Varuma Teatro, al que siguió un debate en el cual se conocieron diferentes experiencias sobre Espacio Público, presentadas por colectivos como Solars Virus – Lleida, eP, Raons Públiques, Recetas Urbanas, TxP, Metxea o Straddle.


La primera jornada de Arquitecturas Colectivas Sevilla plantea un paisaje actualizado de las prácticas que, desde distintas iniciativas, tienen por base la activación del espacio urbano, tomando como ejemplo proyectos que parten de las necesidades de los propios usuarios. En este proceso se reflexiona sobre la lógica que acompaña a la materialización de los proyectos, y en la mayoría de los casos sobre las trabas que se elevan al absurdo cuando la relación con una administración amorfa entra en juego.

El origen de los espacios destinados a la activación es de naturaleza múltiple: espacios públicos o cesión para uso público de propiedades privadas. En la mayoría de estos casos las propuestas de activación se instalan en lugares que, a lo largo del tiempo, han quedado degradados y cuyo crecimiento no responde a ninguna lógica. Podríamos hablar también de espacios de marginación, donde se desarrollan conductas no normalizadas en la sociedad que, aunque si bien dolorosas, en caso como la drogadicción o la prostitución en condiciones no deseables, son una realidad. Llegados a este punto cabría preguntarse, ¿qué hacer con ellos una vez “recuperados” los espacios? Este flujo de energías y su destino, cuando se trata de activación de espacios, se vuelve fundamental y necesita profundización a partir de este tipo de encuentros.

'Arquitecturas Colectivas Sevilla' plantea un paisaje actualizado de las prácticas que tienen por base la activación del espacio urbano

El siguiente de los aspectos a tratar es la reflexión en torno al papel de los agentes que solicitan el uso de dichos espacios. En este sentido y de modo genérico, podemos señalar que la activación es una forma de construir ciudad. Toda construcción genera una destrucción cuando conlleva una pérdida de memoria del espacio, o la intromisión de poderes privados, como avalistas de los proyectos, antepone intereses particulares a los colectivos. En tales situaciones, será necesario replantearse las actuaciones, pues existe el riesgo de colaborar (consciente o inconscientemente) con un sistema que se nutre del espacio público para generar beneficio privado, transformando espacios vacíos en lugares asépticos y sin más vida o sentido que mantener la propia estructura que los ha generado, restando así a la comunidad un espacio que pudiera haberle sido útil.

En otros muchos casos la activación de estos espacios pasa por mejorar las condiciones de habitabilidad, corriéndose el riesgo de suplantar, por parte de los colectivos, el lugar que debiera cubrir la institución pública.

La activación de espacios es una forma de construir ciudad

Finalmente, cabría destacar acciones en el espacio que, bien gestionadas y con una planificación adecuada, hacen partícipe a la comunidad, dotándola de mayor autonomía y emponderando su capacidad de decisión sobre el territorio que habita.

Para terminar, de esta primera jornada de Arquitecturas Colectivas Sevilla quisiera destacar el eclecticismo de las situaciones planteadas. Me quedan, no obstante, algunas dudas a cerca de si las figuras de los técnicos, especialistas y arquitectos son ejecutantes en muchos casos de deseos que, sin un tejido social y político activo, participan más de la lógica de la pesca de subvenciones, “regalos” caídos de presupuestos participativos, o, en el peor de los casos, son presa de entidades privadas que vuelcan sus intereses en la ciudad. En este punto habría que repensar las lógicas del hacer. Y en ello están, estamos.

Beatriz Gómez Portillo 
 Doctoranda en Urbanismo. Universidad Pablo de Olavide




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