29 de abril de 2012

Crónica de una Muerte anunciada

Los homenajes, en vida...

Cuando se ha estado al borde de la muerte, ensayando un firulete para hacerle el quite, la señora rencorosa queda con sangre en el ojo. Quedas “pedido”, es decir quedas en la mira y en la próxima conversamos. Después de tal vivencia, la apreciación sobre la vida cambia, uno se vuelve más empático y a la vez más asertivo. No quieres dejar temas pendientes y quieres eliminar lastres, conflictos y taras que arrastraste quizás ad eternum, porque tenías esa sensación del no tiempo. Sin embargo, cuando aterrizas, cuando aprecias que ya la primera zancadilla estuvo cerca, la impronta de continuidad es diferente. No te callas la verdad por ser políticamente correcto; al desenfado agregas la temeridad del que nada tiene que perder y sí mucho para ganar. Te aligeras de lo que no te sirve y llegas a la conclusión que la ilusión de posteridad sólo se circunscribe al resultado de tu historial, los registros que acumulaste, buenos, malos, enorgullecedores o vergonzantes, todo en un imaginario disco externo en el cual grabaste millones de sensaciones y momentos, pero que jamás podrás rebobinar, jamás alcanzarás a mirar siquiera. Es la sensación de llegar al límite, pero sacar nuevos bríos para seguir, hasta que la muerte te traslade como una guía programada de turismo multidimensional a quién sabe qué lugares imaginados, con luces y sombras nuevas, vaya uno a saber.

Cuando hay certezas espirituales de una próxima partida, de un cambio de formato y de folio; cuando ya no podamos palparnos en el abrazo de amistad; cuando ya no seamos con mi mujer una sola carne y espíritu en la unidad del amor; cuando parta el tren y desde el último carro hagas o te hagan adiós, la persona se enfrenta a compromisos urgentes, a la necesidad de dar gracias, a urgencias de un viaje sorpresivo, con mensajes pegados a última hora en el refrigerador, sintiendo que ya no se dijeron muchas cosas. Sin embargo, cuando aún barajas el presente, tienes el libre albedrío de dedicar tu tiempo para expresar lo importante y trascendente.

Y como no me gustan los homenajes póstumos, que saben a justificación para gloriados y quitapenas, quiero saludar en vida y en abrazo a un amigo que ha dado muestras de consecuencia y convicción, sin vender el alma al diablo, prefiriendo una vida austera, marginada del poder formal, a fin de tener el derecho a mantener una palabra libre y rigurosa.

Se trata de Roberto Sapiains Rodríguez, un chileno que nació en cuna de oro, de una familia que tenía una empresa en el sector naviero. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Chile de Valparaíso, se tituló de Administrador Público; fue dirigente universitario nacional y participó de la reforma universitaria de los sesenta. Allí lo conocí, por haber estudiado ambos en la misma Escuela de Aduanas, por compartir el ideario humanista cristiano en la AUC, Acción de Universitarios Católicos. La diferencia de unos pocos años significó seguirlo como un líder de gran carisma, con un vozarrón tipo frecuencia modulada que motivaba a la reforma con más convicción que los propios marxistas. Roberto Sapiains trabajó en la Corporación para el Desarrollo de Valparaíso y Aconcagua y pasó de la Democracia Cristiana a la Izquierda Cristiana, convirtiéndose en el político de más alto rango dentro de la Unidad Popular regional. Cercano al Presidente Allende, fue disciplinado militante que tuvo frecuentes encuentros frontales con los sectores del MAPU Garretón y los socialistas de Altamirano que “agudizaban las contradicciones”, creando más focos de conflicto al gobierno popular, más cercanos al MIR que a su Presidente democráticamente electo. Durante el período de la Unidad Popular Roberto trabaja en la Corporación de Desarrollo y como Profesor en la Universidad de Chile, Escuela de Aduanas.

Roberto Sapiains fue detenido en su casa el mismo día del golpe y se le estigmatizó en la prensa como un peligro. El estaba efectivamente armado y dispuesto, si así lo hubiese ordenado el Presidente Allende, a defender como leal militante al gobierno constitucional.


Pero, esa mañana del 11 de septiembre, Roberto se dirigió al barrio industrial del Salto para frenar una acción armada suicida. Personalmente ordenó a los dirigentes replegarse a sus casas, que el Presidente Allende en su discurso final había sido claro en pedir que la gente no se inmolara, que se debía evitar un derramamiento de sangre. Esa acción disciplinada del líder Roberto Sapiains salvó muchas vidas; muchos compañeros de lucha, trabajadores y obreros pudieron salvarse al no entrar en un enfrentamiento que habría sido excusa para una masacre. A mediodía, manejando su citroneta, Roberto regresó a su casa en un cerro de Valparaíso. Hasta allí, esa tarde, llegaron los destacamentos de la Armada para detenerlo. Su fotografía fue puesta en primera plana por el diario El Mercurio de Valparaíso, acusándosele de portar armas y de llevar una cantidad de dinero que era el que Roberto, en su calidad de Secretario Ejecutivo, tenía en la Corporación de Desarrollo para el pago de sueldos y gastos administrativos.

Cuenta Roberto que, en su primer día de detención, tuvo una entrevista el día 12 de septiembre con el oficial norteamericano Patrick Ryan, quien fuera, de acuerdo al Pinochet File, el encargado de la fuerza de tareas que tuvo a cargo la coordinación del golpe de Estado en la Armada de Chile. El alto oficial le ofreció a Roberto Sapiains un trato preferencial si aceptaba reconocer sus delitos por televisión y llamar a aceptar el “pronunciamiento militar”. Obviamente, Roberto se negó y exigió el tratamiento de oficial enemigo, con el máximo rango, de acuerdo a la convención de Ginebra. A lo cual el oficial accedió, toda vez que a nivel regional Sapiains era el detenido más importante.

Roberto era oficial de reserva de la Infantería de Marina, donde había cumplido el Servicio Militar por dos años. Eso lo distinguió positiva y negativamente al momento de enfrentar a los torturadores: conocía los procedimientos y tenía la disciplina para soportar interrogatorios, sin quebrarse. Pero ello implicaba que los interrogatorios fuesen más duros y persistentes.
Roberto fue sometido a Consejo de Guerra. Una faramalla que no respetaba el debido proceso, pero que era menos malo que permanecer preso sin acusaciones y sin plazos. Y allí parte una posición jurídica que Roberto logró incorporar en las plataformas de los juicios por crímenes y abusos cometidos por la dictadura. Se trata de precisar los alcances del Estado de Guerra y las violaciones que las fuerzas golpistas cometieron de acuerdo a las reglas de la guerra.

El 12 de septiembre la Junta Militar dictó el Decreto Ley N° 5 que establecía el Estado de Guerra Interna en Chile y que se mantuvo hasta el 17 de abril de 1978, cuando el DL 2191, llamado Ley de Amnistía, entra en vigor. Esa ficción jurídica permitía las ejecuciones sumarias en caso de desobediencia de una orden militar y, paralelamente, permitía que los militares de todas las ramas tuviesen el reconocimiento de riesgo por Estado de Guerra, que permitía mejoras previsionales y económicas. Ese Estado de Guerra Interna permitió que la Cruz Roja Internacional pudiese constituirse como puente entre los detenidos y sus familias. El estatus de Prisionero de Guerra y la aplicación del Convenio de Ginebra sobre el Tratamiento de Prisioneros de Guerra, salvó a Roberto Sapiains de una ejecución sumaria como las que más tarde realizara la Caravana de la Muerte. Estar protegido por la Cruz Roja Internacional y verse sometido a un Consejo de Guerra, con todo lo cuestionable en la forma y fondo de esos procesos, significó para Roberto Sapiains ser condenado a 5 años y un día y a la pérdida de sus derechos ciudadanos. Un episodio de gran espiritualidad marca la vida de Roberto. En circunstancias que era trasladado como bulto, encapuchado y tapado con un saco a la Penitenciaría de Santiago, estuvo prácticamente muerto y retornó al momento que el guardia le da un puntapiés en las costillas y recupera la respiración. Cuando se le permuta la pena por extrañamiento, parte al exilio en 1978, llegando a Londres el 24 de octubre donde es recibido por ACNUR, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. Para entonces su mirada de la vida había cambiado al trasluz de esa experiencia al límite.

Cuando llega a Europa, la dirigencia de la UP en el exilio le propuso un sitio como prisionero emblemático. Roberto Sapiains se negó a ser victimizado y utilizado como símbolo; ello porque traía desde Chile críticas durísimas por el manejo que estaba teniendo la ayuda que se recaudaba en los actos masivos de solidaridad con Chile, los cuales no llegaban a la gente que estaba sufriendo en Chile los efectos de la dictadura, el desempleo y la represión. Una gran verdad es la que desenmascara Roberto Sapiains al denunciar en Italia que los fondos se habían desviado a México y habían quedado en redes corruptas que funcionaban con intereses sectarios, replicando las malas prácticas que se habían vivido en el gobierno de Salvador Allende.

En 1992 Roberto Sapiains regresa a Chile, luego de vivir en Inglaterra y en Suecia, trabajar como Profesor de Inglés para inmigrantes y permanecer al margen de las cúpulas que posteriormente darían nacimiento a la Concertación de Partidos por la Democracia. Al llegar a Chile, nos reencontramos en el Colegio de Administradores Públicos, siendo su expectativa personal volver a la Universidad de Playa Ancha o la de Valparaíso como Académico. Tristemente, esa opción se le niega y de allí en más su situación laboral es precaria y a honorarios. Sin embargo, su coraje político se mantiene y logra unificar la Agrupación de Ex Prisioneros de Guerra con la Agrupación de Ex Presos Políticos, luego de un largo debate clarificador de la historia.

En esa época comienzo a desarrollar el blog Diálogos con un Sobreviviente, en el cual vamos haciendo el recuento de estas largas décadas de alejamiento obligado. Recordando siempre esa última conversación sostenida con él en la cárcel, un tiempo de adrenalina y temeridad, cuando íbamos con mi compañera a verlo los días de visita. Cuando muy enojado me dijo taxativamente que debía irme de Chile, que no debía correr más riesgos, que pensara en mi mujer y en el hijo que venía. Allí, haciéndole caso, se inició mi vida por 8 años fuera de Chile y recién nos reencontramos cuando él volvía el año 1992. Nosotros lo habíamos hecho 10 años antes y teníamos las vivencias de las protestas y la apertura de espacios en los ochenta.

La historia en sus detalles y percepciones está reflejada en esos diálogos que el año 2010 formaron parte de libro “Crónicas de dos siglos” del Fondo Editorial Periodismo-Probidad. Roberto Sapains Rodríguez me hizo el honor de presentar mi libro, en Febrero de 2010 en el Centro Cultural de Viña del Mar, siendo precisamente él un protagonista de esta historia colectiva.

Mi amigo Roberto Sapiains, el Sapo, es como ese hermano que no tuve. Compartimos y también disentimos en muchos capítulos de nuestras vidas, como debe ser. Pero, en lo principal, admiro su entereza y consecuencia. Repudio la ingratitud de la Concertación con personas como él, víctimas reales del golpe de estado de 1973. Me da náuseas comprobar la corrupción que desplegaron los políticos de trajes europeos y corbatas de seda italiana con los recursos que eran para reparaciones a los exonerados, a los exiliados, a las familias de los detenidos desaparecidos. Por eso denuncié en Periodismo Independiente el cinismo político de los socialistas con fines de lucro, que otorgaron reparaciones simbólicas a las víctimas, mientras le abrían la puerta a las multinacionales y organizaban ardides gansteriles para lucrar con recursos públicos.

Roberto es un cristiano y un humanista. El doble estándar no está en la dimensión espiritual cristiana de Roberto Sapiains Rodríguez. Yo lo saludo en vida, con admiración y respeto. Y que no venga nadie, el día que muera a gritar “Compañero Sapiains… presente, ahora y siempre” porque a esos los voy a mandar a la mierda, con todas sus letras.

29/04/2012 · Hernán Narbona Véliz · NOTON Chile

1 comentario:

  1. Cínicamente el sistema oficial ha apostado a la "solución biológica", esto es , esperar que vayan desapareciendo esas víctimas que molestan con sus reclamos persistentes... Líderes morales que quedan perdidos en los archivos indolentes del olvido oficial. Pero hay algunos, como es el caso de Roberto Sapiains, que han rechazado las tentaciones del poder y han persistido en una línea consecuente con los que han sido su principios humanistas cristianos de siempre.

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