19 de marzo de 2012

Sociedad Paralela / Reflexiones sobre la revolución social

Desde el siglo XIX la estrategia principal de la izquierda ha sido ocupar el lugar de la burguesía, el objeto de la lucha política era la toma del poder; las riendas de la sociedad que las clases dominantes habían ido progresivamente modelando a sus intereses. El resultado de este modo de acción ha sido la derrota. Hoy se puede afirmar, sin error, que la izquierda ha desaparecido prácticamente del mapa político institucional.

La experiencia demuestra que no se puede derrocar el orden burgués y luego desmantelar la sociedad capitalista, la razón es bien sencilla: 

La lógica burguesa impregna todos los niveles de la vida humana tal como la conocemos. Aunque se detente el poder, en este contexto, la "genética" burguesa seguirá dictando las conductas y roles. Por ello, en aras de la utopía, habría que renunciar a transformar la sociedad burguesa, habría que abandonar todo intento de reformismo.

A partir de aquí podríamos sacar algunos ejes conceptuales:

1. [progresivamente] Fin de toda colaboración con el sistema burgués y sus instituciones.
El objetivo político sería entonces de crear una sociedad paralela [transitoria], una sociedad alternativa y paralela en el tiempo a la sociedad capitalista. Hecho que en parte ya está ocurriendo y por doquier.

Marx hablaba de una burguesía revolucionaria porque derrocó a todas las instituciones del Antiguo Régimen, una burguesía, que en muchas ocasiones hubo de contar con el apoyo estratégico de la clases trabajadora para triunfar. 

La situación actual es completamente diferente, el sistema burgués ha triunfado, se ha consolidado y ejerce su dominio en las mentes y en los cuerpos prácticamente sin oposición. En el tiempo actual se podría afirmar que la burguesía ha ganado la batalla, pero: en su transformación del mundo, de toda vida, de toda persona, en mercancía comienza a fabricar muerte, y las consecuencias necrófilas de su propio desarrollo en el tiempo y el espacio significan a largo plazo su propia aniquilación. El riesgo: 

en un mundo más pobre medioambientalmente, la vida humana, para gran parte de la población, puede desarrollarse en condiciones de extrema pobreza (también paulatinamente en occidente) y el capital, cada vez en menos manos, podría generar una reinvención del Antiguo Régimen: una sociedad estamental, en un tiempo en el que la vida no pueda ser si no artificialmente asistida y la supervivencia sea el leiv motiv de una Humanidad degradada.

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Ocurre que el sistema capitalista es la sociedad misma en su conjunto, por ello es necesario la creación de una nueva sociedad, que en el momento actual se desarrolle paralelamente.

2. La creación de una sociedad paralela no proporcionaría un triunfo inmediato sobre el capitalismo.
La nueva sociedad basada en la conservación de la vida y el desarrollo de prácticas económicas, educacionales y culturales comunitarias, debiera extenderse de forma análoga a como los primeros cristianos desarrollaron el cristianismo: paralelamente a Roma, construyendo su final, pero sin una oposición frontal al imperio, lo cual significaría el desastre, pues el mundo burgués reaccionará cada vez con más violencia [y son los dueños de la fuerza] a medida que los entornos y sociedades se vayan degradando, algo ya a todas luces inevitable.

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La burguesía ha generado un régimen blindado, sin oposición, porque ha sido capaz de dominar y someter el registro simbólico de la sociedad. Nuestra sociedad es una sociedad a imagen de la burguesía, una sociedad donde, más o menos explícitamente, el éxito reside en la acumulación de capital. La idea de feliciad burguesa es la idea de felicidad de la sociedad. La idea de amor burguesa es la idea de amor de la sociedad. Dominan el universo de la imagen y de los deseos, y ese poder es más fuerte que todos sus arsenales atómicos [que también usarán cuando sea preciso].

3. Educación en la icoclastia y el desapego de los símbolos y las imágenes.
La representación es el imperio de la burguesía, por ello es necesario una crítica fría sobre el terreno de la imagen, hay que romper las conexiones simbólicas burguesas, que son cadenas en las mentes proletarias. Por ello necesitamos un arte austero, humilde, disuelto en la sociedad paralela que en el terreno cultural debe buscar la superación del arte.

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Generar redes de colaboración descentralizadas, fomentando la educación en valores comunitarios y la confrontación de ideas. Se hace necesario entonces:

4. Reunir a todas las personas que compartan valores comunitarios.
La sociedad paralela no es un proyecto definitivo, es un proyecto que intenta ser realista y que por tanto asume las condiciones objetivas actuales, pero que sin embargo no renuncia a la utopía de la superación del capitalismo [sistema generador de muerte]. Es fundamental centrarse en objetivos alcanzables, buscando un equilibrio entre teoría y praxis, aún asumiendo modelos teóricos menos desarrollados que permiten un desarrollo práctico inmediato.

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5. Comenzar desde lo local e ir consiguiendo victorias pequeñas.
La consecución de victorias, aunque sean pequeñas, es algo necesario para demostrar a las partes de la sociedad más sensibles que existen opciones diferentes y mejores a las relaciones establecidas por el capitalismo. En este tránsito, lo que se transforme debe ir siempre en la dirección de la sustitución de principios cuantitativos por principios cualitativos. Oponiéndonos siempre al modelo de desarrollo Chino, que es capitalismo para pobres y es, a todas luces, el horizonte inmediato para la Humanidad del siglo XXI. 

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6. [final] Siendo entonces la característica básica del capitalismo la usurpación del trabajo ajeno, una sociedad paralela debe fundarse en la premisa de que cada cual es dueño intransferible de su trabajo.


El dominio del capital es físico y simbólico, y es ejercido por los burgueses. Es físico porque controlan los medios de producción nutriéndose, por tanto, del trabajo del resto de la sociedad que no es de clase burguesa. Es simbólico porque controla toda la esfera intelectual de la sociedad. Los deseos y pensamientos de las clases dominadas, en su mayor parte, han sido inventados e inoculados en sus mentes por los medios de masas y las instituciones burguesas. De ahí, que aunque sólo una pequeña parte de la sociedad sea burguesa, la sociedad en su conjunto es capitalista.

El dominio simbólico de la burguesía ha sido la última etapa de su proceso revolucionario y le ha permitido el dominio total de las mentes, la burguesía ha finiquitado su revolución y ha comenzado su Imperio [de muerte]. Esta última revolución, sin embargo, no fue contra las castas del Antiguo Régimen, sino contra los proletarios que son ahora, por doquier sus "felices" esclavos. La clase proletaria como clase revolucionaria no existe, porque en esta última revolución de toma del poder simbólico, ha sido aniquilada. La clases no burguesas se han convertido en siervos, y los siervos no hacen revoluciones, pues su situación de supervivencia, de precariedad material y espiritual lo impide. La victoria burguesa es la victoria del deseo, de la voz que afirma "todos queremos ser burgueses", y así se acepta la propia explotación y la explotación ajena, obnubilados con el premio de un acceso futuro al paraíso de la mercancía [que con toda probabilidad no ocurrirá].

Y la democracia liberal burguesa, la democracia realmente existente, es el sistema por el cual se permite y apuntala el Imperio de la Burguesía, un imperio basado en la apropiación del trabajo ajeno y la explotación hasta el fin de los recursos naturales. Por ello, para quienes deseamos el cambio social, no hay espacio político en la democracia realmente existente, de ella tenemos que obtener únicamente aquello que necesitemos para el desarrollo de nuestra vida y nuestro trabajo [que deberá ir siendo paulatinamente menos]. 


La creación de una sociedad paralela lleva ímplícita la idea del rechazo a la democracia liberal, que no es otra cosa que la dulce máscara tras la que se esconde el rostro corroído por gusanos del capital.


18/03/2012 · Carlos G. de Castro · NOTON

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