24 de septiembre de 2011

¿A quién sirve el sistema económico actual?

La economía es un área de las Ciencias Sociales que pretende ser una ciencia exacta, pero sigue siendo una disciplina del saber que, para predecir los fenómenos económicos, debe subordinarse a la realidad socio política. 

El Economista es el Ingeniero de vuelo, el Estadista es el Piloto. En este sentido, la economía no es un ámbito misterioso del saber humano, aunque, como todas las demás áreas del conocimiento, tiene sus particularidades y un lenguaje ad hoc, que identifica a los profesionales del área. Por lo demás, frente a la tesitura de profesiones compartimentalizadas, hoy la tendencia es el desarrollo de profesionales que además de su sesgo peculiar, alcancen un conocimiento holístico, que les permita trabajar en equipos multidisciplinarios, alcanzando la comprensión de la complejidad en que nos desenvolvemos.

Quien actúa en políticas públicas, necesariamente debe comprender las dinámicas de la economía, pero del mismo modo el economista debe tratar de comprender los fenómenos políticos mundiales para llegar a responder la pregunta clave que es “¿a quién beneficia determinado orden económico?”.

Frente a la necesidad de mantener equilibrios fiscales, creo que hay que fortalecer la posición fiscal con una fiscalización efectiva y centrada en impuestos directos progresivos. Está bien participar como economía, y mismo como Estado, en los mercados de capitales globales, pero no sólo para beneficio de los grupos dueños de las grandes empresas, sino para promover también carpetas de proyectos de inversión para proyectos asociativos de mediano porte.

Estoy de acuerdo en que los ahorros, las reservas, deben manejarse con criterio sensato, pero eso no es sólo prepagar deuda externa, sino reducir debilidades estructurales, por lo tanto, por ejemplo, diversificar fuentes energéticas, potenciar los sectores medios productivos e innovadores, para ampliar la plataforma productiva nacional.

Los economistas que han manejado la economía en la Concertación, exceptuando a personas como Ricardo French Davis (que por algo ha sido marginado de los gobiernos concertacionistas) han sido todos formados en las Escuelas de pensamiento económico neoliberal de EE.UU. , por lo cual comulgan en los mismos dogmas en cuanto a políticas económicas y eso, en gran medida, es la debilidad que ha existido para atreverse en estrategias de economía humana, con promoción de cooperativismo y otras variables para el desarrollo en equidad. Obviamente, manejar las economías a través de elites autoreferentes, con una alta cuota de soberbia, es algo que se busca como objetivo en las usinas de pensamiento de esas grandes fundaciones norteamericanas, entre las cuales se destaca la Trilateral Commission, de donde han salido el mayor número de los Presidentes de EE.UU. ya sean demócratas o republicanos.

En el sistema neoliberal actual imperante, institucionalizado a través de Acuerdos Internacionales vinculantes, como lo es la OMC, el grueso de los países del orbe deben actuar en función de las reglas de la economía global. Estos acuerdos que cubren inversión, servicios, propiedad intelectual, valoración aduanera, reglas antidumping, salvaguardias, compra pública, reglas de origen, son para nosotros leyes internas, son un hecho de la causa. Para modificarlas es preciso negociar en bloque en la misma OMC u otros foros internacionales, lo que dificulta la posibilidad de imprimir cambios a la economía actual, por lo que debemos manejarnos apretadamente, dentro de los márgenes de maniobra del contexto internacional en que estamos jugando.

Durante la dictadura, a quienes elevábamos la crítica y desenmascarábamos mentiras oficiales, como que el desarrollo exportador “se debió al modelo neoliberal”, se nos llamó despectivamente “los gásfiter”. Baste recordar el subsidio de 5 mil millones de dólares al sistema bancario y las medidas de fomento a las exportaciones implementadas en 1985, que nos hablan de una intervención política fuerte del Estado en la economía, lo cual se apartó pragmáticamente de los dogmas liberales. Además, es preciso recordar que el sistema concentrador actual fue fruto o consecuencia de un metódico saqueo de empresas públicas, traspasadas en forma oscura, a precios viles, a los cercanos del dictador. Cuestión que no se discutió en el repliegue del régimen militar, porque éste siempre mantuvo posiciones de fuerza y de amenaza sobre la democracia. Los monopolios actuales, internacionalizados a través de la participación de grupos transnacionales, no nacieron por la dinámica económica, sino que fueron parte de la evolución política de la transición.

Rechazo por tanto, que se pretenda monopolizar la “verdad económica” por la vía de hacer creer que en economía todos los que saben están de acuerdo con el modelo, porque esa sería una nueva falacia. Hay pensamiento alternativo que, como historia no oficial, circula en canales alternativos. Como muestra un botón: « Une Troisième Voie pour le travail y L’Économie solidaire: une perspective internationale » de Jean-Louis Laville, sociólogo, autor, Desclée de Brower, París 1999 y 2000.

Para entender la economía se debe revisar primero a quién ella sirve, es decir, remitirse antes al contexto político, que permite desentrañar los juegos de intereses y las luchas por el poder, al final determinantes en las decisiones económicas.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz para NOTON · 24 Septiembre 2011.

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