10 de septiembre de 2011

Austeridad o estímulo, reforma o revolución

El discurso de la austeridad se impone en los grandes partidos políticos y sus medios afines frente al estímulo de la inversión pública defendido por aquellos que aún apoyan el keynesianismo como fórmula de escape de la crisis económica. 

La deuda contraída al inyectar millones de euros en la banca debe pagarse lo antes posible a la vez que se evita la ira especulativa de los sagrados mercados. Y para pagar la deuda hay que reducir la inversión estatal y elevar, incluso a lo más alto del ordenamiento jurídico, la estabilidad presupuestaria.

Los grandes capitales han visto una oportunidad de oro en la crisis que ellos mismos han provocado con su codicia. Una oportunidad para “refundar el capitalismo”, pero no en la dirección que algunos pudieron pensar, sino una refundación basada en elevarlo a su décima potencia respondiendo a la crisis del neoliberalismo con mucho más neoliberalismo. Una oportunidad para aumentar beneficios acrecentando el nivel de explotación de los y las trabajadoras a la vez que se precarizan y privatizan servicios y empresas públicas en pro del negocio privado.

Los grandes capitales han visto una oportunidad de oro en la crisis que ellos mismos han provocado con su codicia

No hay marcha atrás en una historia que, contrariamente a lo que algunos pudieran pensar, no se repite sino que avanza inexorablemente y, en algunos momentos, a pasos agigantados. El keynesianismo que los sacó de la Gran Depresión ya no les es útil para aumentar su tasa de beneficios en una fase del capitalismo tan madura que obliga a los capitalistas a hacerse dueños de cada vez más parcelas de nuestra vida más íntima y de nuestro entorno más querido.

Reformas sociales que se exigen, por ejemplo, desde el Movimiento 15M y que en épocas pasadas no serían difíciles de implementar para cualquier gobierno medianamente progresista, como la dación en pago de la vivienda para cubrir la hipoteca, ahora son utopías. El sistema no puede permitírselas si quiere seguir funcionando.

En este contexto de un capitalismo excesivamente maduro, tremendamente depredador y competitivo hasta la extenuación, especialmente a escala internacional, cada vez queda menos espacio para los reformistas que sueñan con un capitalismo de cara amable. Cada día más reformistas frustrados miran más allá hacia el horizonte revolucionario, hacia Egipto y Túnez, pensando que la revolución fue y es la mayor de las reformas.

Frente a la discusión entre austeridad o estímulo surge cada día con más fuerza el debate entre reforma o revolución.

Jesús Castillo / NOTON
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Jesús Castillo es militante de En lucha, delegado del SAT y profesor a la Universidad de Sevilla. Es autor del libro "Migraciones ambientales" para la editorial Virus que puedes comprar aquí.

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