29 de agosto de 2011

Chile. Después del paro nacional ¿qué viene ahora?

La CUT llamó a un paro nacional adhiriéndose al movimiento estudiantil. Las marchas fueron exitosas en términos de convocatoria y no violencia, Hasta que irrumpieron los violentistas, anarcos, vándalos a incendiar los barrios frente a una respuesta de Carabineros que resultó casi defensiva y por cierto ineficaz para cortar los desmanes de anoche.Las ideas que planteamos en Twitter como Periodismo Independiente las resumiremos en este blog, como noticia en desarrollo.


Del mismo modo lo comentaremos en Twitter Café de Comentarista Urbano en Radio Valparaíso este sábado.Un resumen de estas jornadas, al trasluz de los acontecimientos que se sucedían con imágenes de guerra, pero también con el coraje de personas que desafiaban a los encapuchados, vándalos que buscaban destruir y robar. También en el día estuvo la buena noticia de que la huelga de hambre se había levantado y los muchachos entraban en recuperación en un hospital.Por la noche, una pesadilla, con turbas arrasando con todo, con autos incendiados, colegios saqueados , disparos con armas hechizas, un carabinero herido por perdigones y un muchacho de 16 años, Manuel Gutiérrez Reinoso, muerto de un balazo. Testigos dicen que miraba los disturbios y de pronto fue baleado, presumiblemente desde un vehículo, que habría hecho 3 disparos y uno de ellos le dio en el corazón. Un mártir que ha hecho más tensa la relación del movimiento social y el gobierno.


El Presidente de la República, el día después, llamó a los estudiantes a la Moneda, a dialogar. Sin embargo, los jóvenes han decidido esperar hasta el miércoles próximo y reclaman "garantías" para sentarse a conversar.Una confusión de fondo se ha instalado en el movimiento social, de lo cual son responsables sus dirigentes y políticos opositores del PS: se ha levantado la petición de un Plebiscito para solucionar el conflicto, cuando ese camino no está contemplado en la legalidad vigente.


En términos irresponsables se ha estirado el elástico hasta límites de alto riesgo, ya que el año 2010 Chile eligió un Presidente por 4 años y la pretensión actual del movimiento social es rupturista y busca directamente derrocar al gobierno, tomando, con una demagogia increible, como argumento de base la caida en las encuestas que ha tenido Sebastián Piñera. Ese argumento estaría instaurando una Encuestocracia, con el resultado de una vía muerta que impediría los grandes cambios a que aspira la ciudadanía. Por el contrario, si prima la sensatez y la responsabilidad política, se podrían abrir caminos para un gran acuerdo por la Educación, el cual contemplaría puntos como desmunicipalizar la educación primaria y secundaria, recuperar la Universidad de Chile como alma mater, pivote nacional de excelencia en donde el Estado pueda invertir y abrir espacios de gratuidad sobre la base del mérito. Un acuerdo nacional que permita modificar la Constitución para dejar espacios a un Estado que pueda actuar como planificador y empresario, lo cual aumentaría la capacidad estatal para entregar educación, sin perjuicio de que coexistan opciones privadas de educación, generando un sistema en donde se haga respetar la ley que prohibe el lucro en las universidades, yendo también a una reforma tributaria que permita una mayor inversión pública en el sistema educacional de manera integral, levantando los impuestos directos a las grandes empresas que son las que menos tributan en la actualidad.


Pero todo debe pasar por un Acuerdo que se plasme en un paquete de modificaciones legales o constitucionales, con la acción complementaria de los dos poderes del Estado, Ejecutivo y Legislativo.


¿Qué viene ahora entonces?


Puede que ahora venga la agudización del conflicto y la democracia siga jaqueada, lo que resultaría terrible para Chile. En este escenario se cruzarían apuestas trasnochadas de sectores que quieren terminar anticipadamente el mandato entregado a Sebastián Piñera el 2010 y las de sectores anarquistas que ven en el caos un camino para refundar la sociedad. La historia enseña que cuando la sociedad cae en democracias débiles, surge la amenaza inmediata de autoritarismos de diferente signo que quieran imponer sus propias visiones de país.


O bien puede ser que se imponga la institucionalidad y que prime la razón y se aisle a los extremistas anarquistas y los políticos que irresponsablemente les han hecho el juego, para generar un gran acuerdo social que cambie, o se introduzcan cambios sustantivos al sistema neoliberal de capitalismo salvaje, entrando nuestra sociedad a la era de un Estado Democrático Descentralizado, que asegure una distribución más equitativa de la riqueza, que sea probo, moderno, con una efectiva capacidad de indicar los caminos del desarrollo, con participación ciudadana, seguridad y transparencia. En este escenario, el movimiento social debería capitalizar lo avanzado, principalmente para generar una nueva fuerza política, que se inserte en el sistema para cambiarlo desde dentro. Nuevos liderazgos que estén alejados de compromisos con el estatu quo, que sean libres para introducir cambios por el camino de crear una nueva mayoría, tan amplia y transversal que sea fuerte para resistir la reacción probable de los que por décadas han monopolizado el poder, con una fuerza de legitimidad que permita realizar los cambios tributarios, previsionales, económicos que permitan llegar al desarrollo, con calidad de vida y humanidad.


La gran cuestión para este escenario es si los jóvenes serán capaces de tomar la posta, convertirse en ciudadanos y ser capaces de hacerse cargo de la nueva política, sin caer en las tentaciones y corrupciones con que intentará desorientarlos o manejarlos el poder. La gente quiere respeto a los caminos democráticos para realizar dentro de la ley y en paz, los cambios verdaderos a un sistema agotado.
Periodismo Independiente, Una mirada libre a nuestro entorno.

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