21 de marzo de 2011

Una puerta (entre)abierta. Reseña de la exposición de Julião Sarmento en el CAC de Málaga.

21/03/2011
Carlos G. de Castro

Portada ARTECONTEXTO nº29
Dejar una puerta (entre)abierta: ideas que esperan detrás de cada pieza la mirada del espectador, mostrar sin dejar ver, usar los medios artísticos – todos – para lanzar interrogantes por encima de la acibarada cotidianidad y activar una cascada de significados que se bifurca en infinitas visiones individuales. A un lado de la puerta Julião Sarmento, al otro nosotros y entre ambos, un diálogo que remite al Urúboros del arte, de la vida, y cuyo escenario será el CAC Málaga hasta el seis de marzo de 2011, para itinerar después a Es Baluard, Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma.

La exposición, a cargo de Fernando Francés, acoge más de medio centenar de piezas pertenecientes a la última década de trabajo del artista portugués. Una completa retrospectiva compuesta por pinturas, dibujos, esculturas, vídeos y collages, prueba de la diversidad de formatos en que se desenvuelve Sarmento, un artista para quién el medio no es otra cosa que una herramienta puesta al servicio del discurso. «No soy un pintor, soy un artista que trabaja con ideas. Lo que me importa es el discurso», afirmaba durante la rueda de prensa, de esta exposición, en Málaga. Discurso que aún siendo opaco funciona gracias a la memoria compartida entre artista y espectador.

A propósito de Las Olas, obra de Julião Sarmento presentada en ARCO’05, escribió José Luís Brea un texto en el que hablaba de la capacidad de la pieza para ejercer como dispositivo-memoria, cualidad clave en la transmisión del discurso del artista y que nace del «juego magnífico de superposiciones eventuales». La multitud de referencias a otras artes o áreas del conocimiento – literatura, cine, psicoanálisis… – más que simples repasos a las inquietudes intelectuales de Sarmento son una summa de imágenes e imágenes-texto, que al combinarse en una mezcolanza de diversas realidades dentro de una obra, dan lugar a una nueva realidad cuyo valor intrínseco es diferente a la suma de los elementos que la componen. Un arte conceptual “iridiscente”, – diferente del arte conceptual analítico, para el cual el significado se consume en la trascendencia respecto al objeto designado –, donde queda implícito pero no convencionalmente fijado su significado y por tanto éste no se consume. Evidentemente, un arte tan complejo necesita de una bisagra para funcionar y ésta no es otra que la memoria, las vivencias y conocimientos previos del espectador, sin la cual el dispositivo-memoria no se activa.

Al tiempo que diferentes sistemas de representación interactúan simultáneamente y sin jerarquías dentro de las piezas, caso de lienzos como Amis (2008) o Bukowski (2008) donde se superponen pintura y texto, en el contexto de la muestra las obras, dispositivos abiertos, entablan relaciones entre ellas que, a un nivel diferente, también influirán en la visión del espectador. El universo de la exposición, aparentemente cerrado, se expande y continúa “más allá”. Una diminuta pieza, observable únicamente a través de un minúsculo orificio horadado en muro, situada por tanto fuera de los límites físicos de las salas, lo ejemplifica muy bien. Se trata de la vídeoinstalación Voyeur (2007), una pequeña pantalla, poco mayor que la de un teléfono móvil, en la que, durante catorce minutos ininterrumpidos, el fisgón que pegue su ojo a la pared contemplará una grabación donde se irán alternando fragmentos de las escenas más sádicas de Salo de Passolini con bucólicos paisajes silvestres.

¿Quién sabe qué asociaciones se darán en la mente del anónimo voyeur y a dónde le conducirán sus pasos, toda vez que ya ha atravesado el umbral de la puerta…?

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