7 de marzo de 2011

Objetivo del año 2011: Justicia en la RDC

07/03/2011
Estrella Sendra / Redacción

Fotografía: Walter Astrada, fotógrafo argentino galardonado con el
premio World Press Photo 2009 en la categoría "Spot news story"
Es costumbre plantearse objetivos la nochevieja de cada año. Es costumbre, también, olvidarlos, cuanto más si escapan de lo más inmediato y cotidiano. Entre marzo de 1993 y junio de 2003 más de cuatro millones de congoleños, la mayoría hutus [1], murieron en la República Democrática de Congo. Siete años después, Naciones Unidas publica por fin, el 1 de octubre de 2010, la versión final del informe realizado por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Así, deja constancia de hechos perfectamente calificables como genocidio y señala como principales responsables a Ruanda y Uganda. Esta primera medida de denuncia y actuación contra la violación de los derechos humanos que sufrió la población congoleña no debe ser más que una invitación a la implicación de la sociedad internacional para acabar con un conflicto transnacional.

En la República Democrática de Congo, cuyo Jefe de Estado es Joseph Kabila, los ciudadanos han salido a la calle para manifestarse contra el presidente de Ruanda, Paul Kagamé, del Frente Patriótico Ruandés (FPR). Este partido, apoyado por Museveni, lo formaron refugiados tutsis [2] en Uganda, quienes tomaron el poder el 1 de octubre de 1990, apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña. El conflicto étnico se remonta a 1959 y se acrecienta el 1 de julio de 1962, con la independencia de Ruanda y la llegada al poder de los hutus. Ante la masacre organizada por los tutsis, los hutus reaccionaron con una violencia de no menor escala, creando la brigada extremista interhamwe. La actuación de ésta alcanzó su clímax de brutalidad cuando en abril de 1994 los presidentes de Ruanda y Burundi murieron como consecuencia del bombardeo del avión en el que viajan al aterrizar en Kigali, capital de Ruanda. Fue el Frente Patriótico Ruandés el que lanzó el misil, sin embargo, hasta hoy, la opinión pública y los medios de comunicación apoyan al presidente ruandés que lo lidera.

La violencia ruandesa se trasladó a la RDC, uno de cuyos escenarios de la masacre fue el desfiladero de Rushima, donde los soldados del FPR ametrallaron a 500 personas el 22 de octubre de 1996, año de la invasión, cifra aún insignificante comparada con la final, si es que se puede hablar de final. El informe publicado por Naciones Unidas detalla cifras y responsables del genocidio y describe las violaciones cometidas en la RDC entre 1993 y 2003, año en que se firmó la “paz” en Sudáfrica. Pero no se pierda de vista que, entre el reconocimiento internacional del presidente ruandés, Kagamé, el mismo secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, le nombró en junio de 2010 co-presidente de la comisión de seguimiento de los Objetivos del Milenio (junto con Zapatero).

La publicación del informe, de 545 páginas, de la ONU demuestra la voluntad de la sociedad internacional de dejar de cerrar los ojos ante lo ocurrido. Ruanda reacciona negando la mayor y achacando el fallo a la descontextualización. Kinshasha, por su parte, se compromete a acabar con la impunidad. ¿Llevarán a Kagamé y sus comandantes a los tribunales de justicia internacionales? Tal vez éste pueda ser el objetivo del año. Dada la magnitud de conflictos internacionales, no puede ser algo demasiado ambicioso. Una vez más, la pregunta es si ello dependerá de Estados Unidos.


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[1] Los hutus son de raza bantú. Dedicados tradicionalmente a la agricultura. Llegaron a Ruanda siglos antes que los tutsis, dirigidos por el rey Mwami. Representan el 85% de la población del país.
[2] Los tutsis son raza nilótica. Llegaron en el siglo XIII. Eran pastores y nómadas. Pronto se convirtieron en militares muy bien organizados. Representan el 14% de la población del país. 

Texto publicado en el cuarto número de la revista NOTON (febrero - abril)

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