4 de febrero de 2011

Egipto cuenta las horas de Mubarak

04/02/2011
F. Javier Aguayo
Originalmente en Diagonal

Tras las grandes marchas del 25, 28 de enero y el 1 de febrero, los egipcios esperan la caída del dictador que ha regido el país con mano dura durante 30 años.

Cuando el 14 de enero Zine el- Abidine Ben Ali huía de Túnez tras 23 años de férrea dictadura, nadie podía imaginar que apenas diez días después, el régimen dictatorial del país árabe más poblado estaría tambaleándose. Lo que comenzó con una convocatoria a través de Facebook del grupo Jóvenes del 6 de Abril, colectivo de activistas egipcios en la red que desde hace tres años se han convertido en un grupo opositor fuera de los partidos tradicionales, se transformaba, una semana después, en una marcha de millones de personas por las principales ciudades egipcias, con una única reivindicación: “Abajo el régimen de Mubarak”.

Los jóvenes abren camino
“Han sido los jóvenes, aquellos que no han conocido otro presidente aparte de Mubarak, los que se han cansado de no tener ningún tipo de esperanza”, afirma Mona Eltahawy, politóloga egipcia y columnista de varios medios internacionales. Tras 30 años de Gobierno de Hosni Mubarak, todos ellos bajo un estado de emergencia, que permite arrestar indefinidamente y prohibir sin justificación cualquier manifestación pública, en los últimos años las manifestaciones que exigían mejoras salariales se producían casi a diario.

“Sin embargo, el 25 de enero fue diferente, ya que es la primera vez en 30 años que se hacía una manifestación por motivos políticos, exigiendo libertad”, afirman desde el grupo Jóvenes del 6 de Abril. Desde entonces, se ha producido más de una semana de movilizaciones a la que, poco a poco, se han ido sumando el resto de partidos y movimientos opositores.

El papel de la oposición
Aunque ningún partido político se sumó a la convocatoria de la primera gran manifestación, e incluso se exigió desde los convocantes que no se mostrara símbolo político alguno, el éxito de la misma derivó en un apoyo masivo para la gran manifestación del viernes. La reacción de Mubarak tras la gran movilización fue la destitución de todo su Gobierno, la imposición del toque de queda desde las 16.00h y la salida del ejército a las calles.

El ex ministro de Interior habría ordenado la liberación de los presos de varias cárceles para sembrar el pánico

No obstante, la oposición política ha logrado formar una alianza “bajo el principio mínimo del rechazo a la figura de Mubarak y la exigencia de unas elecciones libres y democráticas”, y en torno a la figura de Mohamed al Baradei, líder de la Asociación Nacional por el Cambio y antiguo secretario general de la Agencia para la Energía Atómica de la ONU, quien regresó a Egipto tras dos días de movilizaciones. Con el apoyo de los Hermanos Musulmanes, todos los partidos de la oposición y los movimientos sociales, Al Baradei ha llevado a cabo “conversaciones con el ejército para preparar la transición sin tener en cuenta a Mubarak, cuyo régimen tiene que terminar”, según afirmó el opositor egipcio al dirigirse a miles de manifestantes en la plaza de Tahrir, centro neurálgico de las movilizaciones.

“Aquí nosotros somos la policía”, con estas palabras, mezcla de euforia y orgullo, Ahmed Essam, un joven ingeniero del barrio acomodado de El Maadi, al sur de El Cairo, ponía de relieve el sentimiento de los grupos de vecinos que en las calles de las principales ciudades egipcias han decidido autogestionar la seguridad de sus barrios al caer la noche. “Aquí no queda ni un policía, y además no los necesitamos, confiamos más en nosotros mismos que en esa pandilla de mafiosos corruptos”, afirma Essam al referirse a la ausencia total de policía desde el viernes 28 de enero, cuando, tras una jornada de intensos disturbios, todas las fuerzas policiales se retiraron de las principales ciudades egipcias. Desde entonces, el ejército ha sido desplegado, si bien en ningún momento se ha ocupado de garantizar la seguridad de los ciudadanos, limitándose a proteger una serie de edificios clave.

Desde la noche del viernes, numerosos grupos perfectamente organizados se dedicaron a sembrar el caos en El Cairo y Alejandría. “Van en motocicleta y se comunican unos con otros; cuando ven que un edificio no está protegido, acuden y empiezan a hacer un ruido terrible sin robar nada”, afirma Maha, residente de un barrio céntrico de El Cairo. Hasta el momento, las informaciones acerca del origen de dichos grupos son confusas. Algunos acusan al dimitido ministro de Interior, Habib Al Adly, de ordenar la liberación de internos de varias cárceles con objeto de sembrar el pánico. Lo único cierto es que, según Al-Yazeera, varios de los detenidos por el ejército eran miembros de la policía.

“La reacción de unión de los vecinos frente a estos actos me reafirma aún más en la idea de que debemos dejar de hablar de crisis y caos y referirnos a lo que está pasando en Egipto como rebelión y levantamiento”, afirma la columnista Mona Eltahawy. Tanto EE UU como la UE, aliados de Mubarak, se han mostrado tímidos a la hora de definirse. Mientras los líderes europeos sólo exigen “elecciones libres”, las declaraciones Hillary Clinton hablan de una “transición democrática y ordenada”, dando a entender que las horas de Mubarak podrían estar contadas.

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Sobre la Revolución egipcia.


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