12 de enero de 2011

China comienza el rescate a España

Originalmente ATTAC
8 de enero de 2011
Gregorio López Sanz – ATTAC Albacete

Los estados, como las personas, son entes de costumbres. Y estos días toca cumplir con la tradición y la magia de los Reyes Magos.

Cuando como sociedad hemos renunciado a un sistema impositivo progresivo que grave más intensamente las rentas altas y los beneficios de las multinacionales, y que además desmantele los paraísos fiscales y ponga límites a la desigualdad, ¿hay algo más mágico que pedirle a los Reyes más dinero para seguir consumiendo por todo lo alto y hacer frente a deudas públicas y privadas desbocadas? Este año, más que nunca, los Reyes vienen de Oriente, del Lejano Oriente.

La delegación de alto nivel del Gobierno de China que estos días está visitando España se ha comprometido a que China continuará comprando deuda pública española en el futuro. Y es que, en 2009, en términos de balanza comercial, España exportó bienes a China por importe de 2.000 millones de euros, mientras que importó por valor de 14.500 millones de euros (es decir, 7 veces más). Parece de sentido común. Si yo no paro de comprarte y favorezco así tu crecimiento, que menos que si ahora paso por malos momentos financieros, me eches una mano: la rueda (mejor dicho, la apisonadora) de la producción y el consumo.

Como China tiene superávit comercial con la mayor parte de los países del mundo, su Banco Central, controlado por su Gobierno, atesora ingentes cantidades de divisas, es decir, de moneda extranjera. Este exceso de divisas lo invierte comprando activos financieros, especialmente deuda pública (de EE.UU y España, entre otros). Así se habla de fondos soberanos cuando un estado acumula importantes cantidades de divisas como consecuencia de la venta de materias primas de su propiedad (caso de países petroleros) o de superávits comerciales permanentes en países de economía centralizada (caso de China).

La paradoja es que China (un país de economía centralizada y con una renta per capita 5 veces menor) será el país encargado de evitar el colapso de la deuda española, y por tanto, de alejar mientras se pueda el desembarco del FMI en España. Parece que algunas empresas con sede social en España, pero con filiales en todos los paraísos fiscales (BBVA, Repsol) también han entrado en la operación para explotar aún más Latinoamérica de la mano del capital chino (“cooperación estratégica” que dicen algunos/as).

Así describe un periódico de tirada nacional el acontecimiento: “Li Keqiang, viceprimer ministro chino y firme aspirante a convertirse en 2013 en jefe del Gobierno de la segunda potencia economía del mundo, fue recibido ayer como un nuevo mister Marshall en Madrid, primera escala de una gira europea que le llevará también a Reino Unido y Alemania. El Rey -que celebraba su 73 cumpleaños-; el presidente José Luis Rodríguez Zapatero; los ministros de Industria y Asuntos Exteriores, Miguel Sebastián y Trinidad Jiménez; además de la flor y nata del empresariado español agasajaron al mandatario y a su comitiva, de la que forman parte directivos de 40 compañías” (El País, 6-1-2011).

Parece que en la visita sólo se trataron temas económicos. Los derechos humanos, la venta de armas a China y otros asuntos que de verdad afectan a los más desfavorecidos, se dejaron para mejor ocasión. Y es que ahora, los ciudadanos/as de este país somos siervos, y hacemos reverencia al poderoso caballero “Don Dinero” (China), porque nos hemos metido hasta el cuello en una dinámica basada en el consumo disparado y disparatado (de bienes, servicios e inmuebles), en el crecimiento porque sí, en la venta de lo público al mejor postor y en la renuncia a la soberanía en política económica. Ahora no nos queda más que poner una alfombra roja (a más inri) para que el gran capital siga dando pasos de gigante en la tarea de desvalijar las arcas públicas y precarizar aún más la vida de la gente.

Claro, que puestos en metáforas de rescates, la salvación del náufrago pasa por dos opciones. Nadar hacia alta mar atraído por los cantos de sirena de unos mercados embaucadores y allí hundirse una vez exhaustos. O bien, mirar en derredor y cambiar el rumbo de nuestro esfuerzo hacia la playa de una isla cercana, donde desconectar y aprender a vivir con menos,…pero vivir, de pie, que no arrodillados.

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