18 de diciembre de 2010

¿Está lo documental en crisis?

18/12/10
“Cada fotografía es, en realidad, un medio de comprobación, de confirmación y de construcción de una visión total de la realidad. De ahí el papel crucial de la fotografía en la lucha ideológica. De ahí la necesidad de que entendamos un arma que estamos utilizando”
John Berger, Entender una fotografía, 1968.
Texto/Fotografía Pablo Cousinou
Coordinador Docente de Curso de Experto Universitario en Fotoperiodismo y Fotografía documental (ver blog)




















Para indagar en esta cuestión, la vigencia de lo documental como narración de los aspectos significativos de una determinada realidad, y en el contexto de la actual crisis económica y de la radical transformación que están experimentando los medios de comunicación, - hace unos días, con motivo de la celebración en Cádiz del Congreso Mundial de Periodismo, el secretario general de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), Aidan White, aseguraba que “el periodismo pasa por una de sus mayores crisis, una situación que ha llevado al paro a unos 100.000 reporteros en los últimos tres años”- , nos detendremos en el papel que desempeña en la actualidad la imagen en los medios de comunicación y especialmente en el ámbito de la prensa escrita.

Cabe destacar los siguientes aspectos como sintomáticos de la situación de transformación que atraviesa el sector*.

En primer lugar, asistimos a una cada vez mayor concentración de los medios de comunicación en manos de grandes grupos financieros que controlan numerosas cabeceras, cadenas y emisoras que priorizan ante todo sus intereses económicos, sobre el propio ejercicio del periodismo o el derecho a la libertad de información.

Se observa la frecuente exclusión de testimonios gráficos de elevada calidad – es llamativa su progresiva desaparición de la agenda de los magazines dominicales - por su impacto en la población y en la conformación de una opinión pública con contenidos que pueden no ser acordes con los intereses económicos del propio grupo empresarial o por extensión de las empresas anunciantes en el propio medio que harán valer su influencia para obviar cualquier información incómoda.

La situación de marginación de estos contenidos en las redacciones de periódicos y revistas se traduce en la infravaloración económica de la profesión, maltratada y reducida a secciones cada vez menores, con menor número de fotoperiodistas y en peor situación laboral.
Por otro lado, nos encontramos con una cada vez mayor restricción a fotografiar en determinados ámbitos: muy especialmente en situaciones de guerra. Se justifica la restricción informativa en nombre de la protección de la imagen de las víctimas, pero en realidad se debe a la complejidad de los intereses en juego y el elevado coste de los mismos. Cabe citar asimismo, cómo en las sociedades occidentales, paradójicamente cada vez más videovigiladas, la proliferación de los derechos de protección de imagen de los ciudadanos entra en conflicto en ocasiones con el derecho a informar. 


Hay numerosos aspectos más a tratar, la sustitución de valores colectivos por aquellos que apelan al egocentrismo del lector, la ascensión de los contenidos y la estética people en la prensa diaria, la aportación desde postulados académicos y en relación a la corriente del posmodernismo del término posfotografía, con una intencionada carga desarticuladora del carácter testimonial de la imagen informativa, la telebasura y su traslación al mundo de la imagen en prensa, donde se subliman valores vinculados a lo espectacular frente a valores informativos…

Desde las series de retratos de tipos sociales realizados por August Sander y considerados “depravados” por el ejército alemán, a la sustracción de todo el material fotográfico y audiovisual a los activistas y periodistas que iban en misión de paz a Gaza a bordo de la denominada flotilla hace un par se semanas, el poder se a interesado siempre por controlar el sentido de la información. Algún valor tendrán estos testimonios gráficos cuando tanto empeño se pone en su supervisión y control.

Se deriva pues que lo documental no está en crisis sino tan sólo ensombrecido por los intereses de mercado. Muy al contrario, la práctica discursiva de lo documental es hoy día más necesaria y hay más recursos para hacerla posible que nunca.

Todos estos factores no son inocentes, y de ellos subyace un discurso interesado en la anulación de la función social del fotoperiodismo como práctica profesional al servicio de la libertad de información.

Lo que está en juego es, en definitiva, una concepción enfrentada de la información y por ende de la cultura y el conocimiento como formas de liberación o por el contrario como entretenimiento de las masas, como modo de control social y desarticulación del poder de la ciudadanía en la sociedad democrática. 

Artículo Publicado en la Revista NOTON nº3, Octubre 2010
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* Se ha tomado como referencia las obras de Pepe Baeza, "Por una función crítica de la fotografía de prensa" Gustavo Gili, Barcelona 2001, así como su artículo publicado en Le Monde Diplomatique en español nº 166, agosto 2009, con el título "Fotografía documental: decreto de crisis".

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