1 de abril de 2009

De diálogo y dialogar



diálogo. (según RAE)
(Del lat. dialŏgus, y este del gr. διάλογος)
1. m. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos.
2. m. Obra literaria, en prosa o en verso, en que se finge una plática o controversia entre dos o más personajes.
3. m. Discusión o trato en busca de avenencia.
Este sermón habla del hecho de dialogar, de su sentido, de las barreras que puede superar y de las que le son infranqueables.
Empezaré con una decimonónica cita tomada del blog de mi querido amigo Aureliano, quién en su bitácora recoge la siguiente frase de Víctor Hugo "Nada es tan estúpido como vencer. La verdadera gloria está en convencer". Y hoy, yo he sido vencido y además fracasé en el hecho de convencer. Así, dos veces derrotado me dirijo a vosotros, por tanto como a cualquier ofendido no me toméis demasiado en serio.
Este texto no va a ser un buen texto, pero me servirá en el futuro. No será un buen texto porque va a estar escrito desde un sutil desánimo que se transforma intermitentemente en ira.
IRA - DESÁNIMO - IRA - DESÁNIMO - IRA - DESÁNIMO - IRA - DESÁNIMO
Además, os repito que quizás como buen ofendido solo quiera una oreja donde derramar mi enfado.
Empecemos con la pedantería. En académico y decimonónico discurso, escuchando el Concerto grosso de Coreli opus. 6 nº 8 en Sol menor, este discurrir da su salida.
Sobre el diálogo "Llanto y pataleta de un hombre ilustrado".

¿Cómo hablar con alguien cuya concepción del mundo está a 180º de ti? Mi experiencia está marcada por dos soluciones.

La primera de ellas es el uso de la tolerancia y la transigencia. Pero si echamos mano al diccionario vemos enseguida que esto nada tiene que ver con el hecho de dialogar. Tolerar es soportar, resistir. Transigir es literalmente consentir algo que no se cree justo. Por tanto esta actitud tolerante y que transige no es otra cosa que represión y sometimiento a una voluntad con la que no se está de acuerdo. Esta actitud solo está justificada por acontecimientos ajenos a lo que se discute, por tanto la cesión que se hace no se basa en un convencimiento sobre el asunto tratado. Esta actitud se justifica en querer evitar el resultado de la defensa de la propia postura. Es decir la tolerancia y la transigencia se usan por miedo a represalias, por no querer ofender o por interés personal. Solo la segunda opción y únicamente en determinados casos está justificada.

La segunda opción que conozco es usar la fuerza. El uso de la fuerza nunca está justificado de manera inicial, pero como contraofensiva estoy dispuesto a admitir que es mejor qua la primera opción.

La triste conclusión de mi experiencia es que cuando con alguien existen diferencias que no son coyunturales, sino estructurales en realidad lo único que se puede hacer es someterse a la voluntad del otro, aniquilarlo o quizás la mejor opción que conozco ignorarlo (tolerarlo / torearlo). Desde luego nada de esto me gusta, lo ideal sería llegar a puntos comunes y construir una convivencia solidaria, pero no he encontrado formas para ello.

A lo mejor solo podemos soportarnos.

Pero vamos a intentar creer que dialogando podemos llegar a entendernos con cualquiera, aunque la propia proposición resulte estúpida y por su candidez propia de un cristiano (de los buenos, de los tolerables).
Para la RAE el término dialogar está muy delimitado, se necesita que dos o más opiniones se expresen alternativamente en busca de consenso. Un convencimiento expresado en que las partes aceptan de manera honesta la interpretación del otro, la comparten y la comprenden. Tolerancia y transigencia no son el objetivo del diálogo.

Puesto que ninguna persona sensata aceptaría de manera espontánea una idea absolutamente contraria a su opinión, sobre todo cuando se trata “una cuestión de principios”. ¿Qué sentido tiene el diálogo entre individuos cuyos principios son contrarios o incluso excluyentes?

Cuando el diálogo tiene sentido es cuando tratamos con personas afines o cuando tratamos temas que ponemos manejar de una manera objetiva. Podemos convencer porque sabemos más que una persona sobre un determinado asunto y esta lo acepta, podemos convencer cuando aportamos una visión sobre un tema que la otra persona reconoce que es innovador y que mejora su opinión anterior. Pero todas estas opciones de convencimientos son sobre temas coyunturales, cuando como hemos dicho las diferencias son estructurales realmente no creo que se pueda llegar a convencer.

Está conclusión es muy triste, pues nos condena a vivir en compartimientos estanco, quizás en guetos. ¿Pero quiere usted vivir al lado de alguien a quien detesta?

El problema de lo que se propone en el texto es absolutamente antidemocrático y para algunas personas seguramente inmoral.

Lo aquí se plantea es solo un esbozo sobre la utilidad de dialogar. Una actividad que solo puede ser realmente llevada a cabo con personas de naturaleza a fines. Con el resto de personas en realidad solo podemos negociar que es un concepto absolutamente diferente.

Como conclusión decir solo, que lo que planteo de esta manera poco es la hipocresía de decir que la democracia se basa en el diálogo. Voy en contra de la política de los buenos modos y el buen talante que solo se explican por la falta de ideología y de compromiso.

La demagogia oficial solo hace repetirnos una y otra vez que el diálogo es el cimiento de la democracia, que tenemos que ser dialogantes. Pero es una máscara, una como otra cualquiera. Lo que se llama democracia es el mantenimiento de una clase dirigente que a través de discursos demagógicos se sostiene por apoyo popular.

La democracia no se basa en el diálogo, sino en la negociación y el problema de la negociación es que es siempre interesada.

Un saludo y prometo volver con las ideas más ordenadas.





5 comentarios:

  1. José Juan del Valle Ramírez1/4/09 8:25

    Hola Carlos, interesante reflexión, pero pienso, falta considerar el diálogo como Dialéctica.

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  2. Tienes razón, la verdad es que era un texto rápido que quería sacar. Si consideramos el diálogo como parte de la dialéctica desde un punto hegeliano, el dilema que se plantea quedaría resuelto a través de la síntesis de la tesis y la antítesis.

    De todas maneras sigo pensando que cuando las diferencias con alguien son estructurales y no dependen del contexto, el diálogo es muy difícil. En tal caso quizás pueda sustituirse por una negociación.

    Un saludo José Juan.

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  3. José Juan del Valle Ramírez1/4/09 14:48

    Hola Carlos de nuevo. Siempre que sale este tema tengo a recurrir al ya famoso ejemplo que igual conocerás, de los dos cocineros en disputa por un limón. Este ejemplo se utiliza mucho para explicar el Empowerment que mal traducido podría significar algo así como empoderamiento o suma variable, que viene a ser algo así como ganar poder cediendolo, tambien recogida en la Teoria de Juegos. Pero bueno sin entrar en demasiados detalles siempre que se plantea un conflicto hay que entenderlo como una lucha de poder pero que muchas veces no queda claro que es lo que quieren conseguir las partes. Como en el conflicto de los dos cocineros que ninguno sabía para qué queria el otro el limón. Al final el mediador preguntó a cada uno para qué queria el limón y uno dijo para obtener el zumo y el otro queria la piel. En este caso sólo fue necesario conocer cual era el centro de interés de cada uno para resolver el conflicto. Jhon Nash explico el conflicto con la metafora de la partida de ajedrez en que dos contrincantes ganan y no hay empate. En resumen la percepción de vencer o convencer es relativa porque de lo que se trata es que ambas partes consigan lo que quieren obtener aunque para ello tengan que ceder parte de lo que tienen. Obviamente hay situaciones donde la desigualdad de poder es tan extrema que se hace imposible cualquier negociación y hay que recurrir a la presión por otras vias, caso de la negociación colectiva de un convenio laboral.

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  4. No conocía el ejemplo de los cocineros, es interesante. Pero cuando las diferencias son sobre los principios ¿que se hace?

    Por ejemplo, ¿cómo conseguir que los católicos acepten la tan necesaria ley del aborto? Este es el tipo de situaciones a las que yo me refiero.

    Un saludo y muchas gracias por tus comentarios.

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  5. José Juan del Valle Ramírez2/4/09 8:13

    En una situación como la que describes, de cara a cara, donde se plantean principios ideológicos irreconciliables, es difícil llegar a un acuerdo, pero si al entendimiento y como decia en mi comentario anterior, la cuestión de vencer o convencer es relativa, osea subjetiva. Pero siempre es bueno objetivizar la realidad en el juego de la intersubjetividad y en ese terreno la izquierda (la Izquierda que plantea el valor de la Igualdad)siempre cuenta con argumentos más sólidos sobre el derecho a la vida y como decia Machado, "la verdad no, la verdad, la tuya guardatela y ven conmigo a buscarla". Historicamente, el aborto en sus formas más aberrantes, fueron realizados precisamente por las clases altas que utilizaron precisamente iglesias y conventos para ocultar a la opinión pública lo que siempre ha sido un secreto a voces, los embarazos no deseados de las hijas de la aristocracia y los miembros de la iglesia. Han sido muchos los hallazgos de cadaveres de recien nacidos emparedados en iglesias y conventos después de alguna reforma arquitectónica que han puesto al descubierto los horrores cometidos por los puros de corazón y conciencia. A medida que la burguesia fue ganando terreno a las fuerzas conservadoras del Antiguo Regimen, el aborto se fue generalizando entre la nueva clase dirigente. De hecho, muchas familias adineradas españolas llevaron a sus hijas a abortar a las clinicas privadas de Holanda, Inglaterra, etc. cuando en España todavia el aborto estaba prohibido. El problema que se planteó para resolver este dilema a los que dicen defender el derecho a la vida, es la vida de quien? porque las que estaban muriendo abortando eran muchas mujeres jovenes que se encomendaban a curanderas que les provocasen abortos con el famoso método de la ramita de perejil. En fin, mujeres que morian desangradas a causa de fuertes hemorragías e infecciones y sin asistencia médica, claro está estas que no morian no eran las hijas de la burguesia y la aristocracia, sino de las capas sociales más desfavorecidas. Es complejo definir el derecho a la vida, a la vida digna, a una vida que merezca ser vivida. Hay otro aspecto en las contradicciones que plantean los católicos como es el estudio y aplicación de celulas madre para la curación de algunas enfermedades y salvar vidas a la postre, o el uso de medios anticonceptivos para prevenir enfermedades infecciosas, como el SIDA, etc. etc. Por tanto Carlos, lo que interesa es mantener firmes los principios cuando estos tienen una fuerte base ética de defensa de la vida y poner a cada cual en su lugar, no sólo en el presente, sino en la Historia.

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