4 de noviembre de 2008

El Caballo Azul. (ACTO I)

Franz Marc. Caballo Azul. 1911


En un secreto valle, perdido en la intimidad de unas lejanas montañas había un río circular, en cuyo interior parecía flotar una pequeña ínsula ovalada, de espíritu alegre e inocente belleza.


En su centro había un manzano, un manzano normal y corriente, pero que al ser el único árbol de la isla y estar plagado de deliciosas manzanas verdes, rojas y amarillas, tenía un aspecto magnífico y bello. Estaba este árbol rodeado de una fresca y deliciosa hierba, tupida y húmeda, de buen olor y fuertes raíces, hermoso tapiz verde salpicado de olorosas flores.


De aquí para allá revoloteaban mariposas y pequeñas aves, había polen para todos, y unos y otros disfrutaban en paz y armonía del delicioso festín. En esta flor una joven mariposa de alas azules se afana en recoger el polen con su alargada trompa, en aquella otra un virtuoso colibrí absorbe néctar mientras es observado de cerca por unas curiosas abejas.


Los días eran largos y soleados, y las noches cortas y serenas. Imperturbable era la paz que parecía irradiar la ínsula ovalada. Todo en ella era puro e inocente, todo en ella era nuevo y rebosaba de alegría, más la isla tenía un terrible defecto que emanaba directamente de su virtud, era vulnerable.


La ínsula ovalada solo conocía la felicidad, por eso nunca había tomado precauciones para la tristeza, siempre había vivido en amistad con su vegetación y sus animales, ella daba cobijo y calor, y a cambio recibía el amor de todos sus habitantes.


Más un día ocurrió el desastre. De las cercanas montañas, a la velocidad del rayo y haciendo un ruido atronador llegaron unos nuevos visitantes, las avispas. Llegaron en decenas, dirigidas por una horrible y obesa reina. La isla no volvería a ser la misma.


Pronto instalaron su avispero en una de las ramas del manzano, de inmediato comenzaron a extenderse cual plaga, expulsando sin contemplaciones a todos los demás animales de la isla, picoteando los frutos del manzano y dejándolos pudrir en el suelo, saqueando y arruinando las flores con una glotonería insaciable.


De la noche a la mañana el aspecto de la isla cambió radicalmente. Lo que una vez fue un pequeño paraíso era ahora una tierra devastada, guardada celosamente por unas avispas fieras y guerreras.


Si alguna vez una despistaba abeja se acercaba a las inmediaciones de la isla, era atacada.


Si una osada vaca se atrevía a cruzar el estrecho río y trataba de saborear la deliciosa hierba, era atacada sin remedio.


Las avispas mandaban, ellas eran las insensatas dueñas y a su cruel gobierno estaba sometida la ínsula, no había nada que hacer, las avispas mandaban.


No había nada que hacer... Hasta que un día apareció el caballo azul.


La noche antes hubo una gran tormenta que agitó violentamente las ramas del manzano, zarandeando con fuerza el panal de avispas, que aturdidas revoloteaban de aquí para allá enloquecidas por la fuerte lluvia y el implacable viento. Enfurecidas picoteaban las manzanas, peleaban unas con otras y hacían sonar sus tambores de guerra.

Tras la tempestad vino la calma. Al salir el Sol una gran paz inundó toda la isla, el implacable viento se convirtió en una suave brisa y la fuerte lluvia en un dulce rocío.


Las avispas volvieron aturdidas a su panal.


El día transcurrió sin mayores incidentes, como siempre las avispas evitaron la entrada de cualquier invasor y siguieron haciendo su molesto ruido. Al caer la tarde las cosas empezaron a cambiar.


El ocaso fue largo y lento, los últimos rayos del sol se aferraban a la tierra de la isla como intentando permanecer en ella, la brisa cesó bruscamente y la atmósfera se volvió pesada. Parecía que la propia naturaleza se estaba preparando para un cambio brusco.


Las avispas seguían haciendo ruido en su panal ajenas a los cambios.

A la salida de las primeras estrellas apareció el caballo azul, alzándose majestuoso sobre una enorme roca frente a la isla.


Sus pezuñas eran fuertes y oscuras como la noche profunda, libres de herraduras y firmes en el suelo. Sus miembros endurecidos por un pasado de esfuerzos y aventuras, eran fuertes y esbeltos, rápidos como el viento y amantes de la libertad. El cuerpo alargado y sinuoso, era bello, moldeado por siglos de sol y de lluvia y agitado por el viento de todos los caminos, estaba acostumbrado a pesadas cargas y paseos ligeros. Largo y sedoso el pelo, rebelde como su espíritu y de luminoso blanco, el mismo que el de una Luna Llena. La cabeza, sustentada por un poderoso cuello, era alargada y de rasgos afilados, en ella destacaban unos profundos ojos negros, de mirada penetrante y eterna, rebosantes de sabiduría y de paz, puertas hacia un alma vigorosa y misteriosa, que se encontraba por encima del bien y del mal. Su espíritu era libre y rebelde, la piel azul y solo amaba la vida.


Largo tiempo pasó observando desde roca la ínsula ovalada y en su corazón sintió amor al vislumbrar su pasado e inmediatamente se llenó de pena por el estado actual.


Charly García.

Advertencia: Intentad no tomar este relato de manera absolutamente literal, de lo contrario no vais a entender todo lo que quiero decir, si abrís los comentarios podréis leer una explicación del sentido que yo le doy al texto. ¡Salud notónidas!

7 comentarios:

  1. Me has dejado con las ganas de ver como el caballo azul expulsa a las malévolas avispas!

    Acto II ya!

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  2. Todavía no está escrito jeje.

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  3. ACLARACIÓN IMPORTANTE PARA EL QUE QUIERA ENTENDER EL RELATO.

    Por cierto Dalven. ¿Quién te ha dicho que el caballo azul va a expulsar a las avispas? Quizás si quizás no.

    Ya que estamos te explico un poco de que va la historia antes de que la peña empiece a entenderla de manera literal.

    La isla circular florida y maravillosa que es tomada por las avispas no es otra cosa que el alma humana. Las avispas son los miedos que nos dominan y que pueden llegar a controlar totalmente nuestra alma volviéndola gris, cruel y fría, eliminando tanto nuestra libertad como la posibilidad de ser feliz.

    El caballo por lo tanto debemos entenderlo como todo lo positivo que hay en nosotros, el caballo es la fuerza vital que anida en nosotros y que lucha contra los miedos.

    Así partimos de un momento inicial de pureza (podéis llamarlo infancia), que se corrompe en un determinado momento y es invadido por los miedos (las avispas), perdiendo sus cualidades primigenias, cayendo en una larga noche de oscuridad, de no verdad.

    La cuestión principal sería un retorno (el eterno retorno) al estado primigenio, para lo cual hay que fortalecer al caballo azul (que como hemos dicho antes es todo lo bueno que hay en nosotros), para que él pueda expulsar a las avispas y redundar un estado de plenitud perdido.

    Así la perfección sería volver al estado inicial del alma pero esta vez contando con la protección de nuestra propia fuerza interior, el caballo que impediría su vulnerabilidad.

    De todas maneras como te digo al principio no está claro, de verdad que no se si el caballo vencerá o será derrotado.

    Cómo dijo Fiódor Dostoievski "el corazón humano es el campo de batalla entre Dios y el Demonio".

    Un abrazo!!

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  4. Pues si..., a mi el relato me recuerda ¿Tal y como te dije en cierta ocasion? a esos sueños que se tiene durante las noches de verano, justo cuando el termometro alcanza los 43 grados, y las sabanas, apelmazadas ya por el sudor y el etereo cri cri de los insectos, nos convierten en solitarios sonambulos. Desde mi punto de vista, el texto es lento, abotarga, y se hace de dificil lectura. Por otro lado, la carga simbolica, que a mi me recordaba "Vaginas y falos encendidos" es muy bella. Yo, probaria a nombrar toda esa fauna alquimica en un borrador. Segun Jung,y Levi-Strauss,el pensamiento mitico, solo surge cuando los objetos, por fin son bautizados con un nombre, asi, solo cuando son nominados estos adquieresn verdadera entidad. La anonimia pertenece al reino de las sombras.
    Y el texto..., no deja de ser un clarisimo mito surgido de la imaginacion profunda.

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  5. Domingo, es que yo soy oscuro jeje. Lo de ponerle nombres a las avispas y al caballo no me convence... Lo siento no veo como podría hacerse.

    Ahora quiero centrarme en un diálogo caballo - reina avispa del tipo Edipo y la esfinge, a ver si se te ocurre algo en este sentido.

    Un abrazo.

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  6. Bueno, yo pensé rápidamente en la Comarca invadida por la hordas de Mordor. Es una analogía fácil, pero en todo caso creo que es justa. Muchas historias se han construído así, con la idea del jardín edénico amenazado por el Ungeheur (el monstruo) de Nietzsche, que es todo aquello ajeno a nosotros, a nuestra casa, y que amenaza con destruir nuestro mundo seguro. Las historias sobre cierto "escondite" que a veces ocupan mi blog tratan un asunto muy similar. Es la infancia rota, la pérdida de la inocencia, el encontronazo con el mundo exterior... Un saludo, Carlos.

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  7. Hola Juan, me alegro de verte por aquí. En cuanto al relato te planteo una cosa ¿qué pasa cuando el enemigo no es externo sino que es una parte de uno mismo?

    El Ungeheur no son mis avispas, mis queridas avispas son tan pertenecientes a la isla como el caballo azul. Quizás confunda que dijera que vinieron desde lejanas montañas... pero mi idea es plantear el conflicto que hay en el alma humana, un conflicto propio. Pero no tanto entre el bien y el mal como entre la represión y la libertad... Todavía no lo tengo maduro.

    Pero esto relato en su forma perfecta debiera ser una declaración de fe.

    Un abrazo.

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