29 de julio de 2008

EL ESCULTOR DE RAÍCES.


Juan en el taller junto a su escultura
Danza de la Cuerda.


Juan Fernández Mayo, nacido en Gerena el 2 de Octubre de 1950, tabernero de toda la vida y escultor, es autor de una obra de gran frescura y simbolismo tallada sobre un peculiar soporte, la raíz. Tras visitar varias veces la taberna donde trabaja (aún sigue siendo tabernero) y expone parte de su obra de manera permanente, me animé a solicitarle una entrevista, (idea que llevaba bastante tiempo rondándome la cabeza) a la que Juan se mostró dispuesto recibiéndome días después una mañana en su taller.


En el taller.


La primera vez que tuve la ocasión de contemplar la obra de Juan Fernández Mayo fue con motivo de una de las cíclicas exposiciones que organiza en su taberna – galería de arte, La Bomba, taberna familiar ubicada en pleno centro de Gerena, en esa exposición pude observar como las raíces se extendían por doquier, pareciendo aquel lugar más que una construcción humana una caverna de tierra, de tierra húmeda y fresca en donde las raíces enredándose y desenredándose daban lugar a figuras de todo tipo.


De pronto, de algún lugar aparecía un águila portando en su pico a una infeliz culebra, mientras desde una estantería un busto de el Quijote nos mira altivo, más allá una explosión de figurillas humanoides entrelazadas, alegoría presentada bajo el goyesco nombre de los “Horrores de la Guerra” se alzan en orgánica torre (donde los ladrillos son los propios cuerpos humanos) hacia las alturas, en algún rincón danzaba un estilizado equilibrista y frente a él un pobre esclavo parecía ascender como si de una estrecha columna de humo se tratase. La taberna entera estaba poblada de fantásticos habitantes, esculturas de todos los tipos, tamaños y formas.


Salvación


Junto a las esculturas se presentaban también sus dibujos y pinturas, dibujos que parecían ser una extensión más de sus raíces, nos cuenta Juan que esto es debido al tipo de papel empleado, un tipo de papel reciclado realizado en el País Vasco, que se asemeja al pergamino y que presenta una serie de fibras, que dan pie a un juego imaginativo muy similar al empleado en su técnica para la talla de raíces. Las pinturas son otra historia, para él la pintura ha sido siempre un refugio de su escultura “ellas me comieron”, son su desahogo, en ellas utiliza una técnica realista próxima al costumbrismo y cargada de color, color que contrasta con la monocromía de sus esculturas y dibujos. Desahogo que por lo demás le ha ido bastante bien “las vendo todas”, comenta entre risas.



El arpa.

Cómo decía la primera vez que contemplé la obra de Juan fue en una de estas exposiciones organizadas siempre “una semana antes de la Semana Santa”, eso fue hace varios años, en aquel entonces yo no estudiaba todavía Historia del Arte, ni siquiera me lo había planteado, pero algo en esas extrañas figuras, semejantes a habitantes de los sueños me cautivó y varias veces, tras ese primer encuentro he visitado su taberna, para rodearme de tan exquisita compañía. Con ocasión de las mencionadas exposiciones, se ofrecen en el local gran número de piezas, tanto de esculturas, como de dibujos o pinturas y a pesar de que muchas de ellas son vendidas y otras van de vuelta al taller, La Bomba alberga una importante colección de forma permanente que yo invito al lector a visitar, aparte de la magnífica colección de escultura (la taberna es prácticamente un museo), en ella se puede disfrutar de buen vino y excelente chacina.


Interior de la taberna La Bomba.


A la hora de hablar del trabajo de Juan lo más original sin duda es la misma materia sobre la que trabaja y de la que ya hemos hablado antes, la raíz, elemento que es el centro de gravedad de su escultura. La labor de este escultor comienza en el campo, siendo el primer paso para su creación artística el de buscar y extraer una raíz idónea para la talla, tarea bastante complicada puesto que en la Sierra Norte sevillana comienzan a escasear los árboles aptos para tal menester, el eucalipto rojo, árbol que por las cualidades de su madera, textura, facilidad de talla, color, resistencia y brillo, es el predilecto del autor. Una vez que la raíz llega a sus manos, sacada por la fuerza del hombre de las entrañas de la tierra el binomio hombre – naturaleza comienza a funcionar. Nos cuenta Juan, aficionado a la pesca desde siempre, que en los largos momentos de espera de esta actividad se acostumbró a mirar a los árboles, proceso de observación de la naturaleza que será fundamental para su posterior trabajo artístico, juego que activará su imaginación, practicando la libre asociación de ideas y de formas, igual que el que busca formas conocidas en las nubes, él las buscará primero en los árboles de su entorno y luego en las raíces que trabaja. Así pues, antes de la talla comienza una lucha con la raíz, proceso basado en la imaginación y del que dependerá el resultado final de la obra, para el autor esta es la fase más dura, reconocer e identificar las formas que la raíz le transmite y componer la escultura, la talla de la misma, último y definitivo paso, una vez compuesta la escultura en su mente no le presenta especial dificultad, es una tarea únicamente mecánica. Durante este proceso, a través del cual Juan da a luz a su obra, la relación hombre – naturaleza es siempre estrecha, el escultor respetará la unidad de su materia prima, no modificando la esencia de la forma orgánica sobre la que trabaja y nunca ensamblando material, quedando al finalizar su trabajo siempre reconocible la forma original de la raíz.


Rincón de La Bomba.


En definitiva su obra es también la obra de la naturaleza, pues al trabajar sobre un soporte orgánico el resultado final de la escultura está totalmente condicionado por la forma que la raíz ha adquirido a lo largo de su vida, en su arduo cavar en busca de agua bajo la tierra.

Al hablar con Juan sobre arte, aparecen una y otra vez en la conversación el nombre de José Manuel Díaz “Vichero”, escultor y fundidor al que el artista gerenero admira y el término neoprimitivismo, movimiento artístico en el que él mismo se inserta, junto con José Manuel Díaz (precursor) y Chiqui Díaz. El neoprimitivismo o animalismo, es un movimiento, según nos cuenta Juan, que busca una vuelta a al principio, la escultura animalista (incluido el hombre) que el a raíz de la cual empezó todo. Pero es un arte renovado, actual, basado en un profundo simbolismo, rasgo que es común a toda la obra de Juan.


Entrada a la taberna.


Pero como dice José Mª Pérez Orozco al presentar a Juan Fernández Mayo, en el catálogo editado para la exposición celebrada hace un año en la Casa de la Provincia, “no es necesario encasillar artísticamente a Juan. Si hubiera que etiquetarlo obligatoriamente habría que buscar un nombre muy compuesto, que abarcara desde el neoprimitivismo al surrealismo, el impresionismo, el romanticismo y unos cuantos ismos más. Pero insisto, ni quiero ni necesito encasillarlo porque sé que Juan no está terminado todavía.”


La obra de Juan, como la de todos los artistas ha nacido para ser contemplada en directo, así pues, este artículo no tiene otra intención que la de animaros a todos a conocer a este artista, consideradla una tarjeta de invitación que os remite a Gerena, a La Bomba.


Detalle de La Bomba.


Por Carlos García de Castro Expósito.

2 comentarios:

  1. Gracias por la entrada, espero sirva para poder darnos a conocer a través de este medio, pues no es muy fácil abrirse camino por internet.

    Espero poder tener terminada en unos meses mi página, de momento estmos de pruebas con un dominio gratuito.

    http://juanfernandezmayo.iespana.es/

    ResponderEliminar
  2. Hola Juan.

    Gracias a ti por pasarte por el blog. Perdona que no te contestara antes, este mes ha sido una locura.

    Le echaré un ojo a tu Web, siempre es un medio más para difundir el trabajo de uno y también para crear comunidad.

    Un abrazo y ya nos veremos en la Bomba.

    ResponderEliminar