17 de abril de 2014

Menos es más, Teatro del Gallinero en Sevilla

FUENTE: DIAGONAL ANDALUCÍA

En Sevilla, el teatro mínimo es un género en auge. Un formato que por su brevedad y sus exigencias materiales, se ajusta bien al contexto actual, permitiendo funciones accesibles a todos los bolsillos y adaptables a una gran diversidad de lugares. Sin mermar la calidad, por supuesto.

María José Castañeda interpretando Culto a la abundancia en la Bicicletería
Uno de estos lugares, desde hace varios meses activado para el teatro, es el gallinero de la Bicicletería, una guardilla ácrata e idónea para la magia. Allí, entre muebles viejos y techos bajos, conocí el pasado febrero a María Castañeda y a Jorge Dubarry, quienes con su compañía "Teatro del Gallinero" (una deriva del proyecto "¿Por qué Teatro?" que Dubarry inició en 1998), plantean cada noche de jueves, a partir de las 22:00 h., una propuesta teatral diferente.

Las escenas de Teatro del Gallinero, alternan producciones propias con trabajos de otros creadores, y han pasado por la Bicicletería en los últimos tiempos gentes tan dispares como "Os reverendos", "Desguace Teatro", "Jim Rivera, El Aguililla de Jérez", etcétera. A pesar de la diversidad, la mayoría de las propuestas convergen en una ácida crítica social, en el uso de la ironía y en una gran fuerza expresiva, que compensa con creces la escasez de recursos.

Quizás una de las propuestas más interesantes representadas hasta ahora sea "Culto a la abundancia", producción propia escrita por Javier Berger, dirigida por Jorge Dubarry e interpretada, en este caso, por María Castañeda. "Culto a la abundancia" recrea el discurso de un predicador latinoamericano, que nos promete una bonanza económica ilimitada a cambio, únicamente, de financiar su iglesia. Castañeda consigue un personaje creíble, lleno de tics nerviosos y de la verborrea propia de su género. Al inicio de la pieza el predicador se muestra seguro, citando pasajes de su libro 'sagrado' al tiempo que nos suelta todo un discurso neoliberal, muy representativo de lo que nuestra sociedad considera qué es el éxito social. Sin embargo, tras pasar el cepillo, su actitud cambia radicalmente, desnudánse ante el público y desmoronándose en sólo un instante la imagen triunfal que había tratado de construir.

En los tiempos que corren, iniciativas como Teatro del Gallinero suponen todo un ejercicio de reinvención y de desafío a la situación económica actual. Un esfuerzo, con pocos recursos materiales, pero gran talento humano, que pone de manifiesto la buena salud creativa del teatro sevillano actual. Como Jorge Dubarry comentaba recientemente en Radiopolis, la forma de ir sobreviviendo a la crisis es “hacer mucho teatro”


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