9 de septiembre de 2013

COMENTARIOS SOBRE LA CRISIS DEL AGUA EN TÚNEZ

FUENTE: Foro alternativo del agua

Los ¾ de Túnez son semiáridos o áridos Consecuentemente, Túnez ha estado siempre confrontado a unos recursos de agua limitados. Sin embargo, la grave crisis de agua, que sufre Túnez actualmente, tiene causas relativamente recientes : el desarrollo de un mal uso del agua, una gestión pública del agua y un saneamiento en parte deficiente, y una creciente dificultad de financiación. Los países que están en esta situación son presas fáciles para las empresas privadas extranjeras. Así, los servicios de agua y de saneamiento de varias grandes villas marroquíes (Rabat, Casablanca…) han sido privatizados hace varios años. E, incluso si Veolia ha tenido que abandonar Marruecos recientemente, no hay una tendencia de retorno o un refuerzo de la gestión pública del agua. En Túnez, después de la caída de Ben Ali, la idea de privatizar la producción y distribución del agua potable (servicios asegurados hasta la fecha por la SONEDE, sociedad pública dependiente del Ministerio de Agricultura) ha sido discutida en el seno del nuevo gobierno. Las empresas privadas como Veolia y Suez han practicado un fuerte lobbyng a los miembros del gobierno y de los representantes de las colectividades locales. La privatización, por el momento, ha sido aplazada, pero ¿hasta cuándo? Túnez es muy atractivo para las empresas privadas extranjeras, teniendo en cuenta la mano de obra a bajo precio y la ausencia de impuesto sobre los beneficios. El proyecto de transformar Túnez en un centro financiero para el sur del Mediterráneo a imagen de lo que se ha hecho en Isla Mauricio para el Océano Indico, incrementa este atractivo.
Los malos usos del agua
Los malos usos del agua en los dominios agrícola y turístico provocan una salinización secundaria muy importante de los suelos y de las aguas.
Túnez ha sistematizado la utilización de agua, proveniente de estaciones de depuración, para la irrigación agrícola. Pero, en las condiciones de fuerte evapotranspiración propias de Túnez, una irrigación sin control con un agua depurada ya cargada de sal y metales pesados, unida a la utilización de lodos de depuración insuficientemente tratados, solo puede degradar la calidad de los suelos y del agua. Es lo que ocurre actualmente. Antes de la caída de Ben Ali, se había incluso tratado un proyecto de producción de biocarburantes en una zona semiárida, que habría utilizado grandes cantidades de agua depurada cargada de sal y metales pesados, mientras que Túnez no es autosuficiente en el plan agrícola e importa una gran parte de su alimentación. Frente a esta situación, los laboratorios del centro de biotecnología de Borj Cedria y otras instituciones exploran los recursos fitogenéticos locales para identificar las plantas (particularmente las forrajeras) , que necesitan poco agua y que poseen una buena tolerancia a la salinidad y a otras tensiones producidas por la salinidad y/ o la sequía y trabajan también por la puesta a punto de técnicas biológicas prometedoras para la desalinización y la rehabilitación de los suelos salinizados.
El desarrollo de un turismo a lo occidental en los oasis del sur de Túnez también tiene consecuencias desastrosas sobre los recursos del agua. El consumo de agua en los hoteles de lujo de los oasis agota unos recursos que ya de por sí son débiles. El vertido de aguas usadas en ecosistemas tan particulares, como lo son los oasis, provoca la salinización y la contaminación de los suelos y de las aguas, con consecuencias dramáticas para los agricultores.
Además, parece que ha comenzado la explotación de gas de esquisto en varias regiones pobres en agua, como la región de Kérouan y el agua utilizada para la fracturación hidráulica proviene, claro está, de las estaciones de depuración.
Una gestión pública del agua y saneamiento, en parte, deficiente
La SONEDE (Société Nationale d’Exploitation de Distribution des Eaux) anuncia una tasa de 100% de conexiones para el agua potable en zonas urbanas y de 94% en zonas rurales. De este último tan solo un 47% le corresponde a la SONEDE, el resto corresponde a conexiones colectivas aseguradas por los Grupos de Desarrollo Agrícola (GDA).
El agua potable parece ser de calidad mediocre y contiene mucho cloro, lo que usualmente indica una falta de confianza en el proceso de potabilización del agua y en el estado de las infraestructuras. Una auditoría de la fiscalía tunecina ha indicado, recientemente, que el agua potable generada por la SONEDE no respeta más que 30% de las normas de calidad establecidas. Por ejemplo, en muchas regiones, la salinidad sobrepasa el 2 g/l, cuando el límite máximo permitido es de 1,5 g/l. Paralelamente, el consumo de agua embotellada crece continuamente a pesar del precio elevado.
Un sector importante de la población considera la factura de agua – que acaba de sufrir un reajuste- como muy elevada.
En una zona rural, en dónde existen numerosas fuentes de agua, los pozos construidos por la población han sido tapados por los servicios públicos bajo pretexto de falta de control de calidad del agua. Los habitantes no tuvieron otra alternativa más que de proveerse del agua contaminada de un río cercano.
Numerosos casos de clientelismo y de corrupción para acceder al agua fueron denunciados por los tunecinos durante el FSM. Durante la época de Ben Ali, algunas personas notables ligadas al régimen no pagaban el agua que consumían y algunos propietarios agrícolas se abastecían de agua con pozos ilegales. Esto se ha mantenido de manera escandalosa con el actual régimen ya que numerosos pequeños agricultores se ven en la imposibilidad de pagar el agua para irrigar sus tierras (ver el caso de los agricultores de Mornag, Ben Arous).
Un financiamiento cada vez más difícil
Desde hace varios años la SONEDE es deficitaria, lo que ha provocado un aumento de sus tarifas. La SONEDE da varias razones a su déficit: un congelamiento de las tarifas en 2005 y 2011, el aumento de los precios de las materias primas y de los productos químicos utilizados por el tratamiento de las aguas, el vencimiento del plazo de préstamos consentidos durante los años 1990 para la inversión en proyectos de desalinización.
El déficit de la SONEDE acarrea consigo dificultades en el financiamiento del mantenimiento y la construcción de nuevas vías de conexión, así como de la adecuación a las normas vigentes de las plantas de tratamiento del agua. Bajo estas condiciones se desarrollan los Convenios público privados con las nefastas consecuencias para el consumidor, que conocemos en todo el mundo. Justo antes de la caída de Ben Ali, la concesión de un proyecto para la concepción, la construcción y la explotación por 20 años de una planta de desalinización de agua de mar en la isla de Djerba había sido atribuida al « Grupo Princesse El-Materi Holding » y a la empresa española « Befesa Medio Ambiente Company ». Suez, que forma parte de la lista oficial de los socios de la SONEDE, había denunciado en ese entonces la opacidad de la licitación. Como el « Grupo Princesse El-Materi » pertenecía al yerno de Ben Ali, el contrato fue roto. La SONEDE está buscando actualmente un nuevo financiamiento para este proyecto y podría pasar por un Convenio Público Privado.
El riesgo de la privatización
La inestabilidad política, la crisis económica y la deuda del Estado paralizan las políticas públicas, una de ellas, la del agua.
El acuerdo con el FMI va a volver a levantar la cuestión de la privatización de la SONEDE más allá de los convenios público privados. El FMI acopla siempre la obtención de sus préstamos con la privatización de los servicios públicos.

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