24 de julio de 2011

El papel de Hollywood en la creación del último enemigo de Occidente: el mundo árabe

Alfonso Rodríguez de Austria
LICENCIADO EN FILOSOFÍA, DOCTORANDO EN COM. AUDIOVISUAL Y MIEMBRO DE ‘ECOTONO S. COOP. AND.’



Es ya un clásico básico en la Teoría de la Propaganda la necesidad del “enemigo externo” para, entre otras cosas, someter a la población a la presión y al miedo que facilita a los gobernantes recortar libertades civiles e imponer las normas que les benefician. Uno de los enemigos más comunes en la propaganda de los estados europeos ha sido durante siglos el pueblo judío, usado de chivo expiatorio cuando las vacías arcas del estado así lo aconsejaban. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y el alineamiento en bloques nos trajo al Comunismo y a la Unión Soviética como enemigos a los que temer. Pero desde el desmoronamiento del bloque soviético a finales de los 80, el enemigo comunista dejó de tener entidad suficiente como para conformar una amenaza seria. Años antes habían comenzado a surgir en los medios de comunicación occidentales enemigos menores como Jomeini, Gadaffi o Saddam Hussein. Estos enemigos menores eran encumbrados temporalmente por los medios afines al Gobierno estadounidense como la encarnación del Mal, el Gran Satán, o el mayor enemigo del auto-proclamado “mundo libre”.

Poco a poco el mundo árabe se convirtió en el nuevo mayor enemigo de Occidente, su arma: el terrorismo. Hollywood y su maquinaria propagandística aportó algo más que un granito de arena en la creación de este nuevo enemigo. Repasemos algunos títulos. En el nivel más elemental se encuentran las películas que tienen a terroristas árabes como antagonistas: Regreso al futuro (1985), con terroristas en un papel secundario de la trama, Delta Force (1986), Mentiras arriesgadas (1994), Decisión crítica (1996)...

En un escalón superior, con un diseño propagandístico más trabajado, podemos citar dos películas Disney: Aladdin (1992) y El Rey león (1994). De la primera de ellas reproducimos algunos versos de la canción que abre la película. En la versión original traducida literalmente podemos escuchar “Vengo yo de un lugar, de una tierra sin par, donde ves caravanas pasar. Y si allí les caes mal, te van a mutilar, ¡Que barbarie!, pero es mi hogar. […] no he visto algo peor, todo puede pasar.” En la versión doblada al castellano se mantiene el tono: “Y si allí les caes mal, encomiéndate a Alá, es muy duro, lo se ¡y qué! […] Si a Arabia tu vas, no debes olvidar, que allí hay otra ley, que debes cumplir, si quieres vivir.” Es difícil pensar que estas letras no persigan el objetivo de transmitir una imagen negativa del mundo árabe ¿verdad? El Rey león es sin duda una de las obras cumbres de la propaganda del siglo XX. Tiene uno de los diseños propagandísticos más elaborados y conseguidos, pero profundizar en ello requeriría sin duda demasiado espacio. Sobre el tema que nos ocupa, mencionar el uso de la luna mora, un símbolo inequívocamente árabe, relacionándolo con el antagonista, Scar. A lo largo de la película queda muy claro que Scar es (el Gran) Satán, árabe, y nazi. Cualquiera puede comprobarlo volviendo a ver la película, algo sin duda muy recomendable antes de ponerse a discutir sobre ella. Estrenada en 1998, Estado de sitio podría enmarcarse entre el tipo básico de películas con unos terroristas árabes como antagonistas.

Sin embargo contiene elementos más complejos que la típica estructura buenos y malos. Mencionamos sólo uno de ellos: Un miembro del equipo antiterrorista es de origen árabe... Claro que este personaje se define a sí mismo y a su cultura en dos acciones: a) es violento, como muestra al agredir a un detenido, y b) cuando la policía suelta a un sospechoso por no tener cargos contra él, afirma que en su país eso es impensable. Brutalidad y falta de derechos por bandera de origen.
Si Estado de sitio se mueve en el terreno de la ideología del partido demócrata estadounidense, Reglas de compromiso (2000) ahonda en el más rancio republicanismo y el más descarado fascismo. La intención de la película es “demostrar” al espectador que no existe diferencia entre una persona árabe y un terrorista, y más allá, que los árabes =terroristas no merecen ninguna compasión. Para ello las personas responsables de la misma hacen uso de estrategias propagandísticas como la simplificación y deshumanización del enemigo, la exageración/desfiguración, la orquestación, y el maniqueísmo. Podemos estar de acuerdo con el Comité Árabe Americano Antidiscriminación (ACD), cuando afirma que Reglas de compromiso es “probablemente, la película más violentamente antiárabe y racista que haya hecho jamás un gran estudio de Hollywood”.

*Este texto fue publicado en el número 5 de la revista NOTON

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