20 de agosto de 2011

Las agresiones policiales ponen en jaque la libertad de información del periodismo independiente.

El pasado jueves 18 de agosto la policía nacional volvía a la carga. El golpe en la nuca asestado a Daniel Nuevo,  fotoperiodista que recogió el puñetazo que un miembro del cuerpo de seguridad del Estado propinó a una chica en la calle Carretas del centro de Madrid, se suma al trato denigrante que los periodistas Patricia Horrillo, Lidia Ucher y Jonás Canadilla sufrieron al ser identificados por la policía durante la manifestación que tuvo lugar el 17 de agosto con motivo de la llegada del Papa en el marco de la JMJ. En el vídeo difundido por Patricia Horrillo el policía amenaza con dar una “hostia” a la periodista cuando ésta le pide que no le levante la voz. A ellos se suma la violenta detención de Gorka Ramos en la madrugada del 5 de agosto, redactor de lainformación.com que cubría la evolución de las marchas de protesta del 15-M por el desalojo de Sol. “Me golpearon en la cintura, me tiraron al suelo, me dieron patadas y me detuvieron”, señaló a su salida de la comisaria. Cinco relatos que ponen de manifiesto la situación de indefensión en la que actualmente se encuentran los periodistas independientes.

 El principal síntoma de un sistema democrático sano es la existencia de la libertad de información y la libertad de expresión. Para que exista una opinión pública libre se necesita de los profesionales libres de la información y éstos deben contar con la garantía y la seguridad de que realizarán su labor sin intrusismos en el tema sobre el que informan ni en el tratamiento con que decidan hacerlo. Trabajando siempre desde la veracidad y la relevancia pública… Sin embrago, los periodistas que han cubierto las manifestaciones fruto de la preocupación y la indignación social se han encontrado con la cortapisa de la policía nacional, que no sólo les impedía realizar su labor informativa,  sino que agredía y detenía a los periodistas de modo arbitrario.

Imagen de Daniel Nuevo. Agresión c/Carretas
Tras la presión ejercida por periodistas y medios de comunicación independientes para que se abriese una investigación sobre los abusos ejercidos por la policía nacional, el Gobierno socialista ha decidido rectificar su postura inicial y hacer caso a las voces que creen necesario “depurar responsabilidades” y así lo han manifestado a través de las redes sociales. Sin embargo, la delegada del Gobierno en Madrid, Mª Dolores Carrión, no ha hecho pública ninguna declaración. Por otro lado, la impunidad con la que son violados el derecho a la libertad de información, la libertad de expresión de los ciudadanos, la libertad ideológica y el derecho a manifestación, no merecen la repulsa de la número dos de los populares, Mª Dolores de Cospedal, quien afirma que la manifestación laica, en la que han participado asociaciones católicas, es “una demostración de intolerancia sin límites y de falta de respeto a la libertad religiosa y a la libertad de expresión”.

La necesidad de que existan medios de comunicación y periodistas independientes deriva de la concentración de los medios de comunicación en pocas manos y del funcionamiento de las empresas mediáticas, que sólo permiten la opción ideológica de las políticas informativas que veneran el modelo neoliberal,  impidiendo que exista la pluralidad necesaria para hablar de un sistema democrático. Muchos periodistas, conscientes de la imposición ideológica y de la dictadura que supone la agenda setting - tanto en los temas como en el tratamiento de las informaciones- dentro de las empresas que constituyen los medios de comunicación de masas, deciden optar por la independencia y cada vez son más los profesionales que trabajan para medios de comunicación independientes o que crean sus propios medios de información. El filón lo encontramos en Internet, a través de  blogs y páginas webs que cuentan la realidad desde otras líneas editoriales abriendo así el abanico de opciones para el ciudadano interesado. Pero existe una diferencia: el periodista independiente no cuenta con el beneplácito del poder, porque cumple con la función legítima del profesional de la información de controlarlo.

La agitación social a nivel mundial que ha provocado la crisis financiera, la especulación bursátil, la corrupción política, el desempleo, la precariedad, los desahucios, la privatización paulatina de la educación y la sanidad pública y la desigualdad social,  devuelven a la memoria las revueltas obreras que venían sucediéndose desde principios del siglo XIX como consecuencia del desempleo y las hambrunas. La aparición del proletariado y su participación en la vida política a través del sufragio universal tuvo mucho que ver con el nacimiento de la prensa política obrera, dirigida a la nueva clase social. Para frenar estas revueltas se aprobaron las leyes de la mordaza, destinadas a controlar a la prensa a través de un control previo de las publicaciones y suprimiendo el habeas corpus. Se responsabilizaba a la prensa de las movilizaciones. Al margen de las restricciones nacieron los intimbrados, semanarios que no pagaban los impuestos del timbre, una tasa sobre el papel para trámites burocráticos y editoriales destinada a hogar a la prensa obrera. Se trataba de publicaciones políticas independientes de difusión clandestina, críticas con cualquier situación que favoreciese la desigualdad. Fue pionero el Weekly Political Register.

Las características de estos semanarios se asemejan bastante a los medios de comunicación independientes actuales incluso en el contexto restrictivo en el que los periodistas ven limitada la realización de su labor informativa. Afirmar que seguimos viviendo en una democracia mientras los periodistas son agredidos y se les impide realizar su trabajo es absurdo no sólo porque no existe la libertad de información, sino porque el único ideario permitido es el neoliberalismo. De modo que la ciudadanía, consciente del control que ejercen los mercados sobre los Estados, del papel títere de sus representantes y de la manipulación de las empresas mediáticas, acierta de pleno cuando toma la calle y corea “lo llaman democracia y no lo es”.
Marina Agraz. NOTON

1 comentario:

  1. Magnífico artículo. Me quito el sombrero...

    ResponderEliminar