7 de marzo de 2011

"Ben Alí era el agente de los intereses de la Unión Europea en Túnez"

Fathi Chamkhi, portavoz de ATTAC-Túnez. Cree que la dimisión del primer ministro Ghanuchi es "una victoria de la revolución"
07/03/2011
Trinidad Deiros
Originalmente en Público

Fathi Chamkhi, miembro del Consejo nacional
para la protección de la revolución tunecina
"Comunista, revolucionario y no creyente". Así se define a sí mismo en Madrid Fathi Chamkhi (Kairouan, 1955), que considera que el miedo de los tunecinos a que los hombres de la dictadura les roben su revolución está justificado. ATTAC, la asociación altermundista de la que es portavoz en Túnez, forma parte del Consejo Nacional para la Protección de la Revolución (CNPR). Esta instancia, creada el 11 de febrero, reúne a la Unión General de Trabajadores Tunecinos, asociaciones y partidos políticos, y su objetivo es preservar los logros de la revolución que derrocó al dictador Zin el Abidín Ben Alí.

Ustedes acusan a Mohamed Ghanuchi, el ex primer ministro que acaba de dimitir, de haber bloqueado la transición. ¿Por qué?

Ghanuchi no sólo no ha hecho nada, sino que pretendía restaurar el régimen de Ben Alí. De ahí que haya intentado mantener lo que quedaba de la dictadura, siguiendo órdenes de Washington y de Bruselas, y también del Gobierno francés y del español. Todos ellos, tanto Sarkozy, como Berlusconi y Zapatero, dieron un apoyo incondicional a Ben Alí para acceder al Partenariado Euromediterráneo.


¿Qué interés podría tener la UE en perpetuar la dictadura en Túnez?

Un Túnez que permanezca bajo un sistema de dominación vale más, a ojos de la UE, que un Túnez soberano. Ben Alí era un dictador pero, sobre todo, era el agente de la UE y también de EEUU en Túnez. El tirano era la persona designada por Bruselas para mantener mi país como un dominio reservado de los empresarios europeos. Hoy, Ben Alí ya no les es útil y, por supuesto, lo han abandonado, al tiempo que quieren aparecer a ojos de mi pueblo como los amigos que acuden en su auxilio.


¿Se refiere a la visita del presidente español a Túnez del pasado miércoles?

Zapatero ha dicho que estaba maravillado de la revolución tunecina y que venía como amigo. ¿El amigo de quién? Yo creo que ha viajado a Túnez porque está mejor situado que Francia, que ha sido desenmascarada ante los tunecinos. Zapatero tiene mejor imagen y por ello ha venido para apoyar la estrategia de [la representante de Política Exterior de la UE, Catherine] Ashton. Tanto mejor si, de paso, puede afirmar sus intereses y los intereses económicos españoles, que son muy importantes en el sector del turismo.


Zapatero aludió al modelo de la transición española.

Su presidente puede prevalerse de la experiencia de una transición, pero con Túnez se equivoca. Aquí no se trata sólo de alcanzar la libertad y la justicia social, sino también de evitar la dominación imperialista; queremos hablar a los pueblos europeos de igual a igual. Hasta ahora, la UE ha hablado al pueblo de Túnez, a través de Ben Alí, como fuerza de dominación.


Una vez que Ghanuchi se ha marchado, ¿cuál es la hoja de ruta para la transición que propone el Consejo?

Ghanuchi no se ha ido, a Gha-nuchi lo hemos echado. En el pulso que la vieja guardia y la revolución mantienen, Gha-nuchi ha perdido. Ese fracaso ha sido la victoria de la aspiración del pueblo a lograr una Asamblea Constituyente que nos dote de una nueva Constitución; la ley que deberá instaurar una democracia real.


¿Ghanuchi pretendía mantener la Constitución de la dictadura?

El intento de reformar la Constitución de Ben Alí había empezado ya, pero ese proyecto está ahora enterrado. Incluso el presidente de la Comisión de Reformas Políticas del Gobierno, Yadh Ben Achour, ha dicho que hay que escuchar al pueblo, que quiere una nueva Carta Magna. El Consejo no se opone al nuevo primer ministro, Beyi Said Essebsi, pero queremos un Gobierno de tecnócratas y que se institucionalice nuestro Consejo hasta que se forme la Asamblea Constituyente [que será elegida en las urnas el 24 de julio]. Después nos disolveremos.


Tras la dimisión de Ghanuchi y de varios ministros, se ha hablado incluso del riesgo de un golpe de Estado.

No existe ningún riesgo de golpe de Estado. Aquí el único golpe de Estado es el que dieron Ghanuchi y su equipo, que impusieron a los revolucionarios tunecinos que habían derrocado a Ben Alí, al mismo primer ministro que tenía el dictador.



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