2 de julio de 2017

¿Por qué terminó NOTON?

“La teoría revolucionaria es ahora enemiga de toda ideología revolucionaria. Y sabe que lo es”. 
 Guy E. Debord 

Hace unos 4 años se terminó la revista NOTON. Hubo un factor económico: nos quedamos sin dinero para imprimir, y también factores vitales: Pablo se largó a Uruguay. Pero creo que todos estos factores hubieran sido remontables si no se hubiera dado una circunstancia fundamental: nos dimos cuenta de que fuera del discurso oficial de la izquierda la revista era recibida con hostilidad por quienes supuestamente querían transformar la sociedad


Durante el tiempo en que NOTON estuvo vigente, del año 2009 al 2013, el objetivo de la revista fue partir desde una absoluta libertad ideológica hacia la construcción de discursos que pusieran en cuestión las bases del capitalismo. Al principio, puesto que éramos críticos con el statu quo, recibimos buena acogida de los grupos izquierdistas locales y mucha gente participó con sus artículos y textos de forma completamente altruista en el proyecto (estamos muy agradecidos por ello). Pero con el tiempo esto fue una especie de trampa, pues llevó a la revista a asumir de forma más o menos consciente la “agenda oficial” de la izquierda, así se fue perdiendo originalidad, creatividad, poder transformador, etc. hasta convertirse en un 'más de lo mismo que sonaba cacareado'. Más allá de la cuestión estética o formal que pueda suponer la pérdida de "original", estaba de fondo la perspectiva ideológica. Siempre he sentido que hay algo profundamente obsceno en cualquier ideología, una especie de mandato superyoigo que exige tipos de seres humanos ideales para los cuales hay ya una serie de valores y opiniones dadas, que sólo pueden ser seguidas, pero no transformadas o puestas en crisis. La ideología, cualquier ideologías desde el capitalismo al anarquismo, lleva al individuo a mentir, a mentirse a sí mismo y al resto, porque cuando una ideología se hace hegemónica, cuestionarla es cuestionar a la sociedad en su conjunto y el resultado es convertirse en ostrata o enemigo del pueblo.

Más allá de eso, en sentido positivo, consideraba que la revista sería útil siempre que no se dedicara al proselitismo a "dar voz a los sin voz", a "enseñar el camino"... por el contrario, se trataba de confrontar ideas y mundos posibles, aún a riesgo de caer en contradicciones, para así generar posibilidades de transformar el presente sin partir de prejuicios que puedan contener errores de base. Errores que muchas veces se perpetúan en idearios colectivos porque una vez que una verdad es asumida por un grupo, es muy difícil que un individuo concreto quiera enfrentarse a su grupo para cuestionarla. Y como la crítica siempre viene del otro, del "enemigo", nunca es escuchada.

Al final creo que nos faltó valor, o al menos me faltó valor a mí personalmente. Me hubiera gustado que la revista hubiera planteado temas como ¿Realmente las asambleas son democráticas o corren el riesgo de estar dominadas por jerarquías invisibles?, ¿Pueden criticarse estrategias feministas sin ser percibido como neomachista y avanzar así en la superación de los roles?, ¿aman el comunismo realmente la libertad o sus ideas se traducen siempre en una supreción de la diferencia? Sin embargo, el marco para la prensa crítica estaba marcado de antemano: seguir los dictámenes de los diferentes movimientos sociales y darles voz sin tocar nada.

NOTON se planteó como un artefacto antitotalitario. Quería aplicar la crítica hacia el sistema y, también, hacia la crítica del sistema, con ánimo de encontrar así caminos hacia nuevas formas de organización social carentes de jerarquías y capaces de transformarse a sí mismas depurando cualquier tentación totalitaria. No obstante nos encontramos con que en todas partes sólo se quería propaganda y reafirmar los propios valores. El resultado es que creo que NOTON falló, se quedaron muchas cosas a medias...


Carlos de Castro

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