9 de febrero de 2013

TRAS LAS HUELLAS DE UNA NUEVA REVOLUCIÓN

SON LAS SEIS DE LA TARDE Y DESDE LA TERRAZA DEL HOTEL DIPLOMAT,

aun puede oírse el rumor de las refriegas callejeras que desde esta mañana tienen lugar frente a la sede del Ministerio de Interior y que se han extendido a la mayor parte del centro de la ciudad. El asesinato el día 6 de Febrero del líder opositor Choukri belaid, político de izquierda, ateo y enemigo acérrimo de Ennhda (Partido islámico que llego al poder en enero de 2010 mediante plebiscito) ha supuesto todo un órdago para una sociedad –la tunecina− mas que tolerante con el ejercicio de su gobierno. Para los que nos hemos reunido hoy en el hotel Diplomat (Bajo el abrigo de música libanesa, cerveza y compañía femenina) resulta difícil discernir, cómo un país orgulloso de su aperturismo (¿olvidaremos que fue Túnez quien lidero las famosas Primaveras Arabes?) ha podido permitir a los salafistas la destrucción de sus lugares sagrados.

Más aún: cuarenta morabitos1 han sido saqueados desde que Ennahda llego al poder, a lo que debemos unir violaciones y el rumor de los campos de entrenamiento al sur del país. De hecho, basta con pasear por el centro de la ciudad y sentarse en alguna cafetería, para observar como los kaftanes afganos y las barbas – con amplio calado en las clases populares− han logrado sustituir a las agitadas masas de turistas que inundaban el Zoco.

De repente, mientras encendemos el enésimo cigarrillo, recibimos una llamada de teléfono. Es nuestro compañero de la universidad Arnaud, quien habla con voz entrecortada y nos informa de la situación en las calles. Deben de ser cerca de las 8 según el reloj de pared y las putas que van llegando al hotel. Según fuentes televisivas, 300 Salafistas, armados con espadas y sables y al grito de “Allah Akbarǃ” habrían atacado a un grupo de policías en el Passage. Todo parece un poco extraño, pero la repulsa del pueblo al fanatismo, parece esconder algo más profundo. Algo soterrado y de difícil análisis. Por su parte, abajo en la calle continúan los disturbios, entre la policía y la población civil, que no cesa de pedir la dimisión del gobierno al grito de “Degage”y de lanzar piedras. Hay humo de cohetes, gases lacrimógenos y cargas policiales que se suceden desde hace varias horas.

Salimos al Hall del hotel mientras una pregunta queda en el aire ¿Quién asesino a Chokri? ¿Quién sale ganando con todo esto? ¿Acaso Ennahda está detrás del asesinato, ejecutado claramente por un sicario? De lo que no cabe duda es que dentro de poco habrá toque de queda; mientras hoy 9 de Febrero algunos apuntan al ejército y ¿por qué no? A la vieja guardia de Ben Ali, −el partido Nide− como los verdaderos artífices y beneficiarios del magnicidio. Pero de momento, con el cielo cubierto de nubes y de lluvia, todo son hipótesis y crucigramas de expatriados.

Ahmed D. Castillo, Túnez 9 de febrero de 2013


1Un morabito (del árabe مُرابِط murābiṭ, también llamado مربوط marbūṭ, comparar con la etimología de almorávide) es, en algunos países musulmanes, una persona considerada especialmente pía a la que popularmente se atribuye cierta santidad. La misma palabra designa, por extensión, bien al lugar donde vive un morabito (una especie de ermita), situada en despoblado, o a la tumba de un personaje de estas características, que es objeto de veneración popular.

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