9 de marzo de 2012

CCOO y UGT, baile hacia la Huelga General

LA CONVOCATORIA DEL 29M COMPLEMENTA LA DE LOS SINDICATOS NACIONALISTAS EN GALICIA, PAÍS VASCO Y NAVARRA 

La convocatoria de una huelga general por parte de CCOO y UGT abre interrogantes sobre qué condiciones pueden desbordar la convocatoria más allá del pulso entre los sindicatos y el Gobierno. 



La coreografía marcha según lo previsto. Desde que el Gobierno anunció a la oreja del comisario europeo Olli Rehn que estaba tramando una reforma laboral “muy agresiva”, todo ha seguido el curso previsto.Decretazo, primeros despidos —aun más— baratos, aspavientos de los sindicatos, empresarios que piden más, mueca del PSOE… El Gobierno, además, necesita su propio conato de huelga general para que la dureza de la reforma sea inteligible para la prensa económica internacional. Hacia eso vamos.
¿Qué pasará? Empiezan los pronósticos y esto ya es un síntoma. El objetivo de la huelga ya no parece —salvo residualmente— tumbar la reforma o, siquiera, ablandarla; la huelga se retuerce y se convierte en un fin en sí mismo.
Si la huelga difícilmente puede ser un éxito práctico —mayoría pancha del PP—, ¿qué consecuencias tendrá, al menos, entre la izquierda y los movimientos sociales? Los sindicatos encaran la huelga como un examen. Parten con ciertas ventajas que no tenían el 29S —sí, el 29 de septiembre de 2010 hubo una huelga general—.
Para empezar, el PP ha sabido agitar la calle en tiempo récord. Su sorprendente capacidad para movilizar al adversario se ha superado esta vez. El clima caldeado de protesta, herencia de la anterior legislatura, se ha acercado al punto de ebullición en cuestión de semanas. Nunca hay que subestimar el talento del PP para cabrear al personal.
La huelga puede beneficiarse de esta corriente de activación social que dura casi un año. Si los sindicatos no las ahuyentan, algunas ‘mareas de colores’ pueden llegar a capilarizar nuevos tejidos sociales desestructurados donde las siglas de UGT o CC OO suenan a galimatías marciano: jóvenes en paro, precariado, ‘desclasados’, etc.
Las grandes marchas del 17 de febrero aliviaron a los sindicatos: su nula capacidad de autocrítica les impidió ver la influencia que tuvo en aquel éxito la decisión de nuevos actores sociales de sumarse a la convocatoria aunque fuese con la nariz tapada, pero les sirvió para creer que siguen en forma. La autosugestión les puede ayudar, aunque les vendría mucho mejor un empujoncito en red, que ni Toxo ni Méndez tienen Twitter. La huelga puede crecer porque los sindicatos nacionalistas ya han convocado para esa fecha en Galicia, Euskadi y Navarra. En 2010 la convocatoria separada desinfló el paro en el norte. Además, parecen sumarse las organizaciones de funcionarios y sindicatos amarillos del comercio. ¿Veremos cerrado El Corte Inglés?
Los obstáculos son evidentes. El primero son los propios sindicatos y el descrédito que han cosechado. La derecha política y mediática, ahora omnímoda, no soltará ese hueso. Tampoco ayuda que, desaparecido el diario Público, cualquier posibilidad de marcar la agenda corporativa pase por el grupo Prisa. ¿Lograrán los medios críticos y las redes sociales cambiar el paso del baile?
09/03/2012 · Raúl F. Millares · Diagonal


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