7 de febrero de 2012

LUZ // El Museo de los Desplazados


Septiembre de 2011

El centro de São Paulo es un foco de resistencia política.
Raquel Rolnik

Bairro da Luz, estigmatizado como "cracolandia" por el poder público, resiste a un intento de gentrificación en tentativa desde los años 70.

El último capítulo en la historia de la política urbana del centro histórico de São Paulo, la última estrategia, es el exterminio. Bajo el nombre de Proyecto Nova Luz, más del 30% del barrio amenaza con ser desapropiado y demolido como parte de un plan para transformar la zona y expulsar a sus actuales moradores, aquellos que luchan hoy por afirmar la existencia de ese territorio y de su cultura.

El proyecto urbanístico Nova Luz está vinculado a una concesión urbanística de la zona como un todo, es decir, se permite a una empresa privada, en este caso AECOM, la desapropiación, derribo y posterior intervención en el barrio en bloque con fines lucrativos. Así, el proyecto Nova Luz nació con un planteamiento estrictamente estructural, que dejaba sin resolver todas las cuestiones sociales que atañen a la intervención en esta zona específica: ¿dónde serían reubicados aquellos que sufrieran desapropiaciones?, ¿qué sucedería con el alto porcentaje de no-propietarios que serían desplazados?, ¿cómo se abordaría el problema de salud pública asociado al consumo de crack en la zona?, y un largo etc.

En su planteamiento, todas las especificaciones sociales, culturales y únicas del barrio fueron ignoradas:

Es esta una región con un alto porcentaje de población de baja renta que, en muchos casos, tiene en la permanencia en el centro la condición para poder seguir desarrollando las actividades de las que dependen económicamente, y cuyo desplazamiento a las periferias supondría un golpe a su modo de subsistencia. Este es el caso de los denominados catadores de lixo. Bairro da Luz es conocido por su comercio asociado a la electrónica. Esta singularidad provoca que se genere en la zona un tipo de basura rica en componentes reciclables, y con ella la aparición de una actividad de subsistencia ligada a la selección informal de basura para reciclaje.

Los cortiços o corralas, viviendas de baja renta, son una tipología intrínseca a la historia del barrio. Ya Adorial Barbosa le cantaba a las malocas, viviendas comunitarias populares, en el Bairro da Luz. Muchos de los residentes de estas casas son inquilinos de alquiler que no tendrían asegurada su permanencia con la posterior revalorización del barrio tras el proyecto Nova Luz.

Existen también en la zona varias ocupaciones, como Ocupación Maua o, ya fuera de los límites del perímetro del proyecto Nova Luz pero igualmente afectada por este, Ocupación Prestes Maia. Ambas edificaciones acogen a día de hoy a cientos de familias, personas que quedarían completamente desprotegidas física y legalmente tras la consolidación de Nova Luz.

Ocurre otro tanto con los moradores de rua, cuyos movimientos por la vivienda están siendo ignorados.

El proyecto Nova Luz no aborda tampoco el problema de los dependientes químicos en la zona, situación a la que se ha llegado tras años de abandono del barrio por parte del ayuntamiento. Más por el contrario, se demoniza la zona mediante la etiqueta oficial de Crackolandia, vendiendo una imagen a los medios de comunicación que esperan justifique el proyecto de arrasamiento en el barrio.

Tiene además el barrio una característica muy específica y es que contiene dentro de sus límites una “Zona de Especial Interés Social” (ZEIS 3), zonas protegidas en centros urbanos de forma que cualquier intervención urbanística debe asegurar un determinado porcentaje de construcción de viviendas destinadas a la población de más bajos ingresos. Un consejo gestor para estas zonas debería haber aprobado las directrices del Proyecto Nova Luz para las ZEIS del barrio de Luz.

Ante esta nueva amenaza de gentrificación, ante este nuevo intento de arrancar la ciudad a sus habitantes para entregarla al interés privado, una vez más el barrio responde y resiste desde las distintas asociaciones de comerciantes y vecinos de la zona, articulándose con los movimientos sociales que en el barrio operan , y sobre todo desde la afirmación de que la gentrificación no es un proceso inevitable, de que su impacto puede ser evitado mediante mecanismos de inclusión que aseguren la permanencia de los más vulnerables.

A día de hoy sus conquistas arrojan luz sobre las luchas por la resistencia de tantas comunidades enfrentadas a procesos financieros y globales que, como éste, tienen muchas veces su origen en la gestión de la ciudad como una empresa. Los megaeventos que acogerá Brasil en los próximos años, tales como Olimpiadas 2016 y el Mundial de Futbol 2014, son el escaparate y la excusa perfecta para vender la ciudad a la iniciativa privada, cuyos intereses fagocitan los derechos de sus habitantes.
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Contada a través de los testimonios de tres personas implicadas en su resistencia, esta pieza documental pretende dar voz a los que luchan por el derecho a la ciudad.

Gracias Paula, Simone y Raquel, por hacernos ver la luz.
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Paula Ribas es periodista, fotógrafa y fundadora de la asociación Amoaluz, creada para defender los derechos de los habitantes del Bairro da Santa Ifigênia e Luz. Forma parte del Consejo Gestor de las ZEIS de Santa Ifigênia y Luz

Simone Gatti es arquitecta y urbanista doctorada por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo. Investigadora que tiene como foco de estudio la gentrificación en centros urbanos, colabora desde el inicio con la asociación Amoaluz.

Raquel Rolnik es urbanista, profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo y relatora especial de la ONU para el Derecho a la Vivienda.

Un proyecto de LEFT HAND ROTATION

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