15 de octubre de 2011

15 de Octubre Por una Democracia Profunda


Los porqué de la indignación planetaria son variados pero todos tienen como telón de fondo el fenómeno de la globalización neoliberal, un modelo concentrador de la riqueza, causante de Estados débiles que resignan sus capacidades empresariales a beneficio de los negocios privados multinacionales. En Chile todos, cual más, cual menos, tenemos motivos para el descontento.
Existe un desencanto histórico con lo que ha significado la transición política que se ha vivido por ya 22 años. Molesta comprobar que han sido inmutables las reglas del sistema económico heredado, irrita el mantenimiento de prebendas que dejó el régimen militar a los grupos económicos que nacieron o se desarrollaron en esos 16 años. Los 20 años siguientes han provocado por ende, un gran frustración en los idearios democráticos progresistas toda vez que se ha vivido la administración casi obsecuente del modelo heredado. Esto pesa en el historial de una Concertación de Partidos por la Democracia que claudicó de movilizar al país tras reformas importantes para la gente. Esa fue la causa principal de su derrota del año 2010, ´por el voto castigo de desconcertados que fueron siempre voto duro, pero que se perdió por las malas prácticas de las cúpulas políticas.

Un motivo transversal de indignación ha sido también el rechazo a la corrupción, a las relaciones impropias entre las élites políticas y el mundo corporativo, el mismo que vio incrementado su poder y su influencia en las decisiones políticas. Todo lo cual fue generando una gran brecha entre la ciudadanía y esa clase política, con una pérdida de confianzas y finalmente de legitimidad de los partidos políticos. La Alianza para el Cambio obtiene su triunfo el 2010 como consecuencia de ese desgaste objetivo de la Concertación, el cual a partir de allí se ha agudizado. Sin tener claridad para asumir el sitial de oposición y desprovista del poder, la Concertación busca infructuosamente recomponerse pero se la ve con la calculadora en mano aferrada al binominalismo que le permitiría mantener cuotas de poder. Por otra parte, de nada le ha servido pretender adherir a las demandas del movimiento social si su pecado capital fue haber precisamente desmovilizado a la civilidad y haber dado la espalda a peticiones sociales sentidas, como lo fuera el movimiento estudiantil de los pingüinos el año 2006.

En general, las causas del descontento social son muchas pero pueden resumirse como un profundo sentimiento de desprotección del ciudadano frente al sistema financiero, frente a las sanitarias, como usuarios de las carreteras concesionadas, como clientes las grandes tiendas. Una clase media aprisionada por el sobre endeudamiento, a merced de los oligopolios . La deuda ambiental, la gran demanda por una educación pública de calidad y la inseguridad que se vive frente a la delincuencia , la droga y un sistema judicial garantista que protege más al delincuente que a las víctimas, son también ingredientes de un descontento profundo y visceral que cruza la sociedad chilena, en especial en su clase media que no recibe ningún beneficio y debe tributar sobre todos sus ingresos, sin escape alguno.

Tras las crisis de la economía mundial, el ciudadano ha visto cundir la usura y ha visto cómo las ganancias de la banca se agigantan en esos períodos. Cómo las cadenas del retail someten a los más pobres a intereses expropiatorios, cómo las farmacias se coluden para castigar al consumidor cómo se trafican influencias para conceder prebendas a grupos multinacionales de espaldas a la ciudadanía.

Hay un extenso cansancio, pero al mismo tiempo una esperanza. Por haber recuperado la capacidad de volver a movilizarse. Esta vez no hay un dictador corrupto enfrente, pero sí un sistema integral que debe ser corregido, una democracia representativa que ha perdido legitimidad cuando más del 40% de los potenciales ciudadanos se mantiene al margen del sistema electoral. Por lo menos, de esta crisis en desarrollo, donde se espera poder ganar espacios para una reforma importante, el mayor logro ad portas, es que la ciudadanía se ponga de pie y recupere el poder que le escamotearan las cúpulas partidarias.

El eslabón que permita aterrizar ese movimiento de indignación en la arena de las decisiones políticas, aún no se vislumbra. Los dirigentes estudiantiles, quizá entrampados por tendencias anarquistas internas, no han convocado como se habría esperado a una inscripción masiva de los jóvenes para que se conviertan en ciudadanos de verdad y así pasar con responsabilidad cívica a actuar dentro de la República, para realizar por dentro los cambios anhelados. En definitiva, caminar con nuevos líderes hacia una democracia profunda.

15/10/11 · Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz para NOTON (Chile)

1 comentario:

  1. Por ves primera, veo expuestos los verdaderos sentimientos de un INDIGNADO, solidarizo en su totalidad con los argumentos planteados, pero me asalta una gran interrogante; si quienes abogamos por una mejor calidad de vida, como la expuesta en éste artículo, no compartimos ideales de izquierda, ¿porque se nos estigmatiza y se nos tilda de "fachos" u otro epíteto de ése calibre? yo también creo en la libertad y en la democracia, pero no le echo la culpa a nadie por mi decidia e inmovilidad (si así fuese)y no me disculpo de mis errores, apuntando a otros. Tengo claro que mi libertad, limita con la mi prójimo, y que és tan respetable como la mía; tambien que debo cuidar la democracia, respetando las opiniones y posiciones de los demás, que no sean coincidente a las mías, pero jamás aceptaré, que la violencia y los desmanes, sean representativos de un sentir ciudadano.

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