5 de abril de 2011

Argentina: Entre el país capitalista “normal” y la recomposición obrera

05/04/2011
Gustavo Nauto, miembro del M.A.S.
Publicado en Revista NOTON nº4

El país continúa cruzado por las muertes de Nestor Kirchner y Mariano Ferreyra. No podía ser de otra forma, pues las mismas son representativas de las profundas tendencias que vienen cruzando la vida política nacional desde la Rebelión Popular de 2001.




Analicemos pues qué expresan dichas muertes; pues son representativas de fuerzas sociales contrapuestas en la lucha de clases: Kirchner fue la figura política patronal que vino a “normalizar” la Argentina post 2001, mientras que Mariano Ferreyra simboliza el proceso orgánico de recomposición y lucha de la nueva generación obrera argentina por liberarse del control de las Burocrácias sindicales (CGT-CTA) y potencialmente dar nacimiento a un nuevo movimiento obrero argentino clasista y revolucionario.


Más alla de los homenajes oficiales y discursos conmemorativos, es un hecho cierto que Nestor Kirchner fue la principal figura política burguesa de la década y hasta sus enemigos jurados como Duhalde reconocieron su histórico rol de “restaurar las instituciones”.


Efectivamente, Kirchner rescató a la principal institución del régimen de dominación capitalista, la Presidencia, de la peor crisis que sufriera la democracia de los ricos establecida desde el año 1983 luego de la caída de la dictadura militar. Y no se trató solamente de la Presidencia; también fue el autor de la relegitimación de la Corte Suprema de Justicia, las Fuerzas Armadas y, conjuntamente con la oposición, del traslado de las disputas políticas al Congreso y al ámbito “institucional”.


Por su parte el asesinato del compañero Ferreyra (Partido Obrero) en manos de las bandas “patoteras” de las burocracias sindicales oficialistas expresa las tendencias orgánicas de recomposición de la Clase Obrera, proceso iniciado en 2001 y que fue pasando de sectores de desocupados, barriales, asambleas ciudadadanas a incorporar fracciones más estructurales, batallones pesados del proletariado de la industria y los servicios (alimentación, neumático, tercerizados, FFCC etc.) de la Argentina Capitalista Dependiente del siglo XXI.


El brutal e impune asesinato de Mariano se transforma en una muerte representativa no sólo por ser un joven militante de izquierda, sino porque murió en un lugar dónde se juega una de las batallas de la recomposición obrera en curso, donde se cuestiona el modelo sindical de la putrefacta burocracia sindical. Donde se estan dando las posibilidades concretas para el surgimiento de una nueva generación del CLASISMO, con valiosas e importantes, aunque aún incipientes y moleculares experiencias de organización y lucha de la clase obrera argentina.


La tendencia a la normalización del país, al mismo tiempo que el contrapuesto proceso de reorganización que desborda el régimen sindical de la CGT-CTA, son dos de las tendencias de fondo de la vida política nacional y que encontraron su expresión contrapuesta en las muertes de Kirchner y Mariano.


¿Qué fue el modelo K?
Una tarea política de primer orden para la izquierda hoy constituye la de clarificar acerca del verdadero caracter del “proyecto K”, más allá de su discurso “progresista y popular”. Desde este punto de vista, lo definimos como el “hijo burgués del Argentinazo”. Pasada una década, no hay forma de desconocer que si dicha rebelión popular expresó la potencialidad de un cambio que traspase los límites del Capitalismo, los esposos K se montaron en dicha ola para inhibirla y neutralizarla.


Las pruebas son simples: no ha habido ninguna reforma realmente estructural en lo que hace al carácter capitalista del país. Ni la propiedad privada industrial ni la agraria ni los bancos han sido tocados. Las condiciones de superexplotación obrera están incólumes (más allá de la recuperación del empleo y de la asistencia estatal de la pobreza). Los mismos Kirchner han sido garantes de esta clase obrera dividida entre efectivos, contratados, de agencia, etc. Heredada de la dictadura militar y el menemismo (y que el asesinato de Mariano ha venido a poner sobre la palestra). En relación con el carácter dependiente del país del imperialismo, la supuesta “autonomía” ganada con el pago al contado de deuda e(x)terna por decenas de miles de millones de dólares solamente ha servido para que ahora el FMI haya sido “invitado” para “establecer un índice inflacionario confiable”.


Si los distingue, como producto de las jornadas de diciembre del 2001, los cambios en las formas en aras de construir y reforzar una legitimidad. Es desde este punto de vista que se los considera el gobierno “mas de izquierda” en el pais en las ultimas décadas. Así dejaron correr una serie de conquistas, concesiones y/o “reformas”. Algunas de ellas fueron, en realidad, arrancadas con las luchas obreras y populares, precisamente por las relaciones de fuerzas más generales creadas por el 2001 y que en parte siguen presentes hasta el día de hoy; otras fueron simplemente gestos desde arriba.


Entre las primeras podemos ubicar las dificultades para reprimir “el conflicto social” (que es presentado como un rasgo “propio” del gobierno y no como una circunstancia “obligada” por la relación de fuerzas), determinadas conquistas salariales, la conquista del matrimonio igualitario para personas del mismo sexo, la simple inscripción de nuevos sindicatos; entre las segundas están aspectos de la Ley de medios, las peleas con Magneto (Diario Clarin), algunos paliativos a los jubilados o el relativo progreso en algunas de las causas de DDHH. Sin embargo, entre conquistas y concesiones no hay nada que haya significado cambios de conjunto en el carácter capitalista semicolonial o dependiente del país.


Las fanfarrias por Kirchner de tantos “izquierdistas” interesados en los puestos estatales solamente sirve para colocar una cortina de humo sobre el fondo del asunto: como dijo Paolo Rocca del grupo Techint, a Kirchner había que reconocerle el haber “sacado al país de la crisis”. Los K actuaron como garantes del capitalismo nacional aunque bajo las formas que les permitió la realidad creada por la rebelión popular del 2001.

Un fín de año caliente y un 2011 de duras luchas
Las fiestas de fín de año mostraron un escenario enrarecido, las tomas de tierras en Villa Soldati, represión en Formosa a los pueblos originarios, “estallidos” contra la lucha de los tercerizados, que expresan la coyuntura de polarizacíon social creciente y un gobierno desbordado por los pedidos de “Orden” de la derecha.


La circunstancia específica es que la patronal está intentando acallar los justos reclamos obreros y populares en un país donde las brasas del 2001 no se terminan de apagar del todo. Es decir, donde los explotados y oprimidos no dejan pasar impunemente que los superexploten como esclavos (el caso de los tercerizados del FFCC); que los dejen sin techo donde vivir (el caso de las ocupaciones de tierras); o que le maten compañeros militantes como Mariano, sin poner “el grito en el cielo”.


Bajo el fuego cruzado de esta realidad polarizada de los últimos dos meses, el gobierno de Cristina K está tratando de mostrarse como “la mejor prenda de gobernabilidad”. Es el propio gobierno el que está intentando llevar adelante la agenda normalizadora concretando un curso hacia la derecha en su gestión. Claro que no deja de hacerlo con “sus propios métodos”, por así decirlo. Por ejemplo, anunciando la creación del Ministerio de Seguridad en compañía de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Pero a estas alturas ya es un hecho indisimulable su vocación política por satisfacer los reclamos patronales más sentidos de cara a la búsqueda de la reelección en el 2011.


Es en ese contexto que hay que inscribir las dos medidas más de “fondo” que Cristina está impulsando en estos momentos. Por un lado, la proclamación de la necesidad de un pacto social. Aquí lo que pretende es ensayar un acuerdo de “paz social” que “modere” los reclamos obreros el año que viene, a la vez que le sirva como ancla para la escalada inflacionaria y para garantizar la continuidad de las súper ganancias empresarias, evitando la pérdida de competitividad que podría significar el retraso del tipo de cambio.


La idea es sencilla: garantizar –vía burocracia sindical– que la masa de la clase obrera ocupada no salga a la pelea en 2011. Y buscan hacer esto encorsetando a los batallones pesados de la clase por intermedio de unas paritarias engañosas, con índices de aumentos reducidos que a la vez sirvan como “moderadores” de la creciente escalada inflacionaria, utilizando a los salarios como variable de ajuste para este objetivo. El descaro es que el gobierno está impulsando esto mientras deja “flotar” libremente precios “sensibles” de la economía como en el caso de la carne –que aumentó sideralmente en 2010– o ahora de los combustibles y servicios. Según el gobierno en 2010 la inflación fue del orden del 10% mientras que diversos sectores indican que no bajó del 25% anual acumulado, un duro golpe al bolsillo del pueblo.


El 20 de diciembre pasado se firmó una suerte de “preacuerdo” o “compromiso de paz social” con los dirigentes de varios sindicatos afines al gobierno (construcción, petroleros, camioneros). Esto se llevó a cabo con una puesta en escena a todo trapo en la que participó la propia Cristina Kirchner exigiendo que “se ponga fin a los cortes de calles”. El mensaje que dejó aquel evento es muy claro: aquellos sectores que por cualquier razón osen desbordar las pautas explotadoras preestablecidas verán caer sobre sus cabezas “toda la fuerza de la ley”


Es precisamente ahí donde se instala el segundo componente de esta política de demostrar “gobernabilidad” de cara al 2011: la creación del Ministerio de Seguridad. Se trata de una iniciativa para centralizar la represión estatal, pero haciéndolo de una manera que muestre una cara institucional y “legitimada” del castigo al “conflicto social”. Represión que se verá incrementada en el próximo período. El susodicho pacto social o, al menos, los acuerdos que logren por sector, serán aplicados a los palos si es necesario en el 2011: ¡Ese fue el mensaje navideño de Cristina K!
El próximo año estará cruzado –muy probablemente– por la lucha contra este intento de hacer pagar los costos de la inflación a los trabajadores y la mano dura contra los que se atrevan a cuestionarla. Es decir, el intento de “poner orden” a todo sector que salga por fuera del gobierno y la institucionalidad y plantee sus reclamos, sean salariales, de vivienda, salud o de tierras. Para esta perspectiva deben prepararse el pueblo trabajador argentino y la izquierda revolucionaria.


¡Socialismo o Barbarie!

No hay comentarios:

Publicar un comentario