1 de diciembre de 2010

¿Un partido verde?

CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA
Fernando Llorente / Agroactivista de Extremadura


En los últimos 35 años los movimientos sociales han sedimentado un espacio ideológico difuso. Esta ‘base social’ no ha generado una representación política propia, integradora de su diversidad y con presencia electoral. Ante la propuesta –han surgido otras en los dos últimos años– de un nuevo partido, reabrimos el debate sobre ‘izquierda social’ y representación.

La decisión de un grupo de personas vinculadas al movimiento ecologista y conservacionista de legalizar una fundación política que sirva de espacio de encuentro y reflexión ha removido las aguas del ecologismo y las de otros sectores de la izquierda social. El objetivo declarado de Equo es tomar el pulso a la posibilidad de construir un partido político verde. A diferencia de los países centrales de Europa, aquí no fraguó un partido verde y eso pese a que el terreno parecía abonado en un país que tuvo un poderoso movimiento antinuclear, una larga lucha contra embalses e infraestructuras viarias y un movimiento conservacionista muy riguroso y científico.

Durante lustros, mucha gente del ecologismo de base o social ha trabajado en el seno o los alrededores de IU, del PSOE, de los grupos de izquierda extraparlamentaria, de la autonomía y del movimiento libertario, intentando que el discurso y la praxis ecologista impregnara y vivificara los viejos discursos decimonónicos de la izquierda peninsular. Los resultados en general han sido muy decepcionantes: las cuestiones ambientales han sido asumidas todo lo más como un añadido electoralista y decorativo en el programa político de las izquierdas, y no se ha entendido la trascendencia de la crítica transversal que la ecología como ciencia y como política obliga a hacer no sólo del capitalismo, sino también de los discursos socialistas y desarrollistas.

Desde que se inició el actual ciclo de crisis económica las cuestiones ambientales se han relegado aún más en la agenda de los asuntos públicos. La cumbre de Copenhague marca un hito en la trágica ceguera de los representantes políticos a la hora de abordar las cuestiones de la supervivencia colectiva. En estos últimos decenios hemos visto cómo se agravan los impactos sobre la naturaleza de nuestro modelo de desarrollo y, paralelamente, ha habido un profundo proceso de concienciación social. También se han desarrollado los recursos cognoscitivos y científicos para la comprensión de la complejidad y fragilidad del ecosistema planetario, así como se han diseñado y ensayado estrategias políticas, económicas y culturales para realizar la transición hacia una economía baja en carbono y socialmente justa.

Lo que pone en evidencia el divorcio existente entre la creciente conciencia ambiental de lo social, y la ceguera más o menos voluntaria de las instituciones públicas, al tiempo que cunde un sentimiento de urgencia en los sectores más conscientes respecto a la gravedad de los retos ambientales a que nos enfrentamos. Es por ello por lo que mucha gente del movimiento ecologista siente que ha llegado el momento de saltar a la arena de la política institucional.


Agrupaciones electorales
Así, en los espacios rurales, tan olvidados en el discurso hegemónico de las izquierdas, las luchas en defensa del territorio están siendo en algunos municipios el germen de candidaturas asamblearias y, por otro lado, está germinando el proyecto de un partido verde a escala estatal. La coyuntura podría ser favorable: la más que previsible derrota del PSOE y su posterior crisis interna puede abrir el espacio electoral de la izquierda a otras fuerzas, al modo de países vecinos como Portugal y sobre todo Francia.

Pero lo que va a determinar verdaderamente el éxito de la propuesta de Equo es más de orden interno. Va a depender, en un primer momento, del proceso mismo de construcción de la plataforma política, de que exista un proceso constituyente verdaderamente asambleario y democrático, de que se sea capaz de superar los viejos modelos de partido heredados del leninismo, del jacobinismo y otros modelos centralistas.

Si hay coherencia con los postulados éticos de la ecología como ciencia, la interface institucional de los verdes debería parecerse más a una red que a una burocracia, debería ser “biodiversa”, es decir radicalmente federal, creativamente diversa en lo ideológico. Un partido en red en el que habría un constante diálogo y tensión entre la autonomía de los grupos de base y la necesidad de cooperación y consensos programáticos, una tensión dialéctica que se desplegaría necesariamente también entre utopía y reforma, o sea, entre los principios y aspiraciones radicalmente transformadores del eco socialismo y las praxis concretas en cada ámbito de gobierno.

Pero va a ser el programa económico que elaboren los verdes la verdadera prueba de su coherencia y viabilidad política. Si se opta por un programa “realista” de reformas del desarrollismo capitalista, el esfuerzo será en vano. Si hay una apuesta decidida por hacer una crítica a fondo del sistema económico global y se opta por desplegar los principios de la economía ecológica, entonces habrá que plantear una transición a un modelo económico que aúne en una radical transformación justicia ambiental y justicia social. Esta ardua tarea pasa por recuperar la función pedagógica de la política para concienciar a la sociedad de las tareas urgentes y muchas veces sacrificadas que supone el decrecimiento, la construcción de una economía a escala humana, el paso de unas economías abiertas a flujos mundiales de energía, capital y mercancías a economías biorregionales tendencialmente autosuficientes. El paso de una sociedad dual e injusta a sociedades más austeras pero más igualitarias.

La tarea es pasar de una economía de producción, consumo y crecimiento, a otra que ponga el acento en la reproducción de las condiciones para el buen vivir, el cuidado, la contención, la supervivencia colectiva y el obligado decrecimiento de las economías ricas. Un giro copernicano que hay quien define acertadamente como feminización de la economía.

Si lo que construyen los verdes sirve con audacia a esta ingente tarea entonces, sin duda, con lentitud irá cuajando como proyecto político innovador que pueda establecer sinergias y alianzas con sectores sociales muy dinámicos y hetereogéneos: la izquierda desencantada y abstencionista urbana; las bases de los nacionalismos de izquierda de las naciones sin Estado; en el ámbito rural con las luchas en defensa del territorio y los grupos de la agroecología, pero también más lentamente con el sector agro-ganadero tan maltratado por el actual modelo de desarrollo; con los movimientos sociales de base; con las ONG honestas...

El ecologismo cuenta de salida con un importante capital político –que no se traduce en votos– y es que en la democracia directa, inclusiva, participativa o con un adjetivo por construir, que necesitamos para evitar una salida catastrófica y/o autoritaria a la crisis, alguien tiene que dar voz a los que no pueden comparecer en el ágora a votar: las generaciones venideras que nos han prestado el usufructo del planeta, y las otras especies que no por no hablar carecen de derechos. Si los verdes son verdadera y generosamente ecologistas todo este capital ético es suyo, y la responsabilidad es por ello tremenda.

3 comentarios:

  1. Hola Carlos!!

    Muy buen artículo. Espero que EQUO sepa estar a la altura, aunque como bién sabes, el sistema intentará con todas sus fuerzas fagocitarlo y desprestigiarlo, y no dudará en orquestar una campaña brutal de desprestigio hacia los considerados "enemigos naturales del sistema".

    El ecologismo ha estado representado hasta ahora por partidos políticos que han traicionado repetidamente al electorado porque sólo les importaba pintarse de verde con el fín de captar el voto de un colectivo que cada día es mayor. En la práctica no han llevado a cabo políticas acordes con los postulados de la ecología.

    Le deseo suerte a Juantxo Uralde y larga vida a EQUO.

    Un saludo...

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  2. Hola Kini.

    Esperemos que le vaya bien a Juantxo y al EQUO. Proyectos de este tipo son urgentes en los tiempos que corren.

    Saludos.

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  3. Mucho ánimo con la Coordinadora Verde en Extremadura y en toda España. Si hay un momento, es este.
    Salud,

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