13 de diciembre de 2010

José Luis contra el Banco Santander

Una escoliosis le ha dejado discapacitado para trabajar y no puede recurrir al seguro de la hipoteca porque el banco se lo niega.
Plataforma afectados por las hipotecas: "Somos víctimas de un fraude general deliberado y estimulado"
Juan Luís Sánchez



El día 15 de diciembre el Banco Santander subastará la casa de José Luis Burgos. La maquinaria de la ejecución hipotecaria se llevará por delante el nido de su proyecto vital si algo no cambia muy radicalmente en los próximos días. José Luis está discapacitado: sus piernas no responden y su espalda está cada vez peor, pero a pesar de que su salud no es la mejor ya de partida, acampa en huelga de hambre desde hace una semana en la puerta de la sede principal del Santander en Barcelona, donde quiere llamar la atención por lo que consiera “una auténtica estafa”, según nos cuenta él mismo. La discapacidad de José Luis no es una anécdota ni una nota sentimental en esta historia, sino la clave que desata el conflicto.

José Luis (48 años) tiene poliomeritis con parálisis en las dos piernas desde que era un bebé. Eso le ha obligado a usar prótesis ortopédicas para sostenerse en pie y caminar a duras penas, pero no le ha impedido desarrollar con normalidad su carrera profesional como profesor de Mercantil ni formar una familia con dos hijos. Con esas prótesis puestas, concretamente con un bitutor, José Luis acudió hace 8 años a una oficina del Banco Santander para pedir una hipoteca que le permitiría acondicionar una casa en Balsareny, un pueblo barcelonés de apenas 4.000 habitantes, en la que vivir con su familia. Entre todos los compromisos habituales para cualquiera que solicitara un crédito en esa época, el banco le obligó a suscribir una póliza de seguro. Trato cerrado.

Pero la enfermedad que ha cambiado de por vida a José Luis no es la de la polio, con la que convive desde niño: tres años después de estar viviendo en su nuevo hogar, a José Luis le diagnostican una escoliosis degenerativa bastante severa, su columna vertebral “se deforma y se va retorciendo como una escalera de caracol”. En ese momento comienza el cuento que puede dejar a José Luis sin casa. Lo primero es verse sentado en una silla de ruedas, apenas 6 meses después del diagnóstico. Una fuerte depresión pone las cosas aún más complicadas. Tiene que dejar de trabajar y deja de ingresar dinero. “Era imposible llevar una vida productiva”, nos cuenta por teléfono desde la puerta del Banco Santander en Barcelona.





























No tardaron en concederle la baja total por invalidez, por la que recibe una pensión del Estado, pero los ingresos no llegaban para pagar las cuotas de la hipoteca, así que José Luis entiende que había llegado el momento de reclamar el seguro que religiosamente había estado pagando anualmente para aliviar el importe a abonar. Mientras se tramita esa solicitud, deja de poder pagarle al banco las letras. La situación es crítica pero parece que es una cuestión de que la burocracia bancaria haga su trabajo. Pero no.

El pasado mes de abril “recibo una notificicación del juzgado que, a instancias del Banco Santander, me comunicaba que se iba a ejecutar la hipoteca; es decir, que me quitaban la casa. Me quedé… helado”. Según José Luis, los empleados de la entidad con los que habló en su momento, le comunicaron que consideraban que el seguro no tenía validez porque “yo les había ocultado al contratar el seguro que tenía poliomeritis y que eso era un factor determinante que quizá habría provocado la no concesión del crédito”. Es decir, que el seguro no era válido porque José Luis no expuso su ’situación de riesgo’, por así decirlo. “Pero se equivocan gravemente en al menos tres cosas: una, que yo negocio mi hipoteca en una sucursal de un pueblo donde todo el mundo me conoce y donde el empleado del Santander me ve en persona varias veces, me ve andar con el bitutor… ¡una poliomeritis no se puede ocultar! ¡Ojalá!”, se lamenta José Luis indignado. “Dos, que yo no pido el dinero del seguro por la polio, con la que llevo conviviendo toda mi vida, sino por la escoliosis, que no tiene nada que ver. Y tres, que nadie me pidió una revisión médica”. Bueno, y añade una cuarta: “que soy discapacitado físico, pero no imbécil”.

Nos hemos puesto en contacto con el Banco Santander, cuyos portavoces prefieren no hacer declaraciones al respecto para no alimentar la polémica, pero que sí confirman las razones por las que estiman que el seguro contratado con José Luis carece de validez.
El próximo 15 de diciembre, una subasta buscará un nuevo dueño para la casa y el banco ingresará parte del dinero que se obtenga de esa venta. El crédito ya estaba amortizado según José Luis “al 50 o 60%”, pero si aún así no se cubre la deuda con la subasta, tendrá que seguir cargando con ella y pagar como pueda una casa en la que ya no vive, además de hacerse cargo de los gastos de procedimientos, tasas y abogados.

“Víctimas de un fraude deliberado y estimulado”

Esto es una estafa“, dice José Luis. Y según Adrián Alemany, de la Plataforma de afectados por la hipoteca, “una estafa generalizada y alimentada por la ley y la irresponsabilidad de los bancos y los medios de comunicación”. El caso de José Luis “es especialmente grave”, según Adrián, “pero también excepcional, aunque también es verdad que muchos seguros incluyen una letra pequeña que los invalida incluso para casos mucho menos extremos que el suyo”.

En dos años de asesoramiento y denuncia en esta plataforma ciudadana, Adrián ha hecho una radiografía de este “abuso hipotecario”: la crisis ha empujado a miles de personas a una situación de impago “en los que la gente corre el riesgo de tener la deuda de por vida. Porque aunque el piso vaya a subasta, estas subastas ahora mismo no tienen compradores y en más de un 90% quedan desiertas”, con lo que el banco pasa a tener la potestad de adquirir el piso por un 50% del valor de tasación. “Así que al propietario se le echa de casa, el banco se vende el inmueble a sí mismo a mitad de precio y, si queda más hipoteca por pagar después de ese 50%, pues encima se le obliga al cliente a hacerse cargo del resto de la deuda, que a saber cuándo y cómo podrá pagar”.

Según Alemany, a pesar de que vamos por el segundo año de crisis profunda, el baile de desahucios empieza ahora: “los juzgados han estado colapsados y es ahora cuando están empezando a dar salida a los casos”, nos cuenta también desde Barcelona. Según la Plataforma de afectados por la hipoteca, la mayoría de los desahuciados “son víctimas de un fraude deliberado, estimulado por las administraciones públicas, que han empujado a la gente a endeudarse hasta las cejas”. Le planteamos aquí a Adrián ese argumento de que ‘todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades’ y de que la sociedad se ha comportado ‘de manera irresponsable’. “Ese argumentario es una barbaridad”, nos contesta. “Lo único que se le puede achacar a la gente es haberse dejado llevar ante un mensaje oficial, pero en ningún caso se les puede poner al nivel de responsabilidad que tienen instituciones y bancos”, afirma. “La gente no puede ser responsable si no hay información suficiente”.

Por eso Adrián culpa directamente a los medios de comunicación: “los medios han invitado e invitan siempre a los mismos expertos para que den su opinión, todos liberales, que nos han taladrado con la regulación automática del mercado, con que todo fluye solo, con el milagro español… Y así estamos”. Además, según su visión, desde la política de todos los colores “se ha incentivado por ley la compra por encima del alquiler, se ha permitido el endeudamiento, se ha fomentado la barra libre en la concesión de créditos. El contexto fiscal y de políticas de la vivienda eran muy proclives a que la gente se endeudara. Todavía recuerdo a Carmen Chacón, recién nombrada ministra de Vivienda, eludiendo responder a la BBC sobre la burbuja inmobiliaria en 2007 (vídeo)”.

Y al final de la cadena, los bancos, “que gestionan un bien social, la vivienda, protegida como derecho por la Constitución, que han recibido ayudas públicas, a los que se le han comprado activos tóxicos, que han recibido fondos del Banco Central Europeo… y que a pesar de todo, no es que no concedan créditos, es que desahucian a la gente sin miramientos, como a José Luis”. El caso del profesor de Mercantil en la silla de ruedas está despertando la empatía de alguna gente, que ya ha organizado acos de apoyo y que incluso componen canciones y videoclips como éste:


 

En el número 5 del Paseo de Gracia, entre los turistas que desembarcan en el puerto y recorren con prisas las tiendas de Tiffany’s, Prada y Chanel, hay un tipo sentado que quiere vivir en su casa. “No sabes la gente que se ha parado a contarme una historia como la mía y que ha roto ha llorar…”.

1 comentario:

  1. Anónimo9/2/11 19:55

    Cada vez echo más en falta, un "cojo mantecas"

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