domingo 8 de marzo de 2009

HISTORIA DE UNA TARDE DE DOMINGO EN MADRID. De vacios postmodernos.

Eran las 16:00 cuando bajé a la calle en busca de un lugar para almorzar, el más cercano "Bar la Estela". Un pequeño y sucio bar justo al lado del portal de casa. Allí por siete euros me tomé una hamburguesa, con doble de queso, patatas fritas, una jarra de cerveza y mucha grasa.

La Estela a esa hora estaba prácticamente vacía. Al fondo unos tipos jugaban al mus, en la barra un par de mujeres con un niño y tras ella el camarero fumando un pitillo. Cuando llevaba no más de cinco minutos en el bar, llegó una mujer de mediana edad que se puso a charlar con las otras.

Era una mujer bastante fea, de pelo teñido y grasiento, cara de pocos amigos y un chándal celeste bastante viejo. La mujer delgada como un palillo era la dueña del bar y las otras amigas suyas del barrio. Tras encender un cigarrillo comenzó a hablar con las otras de un incidente estúpido que para ella tenía gran trascendencia.

Por lo visto la dueña del bar acababa de recibir un sms publicitario, intentándole vender no se que cosa. La tipa estaba convencida de que el sms no era cosa de una empresa y que era fruto de la rivalidad con una vecina. La teoría que se manejó durante la conversación y el grupo respaldó unánimemente era la siguiente: Alguien, una "enemiga" había enviado ese sms para fastidiar, para lo cual había usado un número de teléfono desconocido para ellas. Ninguna de las mujeres puso la más mínima objeción a un hecho tan absurdo, de hecho, las otras se ofrecieron muy sinceramente a indagar en busca de pruebas.

Tras la animada charla que discurrió en torno a tan estúpido asunto, las mujeres se despidieron y cada una se fue por su camino. En ese preciso momento mi atención se desvió al otro extremo del bar.

El grupo de hombres que jugaba al mus había terminado la partida y se disponía a pagar. Por lo visto camarero y jugadores tenían opiniones distintas en cuando al importe de la cuenta. El camarero insistía en que habían consumido varias rondas de carajillos y cañas, mientras los hombres decían haber tomado solo un café cada uno e incluso algunos aseguraban no haber bebido nada de nada. El acontecimiento se cerró después de que varios se fueran sin pagar mientras proferían insultos contra el camarero y otro se ofreció a hacerse cargo del importe.

Segundos después el grupo de jugadores se había marchado, quedando en la Estela solamente el camarero con el tipo que se había ofrecido a pagar. Por la conversación que siguió entendí que el conflicto venía de muy lejos, que era ya toda una institución de las tardes de domingo, las partidas de mus y el bar la Estela.

Pe
ro la charla no duró mucho y en un rato me quedé a solas con el camarero. Este comenzó a hablar, la verdad no recuerdo el motivo, pero por alguna razón comenzó a hablar. No se equivoquen, no era una conversación, solo digo que el camarero empezó a hablar.

Empezó a hablar sobre el deporte, sobre las ventajas para la salud que esta práctica conllevaba. Evidentemente el tipo no daba un palo al agua en cuestión de deportes, pero me contó que de pequeño era muy buen jugador de fútbol y que si hubiera seguido practicando habría llegado a ser una pieza clave del equipo del barrio, hecho en el que insistió varias veces. También me enteré de que fuma mucho y de que por eso hace ya años que no toca bola. Esta cháchara duró aproximadamente unos quince minutos, tras los cuales llegó al bar el equipo del barrio, que por lo visto juega todos los domingos a las 15:00 horas. Creo que por eso estaba hablando del deporte y el fútbol, por lo visto estaba nervioso porque sus amigos futbolistas tardaban, esa tarde, demasiado en llegar. Ese día venían cabreados, habían perdido con el barrio de enfrente. El camarero les sirvió unos tercios de Mau y se puso a charlar con ellos. No volvió a dirigirme la palabra hasta que se despidió de mi cuando abandoné el bar. Pero con la llegada de los futbolistas aún no me marché.

Como tenía unas monedas en el bolsillo y estaba aburrido decidí arrojar algunas en una tragaperras. Quince tiradas me dio el artilugio. Yo nunca he jugado mucho a las tragaperras pero desde que estoy en Madrid, me aburro y de vez en cuanto echo unas monedas para probar suerte. Durante la partida no conseguí en ningún momento unir tres frutas iguales, ni diamantes ni ningún otro objeto. Así que mi dinero se fue sin más y yo me largué del bar.


En metro me fui al Retiro, para el paseo de esta tarde llevaba conmigo un libro "La era del vacío" de Lipovetsky. Cómo hacia un sol estupendo me apetecía leer un rato en el parque. En media hora tras salir del bar, exactamente a las 17:40 estaba entrando en el Retiro.

El parque ya lo conozco más o menos, he deambulado varias veces por él. Anduve durante una media hora, dando tumbos hasta que encontré un banco en un cruce de caminos. Durante el tiempo que pasé leyendo conseguí avanzar veintitrés páginas en mi lectura, dos perros se pelearon detrás de mí y pasaron varias parejas.

Aburrido de la lectura a las 18:31 decidí continuar con el paseo. Subí a lo alto del jardincito - colina - monumento, que se levantó para las víctimas del 11 M, miré un rato el paisaje y luego me fui. Pensé hacer alguna foto, pero luego no le vi sentido, me parecía demasiado trabajo sacar la cámara de su funda y apuntar. Recorrí por última vez ese día la gran avenida del parque y salí por la puerta que da a la parte trasera del Ministerio de Agricultura.

Cuando salí del retiro eran las 18:51 y empezaba a anochecer. Me subí hasta arriba la cremallera de la chaqueta y me puse a andar. Di un largo paseo, de un par de horas, dando largos rodeos hasta llegar a Tribunal. Antes de llegar pasé por la calle Montera, siempre hay putas allí y como me aburría pensé que sería divertido pasar a mirar las putas.

Tras pasar la calle Montera llegué a Gran Vía, crucé varios
semáforos y me metí en un bar y cerca de Tribunal. El bar era bastante grande pero a esta hora las 20:43 no había prácticamente nadie.

Me acerqué a la barra y pedí un zumo de naranja natural. Últimamente el cuerpo me pide mucha vitamina C, no se si es por el tabaco o por el frío, pero siempre tengo ganas de comer naranjas. No tenían, el camarero me dijo que solo ponen zumos en los desayunos, no me explicó porque. Así que frustrado mi deseo de beber un zumo me contenté con un refresco de naranja.

Con mi refresco me dirigí a una mesa al fundo del bar y volví a sacar mi libro. Esta vez solo avancé trece páginas. Pero pensé que no estaba del todo mal porque eran las 21:15 y trece páginas de
Lipovetsky en unos treinta minutos no era tan mal resultado. Después de todo, estaba a menos de veinte páginas de terminar el libro y contando con el viaje de metro para cuando llegara a casa estaría a unas doce páginas de terminarlo.

Salí del bar a las 21:19, podía haber cogido el metro de Tribunal pero como no tenía nada que hacer decidí caminar hasta Sol. Además me gusta ver Gran Vía por la noche, las luces me parecen divertidas y a lo mejor veía pasar algo fuera de la rutina.

Una vez, paseando por la Gran Vía se me acercó un rumano que hablaba muy mal español, un tipo grande y rubio, que escupía salivazos al hablar y repartía publicidad de un club de alterne. Cómo ese día tampoco tenía nada que hacer y me dijo que las chicas eran guapas decidí acompañarlo al burdel. Entré y me tomé un par de cerveza, las chicas se acercaban de vez en cuando pero al percatarse de que no tenía dinero se iban. De todas maneras me pareció que podía comentarlo como aventura así que estaba contento.

Este domingo no me encontré con ningún rumano, ni tampoco ocurrió nada, llegué sin incidentes al metro de Sol y me largué a casa.


3 comentarios:

tartésico dijo...

Joder que bien contada está esta historia.Mientras la estaba leyendo parecía que era yo el que paseaba por Madrid.

Rous dijo...

Me ha gustado mucho tu historia, coindicido con Tartésico(por algo será...)parece que yo también estaba allí, como alguna vez si que es cierto que he estado, me los has traido a la mente de inmediato,gracias.
Disfruta de tu estancia allí es una ciudad estupenda!

Charly García dijo...

Gracias a los dos. Ya seguiré publicando chorradas de estas de vez en cuando.

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